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La ciudadela escondida de Tunas Mok’o

Este bastión de la cultura preincaica Omereque es prueba de la diversidad cultural de Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 22 de enero de 2020

Las paredes de la fortaleza Tunas M’oko fueron testigos de los asedios bélicos que sufrieron los pobladores que la construyeron. Allí se defendieron los omereques —y las culturas que los sucedieron— de incontables ataques chiriguanos, chames e incas. La colina rocosa cubierta de arbustos espinosos, cactus y caraparís oculta las paredes divididas en niveles que forman esta fortaleza, una de las mejor conservadas, gracias a que el acceso a ella solía ser más complejo que al de otras ruinas arqueológicas de la zona. 

Los restos de este alcázar defensivo son parte de los atractivos de la Reserva Comunitaria Frente Roja (71391856, 33568808), iniciativa ecoturística administrada por las comunidades cochabambinas de Amaya, Perereta y San Carlos, que se gestiona junto a la colaboración técnica de la Fundación Civil Armonía.

A una hora de caminata desde las instalaciones del albergue de la reserva, el terreno cambia. Las tierras agrícolas se dejan de lado y la arena tapiza cuanto suelo se ve. Los árboles de mango se pierden en el valle, mientras el néctar de las flores de los enormes caraparís se transforma en el alimento predilecto de las aves.

“La altura de esta colina les permitía  a los omereque contemplar todo el paisaje. Por eso construyeron la fortaleza aquí. Si bien está bastante  conservada, hay muros que se han desmoronado. Suponemos que los terremotos de Aiquile y Totora de 1998 podrían haber tenido que ver”, explica el guía y biólogo Guido Saldaña.

Al ser tierra muy fértil —rica en papa, maíz y maní— los asentamientos humanos en la zona comenzaron hace 20 mil  años. De los primeros pueblos que vivieron en la ribera del río Mizque se tienen pocos datos, ya que los cambios de curso de las aguas han borrado casi todo. Sin embargo,  de las civilizaciones posteriores, agrícolas y alfareras, quedó un gran yacimiento de cerámica, tejido y pintura rupestre. Es más, con solo caminar por el lugar se pueden encontrar trozos multicolores de platos, jarras y objetos rituales.

“Hubo una época en que se corrió el rumor de que alguien había encontrado restos valiosos. Por eso, muchos se dedicaron a excavar por aquí. Pero ya nadie ha encontrado más. Solo fragmentos que dejan aquí tirados. Por eso es que hay tantos huecos”, comenta Guido, quien trabaja en la zona desde hace más de una década.

Descendientes de los primeros pobladores desarrollaron, con el paso de los siglos, una cultura contemporánea a Tiwanaku  que funcionó como puente entre los Andes y los bosques chiquitanos.

“La interacción entre este pueblo y Tiwanaku fue fluida, incluso antes de que la civilización andina se expandiera e hiciera tratados para que Omereque fuera parte de su imperio. También se encontraron indicios de intercambios con pueblos de la costa marítima”, desarrolla Ricardo Céspedes, exdirector de la Fundación Armonía y uno de los expertos con más conocimiento sobre la cultura Omereque y la historia arqueológica de esta región.

Si bien hace aproximadamente 1.300 años Tiwanaku profundizó su influencia, los omereque no perdieron su identidad. La iconografía de sus objetos de arcilla muestra dos tendencias, ambas diferentes a la del imperio. La primera, de características geométricas y regulares y  una segunda, con trazos abstractos, espontáneos y menos estandarizados. “En las excavaciones encontramos tablillas con rastros de rapé de vainas de willa, un polvo vegetal alucinógeno. Esto nos permite interpretar que los omereque solían inspirar su pintura en las visiones que estas sustancias producen en el ser humano”, agrega.

Tunas Mok’o fue construida, aparentemente, en la época de decadencia de Omereque y Tiwanaku, hace 900 años. Es parte de diferentes fortalezas construidas  para uso doméstico y ceremonial. Ésta, en particular, sirvió para que la población que residía más cerca a las orillas del río, subiera a protegerse de múltiples agresiones.

Equipada con espacios que funcionaron como habitaciones, almacenes y un sector para la producción agrícola, sus habitantes podrían haber sobrevivido varios meses allí, en caso de ser sitiados por mucho tiempo. A comparación con otros sitios arqueológicos cercanos, donde se encontraron necrópolis con momias vestidas con ricos trajes de algodón, el material cultural encontrado aquí es escaso.

Luego de que el pueblo Omereque de-sapareciera, ocuparon la zona los Yampará, Lakatambo y Presto Puno. Sociedades menos desarrolladas, que se enfrentaron al avance del imperio Inca. El control de los quechuas duró mucho menos que el de Tiwanaku, ya que fue interrumpido por la llegada de los españoles.

Personajes importantes han admirado y transitado esta hondonada desde entonces. El austriaco Tadeo Haenke visitó la cuenca en 1794, durante sus investigaciones botánicas. El coronel Anselmo Rivas las declaró parte de la república boliviana en 1828, durante las últimas escaramuzas de la Guerra de la Independencia. Y pocos años después, los libertadores Simón Bolívar y Antonio José de Sucre atravesaron el valle en su viaje hacia Santa Cruz de la Sierra, según detalla la Guía Arqueológica de Omereque, escrita por Céspedes.

En honor de estos últimos se le dio el nombre de Puente de los Libertadores a una plataforma de piedra, de construcción colonial, que puede verse desde la carretera Cochabamba -Mizque, que es la que lleva hasta la Reserva Frente Roja.

Por falta de recursos, la ciudadela Tunas Mok’o  ha sido muy poco investigada. Pero su riqueza arqueológica se mantiene protegida gracias a la Fundación Armonía y a las comunidades circundantes. Juntos crearon esta iniciativa ecoturística —que puede acoger hasta a 14 personas— que en realidad está especializada en avistamiento de aves. Desde hace más de una década trabajan juntos para  conservar el hábitat de la paraba Frente Roja, ave endémica boliviana, que está en peligro grave de extinción. Así, visitar este lugar se convierte en un privilegio; porque grandes  tesoros  —de fauna e historia boliviana— comienzan a develarse ante quienes de-seen conocer más sobre ellos.

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