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La casa de les Ningunes

La Casa de les Ningunes trabaja para crear un sistema alternativo de convivencia social y activismo medioambiental.

La Razón (Edición Impresa) / Naira De la Zerda / La Paz

03:20 / 07 de marzo de 2018

Maira Peters —comunicadora boliviana alemana de 31 años— tenía un muy buen trabajo en Alemania, en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Estaba construyendo su carrera profesional y tenía un sueldo seguro, cada mes. En 2017 dejó todo esto para integrarse a La Casa de les Ningunes (Rosendo Gutiérrez 696), una “comunidad urbana en construcción” que se fundó en 2012, en Sopocachi. Originalmente se llamaba La Casa de los Ningunos, pero cambió para hacerse más inclusivo.   

Esta iniciativa empezó con la organización de activistas sobre medio ambiente y cambio climático para hacer actividades en un espacio que uno de ellos —Gadir Lavadenz— rentó. Luego, algunos se fueron a vivir ahí, para ayudar a pagar la renta. Después focalizaron su atención en la creación del Programa de Comida Consciente, que consiste en la reflexión e información sobre el impacto ambiental que tienen los procesos de producción de alimentos y en la creación de propuestas gastronómicas que lo aminoren.  

A lo largo de estos seis años, muchos llegaron y otros se fueron, el colectivo se mudó a otros espacios y decidió trabajar para convertirse en una comunidad. Maira, al igual que varios de los integrantes actuales, se vinculó a La Casa de les Ningunes poco a poco. Comenzó participando en sus eventos, hasta que en 2014 pasó cinco meses viviendo ahí. El año siguiente fueron seis, hasta que decidió mudarse permanente en 2017. Para ella, fue un cambio radical. Pasó de ser parte de una maquinaria que emplea cerca de 1.700 personas a ser parte de un equipo de 10, donde su voz y voto hacen la diferencia.

 “Fue un giro trascendental: el proyecto me ha dado esperanza y siento que puedo influir en lo que hacemos. Somos pocos y podemos charlar los detalles de cada proyecto. Nuestra visión implica no solo reconocer qué está mal, sino hacer y experimentar para resolverlo, para poder ofrecer alternativas”, explica la activista.

Ángela Guerra (32) es una de las personas que más tiempo tiene viviendo en esta casa y ha visto cómo el proyecto global de convivencia alternativa se ha ido desarrollando. Cada persona que se acopla o se aleja tiene un impacto, por eso se apropiaron de la noción de “organizaciones vivas”.  

“Entendemos que la comunidad no es algo estático y fijo, es un como un ser que se va transformando y va creciendo todo el tiempo. Se adapta a los cambios y los proyectos y los temas también cambian con la acción de las personas que trabajan. Así, hay actividades nuevas, como otras que se dejan de lado, tratando siempre de no perder el aprendizaje”, señala la psicóloga.

Por eso, la casa tiene diferentes niveles de apoyo. El más cercano es el grupo núcleo, compuesto por las ocho personas  que conviven —Ángela Guerra, Nicole Szucs, Salomón Orozco, Maira Peters, Apniuq (Ariel) De la Rocha, Nina Villanueva, Matilde Rada y Gabriela Sainz—. Luego está el grupo externo, integrado por aquellos que son parte del equipo de trabajo, pero que residen fuera —Eliana Navarro y Melisa Hinojosa—. Y después está “el ágora”, que aglutina a los que alguna vez estuvieron cerca, pero que tomaron cierta distancia, desde la que también ayudan.

 Como ésta es una iniciativa autogestionada, el aspecto económico tiene gran importancia en su supervivencia. Sin embargo, se esfuerza por construir un sistema económico diferente al capitalista, que pueda operar dentro de él. Esta propuesta se basa en la colaboración y reconoce las labores productivas, como aquellas de limpieza y cuidado de la casa —que no suelen entenderse como actividades de trabajo—, expresa Apniuq De la Rocha, uno de los miembros de la casa.

Para generar recursos crearon una empresa ecosocial de comida consciente, que ofrece servicios de catering y talleres de cocina. También rentan uno de sus ambientes para diferentes tipos de reuniones, además de dar servicios de registro y comunicación para instituciones, dentro o fuera de sus instalaciones. Estas actividades generan el 60% del presupuesto global de este espacio. El resto se cubre con el apoyo de distintas entidades que dan financiamiento a los proyectos  del equipo.

Para redistribuir aquello que ganan, se inspiraron en la experiencia de la Red de la Diversidad-Fundación Wayna Tambo. Tras admitir que la distribución igualitaria no funcionaba, decidieron dar más dinero a quien más responsabilidades asumiera, cuidando de que no hubiera una brecha demasiado grande entre los miembros.

Otro aspecto relevante en el paso de La Casa de les Ningunes de colectivo a comunidad, es la importancia que le dan a las relaciones sociales entre los integrantes. Nicole Szucs (31) admite que si bien adaptarse a la convivencia con varias personas no le fue difícil, porque ya tenía experiencia, esforzarse por construir lazos le tomó un poco más de tiempo.

“Lo que me ha costado un poco más de trabajo, pero para bien es que esta convivencia sea más consciente. Claro, porque cuando uno vive con otra gente, si algo le molesta, se encierra un rato en su cuarto o por último no les habla. En cambio aquí nos sentamos a hablarlo, a ver cómo podemos solucionar el problema. No siempre es fácil, pero hace que la convivencia y el trabajo fluyan mejor, además uno aprende a respetar e internalizar las opiniones de los demás”, narra.

Una de las experiencias que marcó el camino de esta iniciativa respecto a este tema fue la visita de varios miembros a Tamera, centro de investigación para la paz. Este espacio comunal, con sede en Portugal, tiene más de 200 miembros y cuenta con cerca de 40 años de historia.

Además de ver que sí era posible un espacio de autogestión, con recursos producidos por ellos mismos, desde una visión ecológica, los miembros de la comunidad boliviana reconocieron que debían darle mucha importancia a lo emocional. Por eso, se reúnen dos horas a la semana, para tratar temas como la despedida o bienvenida a diferentes personas, conflictos que se suscitan entre los integrantes o problemas por los que cada individuo puede estar  atravesando.

Como el flujo de personas es constante, La Casa de les Ningunes mantiene un cuarto reservado para aquellos que deseen tener la experiencia de vivir y trabajar con ellos. La comunidad se nutre de la energía de quienes llegan y están abiertos a tener visitantes con estadías desde un mes en adelante (se pueden contactar con ellos al 65555156). Privilegian a residentes de La Paz que tengan interés en sus actividades, ya que buscan gente que pueda quedarse y ser parte de su comunidad.

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