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El cuartel del primer ‘Presidente’ indígena

El lugar donde el líder Juan Lero Ponce, natural de Peñas, estancia Quellivani, proclamó el primer gobierno indígena en Bolivia. 

Testimonio. Del cuartel general del líder indígena Juan Lero quedan paredes de piedra en medio de matorrales.

Testimonio. Del cuartel general del líder indígena Juan Lero quedan paredes de piedra en medio de matorrales. Foto: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

12:36 / 27 de diciembre de 2016

En medio de aquel valle rodeado por cerros, algunas columnas de piedra se resisten a desaparecer ante el paso del tiempo, que se ha encargado de llenar de matorrales el cuartel general de Juan Lero, personaje que el 12 de abril de 1899 se autoproclamó primer presidente indígena en Bolivia. De ese suceso se ha escrito poco, aunque sigue vigente en el recuerdo de la gente del cantón Peñas, en el municipio orureño de Antequera.

A finales del siglo XIX, el país atravesaba por una disputa entre conservadores y liberales, los primeros con el desgaste después de haber gobernado el país durante 20 años, mientras que los segundos estaban en constante ascenso popular. Los conservadores se hicieron fuertes en Potosí y Sucre, en tanto que los liberales tenían adhesión en Cochabamba, Oruro y La Paz, que se convirtió en la región hegemónica por su economía, lo que hizo plantear el cambio de la sede del gobierno.

El presidente conservador Severo Fernández Alonso, en su intento por solucionar las disputas por la capitalidad, promulgó, el 19 de noviembre del mismo año, la Ley de Radicatoria, que ordenaba establecer el Poder Ejecutivo, de manera definitiva, en Sucre. La respuesta sucedió el 12 de diciembre, cuando en La Paz se organizó la Junta del Gobierno Federal, liderada por los liberales, quienes, a su vez, se aliaron con Pablo Zárate Willka, líder indígena a quien le prometieron reivindicaciones para los pueblos nativos, luego de que en 1880 fueran despojados de sus tierras a través de la Ley de Exvinculación de 1874.

De esa manera comenzó una guerra civil, que fue denominada Guerra Federal. Fernández decidió movilizarse hacia La Paz, pero en Challapata se enteró de que el enfrentamiento iba a ser difícil porque los rebeldes habían comprado más de 2.000 armas, así que el 14 de diciembre ordenó el reclutamiento de voluntarios en Sucre, quienes durante su marcha al norte saquearon poblaciones indígenas.

El enfrentamiento decisivo ocurrió en el pueblo de Segundo Crucero, de Paria, el 10 de abril, donde las fuerzas de Pando vencieron a las de Fernández luego de cuatro horas de combate, lo que supuso la victoria de los liberales sobre los conservadores. Los originarios no olvidaron los vejámenes del ejército del sur ni los 130 años de opresión de los blancos, así que emprendieron una venganza contra quienes consideraban sus opresores.

Ante las promesas incumplidas por los liberales hacia los indígenas, Juan Lero Ponce, natural de Peñas, estancia Quellivani —según el libro Entre la alianza y la confrontación, de Pilar Mendieta—, organizó cuerpos de infantería y caballería, y constituyó un gobierno indígena, del que se proclamó como su primer presidente. El levantamiento de Peñas, que en apariencia servía a la rebelión liberal, en el fondo tenía ambiciosas tendencias de liberación social, escribe Ramiro Condarco en Zárate, el temible Willka. Su reivindicación fue manchada con asesinatos y saqueos, hasta que las fuerzas de Pando detuvieron a Lero, lo encarcelaron y luego lo asesinaron. De esa historia quedan ahora los restos de su cuartel general, en la comunidad Añahuani, en Cóndor Apacheta de Peñas.

“Admiro cómo Juan Lero manejó tanta gente”, afirma el guía Vicente Pacheco en las afueras de dos habitaciones con paredes de piedra que alguna vez ocupó el líder indígena. Ahora, matorrales y plantaciones invadieron el área donde estaban las caballerizas y el campo de entrenamiento.

  • Testimonio. Metros abajo hay una fosa con restos óseos humanos. Foto: Alejandra Rocabado

El cuartel se encuentra en un lugar estratégico, cubierto por montes, donde en una cueva Juan solía meditar y organizar sus planes, y también donde sus hombres podían esconderse del enemigo. Metros abajo aún quedan restos óseos de personas que fueron ajusticiadas por las fuerzas indígenas. Vicente dice que a unos kilómetros hay otra fosa con más calaveras, que lo mismo que las ruinas de piedra son los testigos de la vez en que Juan Lero se autoproclamó presidente indígena en una población orureña.

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