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La hacienda en tiempos de Chijchipa

La finca que perteneció a una de las empresas de Sánchez de Lozada ha sido convertida en un hospedaje.

La Casa de Hacienda Chijchipa, en la provincia Nor Yungas. Foto: Marco Aguilar

La Casa de Hacienda Chijchipa, en la provincia Nor Yungas. Foto: Marco Aguilar

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 08 de octubre de 2017

Ésta no es la casa de Gonzalo Sánchez de Lozada. Él no era el patrón”, aclara Alejandro Uriondo, uno de los integrantes de la saya afroboliviana de Chijchipa y quien lidera el baile antes de la inauguración del hospedaje en la hacienda que en realidad fue la finca de una de las empresas del exmandatario.

El 9 de septiembre, representantes del Viceministerio de Turismo —dependiente del Ministerio de Culturas— y del Gobierno Autónomo Municipal de Coroico, además de pobladores y turistas, participaron en la fiesta por la apertura de la Casa de Hacienda Chijchipa, en la provincia Nor Yungas, a casi tres horas de distancia de la ciudad de La Paz.

Alejandro tiene razón. De acuerdo con el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), el predio fue adquirido por una de las empresas mineras de propiedad del expresidente. “La casa era de Comsur, Compañía Minera del Sur, él (Sánchez de Lozada) era el gerente, por eso se ha comprado esto”, explica el comunario, quien es el más efusivo en la celebración, ya que no para de bailar ni de hablar con los medios de comunicación que están en el lugar.

 Una vista del patio de la hacienda, donde años atrás secaba la coca que era cosechada.

“Puedo hablar desde 1952 para este lado. Aquí era la hacienda de Agustín (Pío García), él era el patrón a quien he conocido”, comenta Julio Pinedo y Pinedo, el rey afroboliviano, quien después de una larga pausa y una mirada de desdén —tal vez por su condición de único soberano en los Yungas— accede a hablar.

“De una comunidad a otra no se podía ir porque todo era por orden del patrón. Yo soy de la comunidad Mururata, así es que no había por qué venir aquí. En eso ha llegado la Reforma Agraria”, cuenta el monarca que, bajo el influjo del ánimo de las personas, se presta el bombo y empieza a dar ritmo a la música afroboliviana.

La casa es amplia, de estilo republicano, con techos de teja, paredes blancas y balcones relucientes desde los que se puede ver el patio con piso de piedra, donde antaño se dejaba secar la coca que el hacendado luego hacía vender en las ciudades.

“Por lo que tengo entendido, nuestros antepasados, más que todo de Coroico, Chijchipa, Mururata, Tocaña, las comunidades por el lado de Coripata y Arapata, somos descendientes de Angola”, comenta la exconcejala por La Paz Virginia Pinedo, una mujer afroboliviana que viste pollera y sombrero de chola, cuya imagen refleja la unión entre negros y aymaras.

“Sánchez de Lozada hizo construir unas casas allá arriba. Les ha dado agua y les ha dicho: ‘Ustedes van a vivir aquí’. Aquellos años, emocionados, se fueron a vivir a ese lado; pero cuando querían bajar a trabajar les dijeron que los terrenos ya no les pertenecían. Entonces la gente se quedó despojada de su territorio, absolutamente de todo, hasta de sus huertas y sus cocales, de todo eso se hizo dueño el Goni”, explica Jorge Medina, director general de Tierras del Viceministerio de Tierras, quien representa al Gobierno en el acto especial en Chijchipa.

“Seguramente si estas paredes supieran hablar contarían cada cosa... que uno se pondría a llorar. Sin embargo, no queremos arrastrar esas cadenas”, añade la autoridad, quien se pone a bailar al ritmo de bombos, reque-reques y las inconfundibles voces de los afrobolivianos.

 Alejandro lidera el baile de inauguración del nuevo alojamiento.

“Honor y gloria a los primeros negros que llegaron a Bolivia, que murieron trabajando muy explotados en el Cerro Rico de Potosí”, cantan a unísono en el patio de la exfinca ubicada en la provincia Nor Yungas, en el departamento de La Paz.

Con una inversión de Bs 4,5 millones, provenientes de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con una contraparte de la Alcaldía de Coroico y mano de obra de los comunarios, la hacienda tiene una cabaña familiar, otra matrimonial, una triple y habitaciones múltiples. En total son 30 camas disponibles y capacidad para recibir a 100 comensales, informa Gabriela Soto, directora de Turismo y Cultura de la comuna. Para hacer reservas o disipar dudas sobre el lugar, basta llamar al teléfono del administrador, Nicolás Gutiérrez, al 71291567.

La lluvia no amilana el festejo, pues las autoridades y la población se reúnen en la habitación donde hasta hace unos años se acopiaba la coca para que pasara por una prensa de 1884. “Lo que tenía que hacer un caballo lo hacían dos personas. Allá había dos varones y aquí había otros dos que movían la prensa a plan de huasca”, relata Alejandro, quien está vestido con el típico pantalón y camisa blancos, una faja multicolor y un poncho guindo, una imagen que se completa con unas abarcas que están acostumbradas a los pasos del afro que nació hace 68 años y que mantiene la vitalidad de la juventud.

Un niño mueve la prensa de madera de 1884.

“Honor y gloria a los primeros negros que llegaron a Bolivia, que murieron trabajando muy explotados en el Cerro Rico de Potosí”, continúan cantando los pobladores dentro de la casa donde algún día vivió Agustín Pío García y su esposa Esther Ayoroa, y que en los años 90 fue adquirida por Comsur, de propiedad del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

“Han recuperado el terreno, por eso trabajamos ahora aquí, porque nuestros abuelos y bisabuelos han trabajado aquí como esclavos”, se enorgullece Miguelina Barra, una chola afroboliviana que visita los dormitorios de la finca y se queda a mirar el horizonte desde uno de los balcones de la casa que en los nuevos tiempos de Chijchipa promete ayudar en la economía de las 68 familias que moran en este territorio de los Yungas. Son otros tiempos.

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