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El banco plantas

El Herbario Nacional de Bolivia resguarda información de más de 330.000 especímenes que existen en el país.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 10 de julio de 2019

Los dos pisos de la infraestructura blanca están repletos de plantas. No se encuentran en floreros o macetas, sino preservadas en pliegos de periódicos, dentro de gavetas especiales, cajas de cartón o en incontables archivadores que pueden llegar hasta el techo de dos metros y medio de altura. Oculto en un rincón del Campus Universitario de Cota Cota—de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)— el Herbario Nacional de Bolivia tiene la misión de proteger 350.000 especímenes y 15.000 especies de la flora boliviana, de las que aproximadamente 2.000 son endémicas del país.

“Sin las plantas no viviríamos”, dice Freddy Zenteno, biólogo especializado en flora boliviana, quien después de 30 años de haber visitado el herbario para diversos trabajos, incluso ya tiene un espacio, en un lugar que para él es un patrimonio.

Así como Zenteno fue al repositorio desde que era universitario, lo mismo ocurrió con Carla Maldonado, actual directora del Herbario Nacional de Bolivia, cuya oficina también está colmada de todo lo relacionado con las plantas, con libros como Catálogo de las Plantas Vasculares de Bolivia o el Libro Rojo de parientes silvestres de cultivos de Bolivia, sin contar los archivadores  con hojas, ramas y flores desecadas.

Desde la antigüedad, los botánicos coleccionaban plantas, especialmente las medicinales, las que eran conservadas con fines de referencia. El primer herbario del mundo fue creado en 1551 por Luca Ghini, profesor de Botánica de la Universidad de Bolognia (Italia), quien desarrolló técnicas para desecar plantas en pliegos de papel. Esta labor adquirió importancia durante los siglos XVII y XVIII, cuando exploradores viajaban por todo el mundo para recolectar especies desconocidas.

En la actualidad, todos los países del mundo tienen sus propios herbarios, siendo los más grandes el Instituto Nacional de Botánica, en Pretoria (Sudáfrica), que tiene más de 1.200.000 especímenes; el herbario del Museo Nacional de Kenia, con un millón de especímenes, y el Herbario Compton, del Instituto Nacional de Biodiversidad de Sudáfrica, que protege aproximadamente 617.000 especímenes.

¿Cuál es la importancia de un herbario? “Necesitamos preservar estas colecciones porque mucho de lo que teníamos ya no existe y porque varias especies están desapareciendo de los ecosistemas naturales de Bolivia debido a la agricultura, el asentamiento humano y el cambio climático”, explica Maldonado.

El Herbario Nacional de Bolivia fue creado en enero de 1984, gracias a un convenio entre el Instituto de Ecología (dependiente de la UMSA) y el Museo Nacional de Historia  Natural (perteneciente a la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia). De aquellos tiempos, como cancerberos de la colección aún están los científicos Stephan Beck y Rossy Chávez Michel, los más experimentados en el registro de flora. “Hace tiempo, el herbario se encontraba en un edificio chiquito en el centro paceño y de a poquito fue creciendo”, recuerda Maldonado, quien estudió la Carrera de Biología en la UMSA, para luego formar parte de la Unidad de Botánica.

La experiencia de estar dentro del herbario es única, ya que, además del clima templado y seco, se respira una mezcla de polen con partículas de periódicos viejos.

Se trata de una especie de laberinto, donde todas las paredes están llenas de gavetas y estructuras que protegen archivadores y cajas con una infinidad de hierbas. “No me preguntes eso (la cantidad que hay), en algún momento hemos intentado hacer el cálculo, pero se volvió un dolor de cabeza”, comenta la directora del repositorio.

Sucede que si bien el herbario tiene 15.000 especies registradas, por cada una de ellas hay por lo menos 20 muestras. “Para una especie podemos tener, en el peor de los casos, un ejemplar, pero eso es malísimo, porque no nos da mucha información. En el mejor de los casos podemos tener una caja llena de especímenes”.

La colección tiene muestras desde finales del siglo XIX y crece cada vez más con aportes de investigadores asociados, quienes se trasladan al campo para tomar muestras de semillas, hojas, ramas, flores y frutos, y que deben entrar en una hoja de periódico tamaño tabloide, porque este material ayuda a absorber la humedad y es fácil de obtener.

Los científicos anotan la fecha de la recolección, el color, la forma e incluso el sabor de las semillas, las hojas y los frutos, y otros datos que enriquezcan la información, porque al herbario no entran plantas vivas, pues se quiere evitar la contaminación de microorganismos.

Para desecar las plantas, primero se las prensa y luego se las deja en una estufa especial. La mayoría de la recolección llega como indeterminado, así es que especialistas como Chávez Michel  estudian las especies a través de microscopios o estereomicroscopios con el objetivo de obtener el ADN —la información genética de todos los seres vivos—.  Después de los estudios científicos, las plantas son registradas según su familia, género y especie. Terminada esta labor, las plantas que están protegidas en hojas de periódico y que tienen toda la información obtenida hasta entonces son guardadas en alguna gaveta del Herbario Nacional de Bolivia.

“Para cualquier plan de manejo o cualquier proyecto contra el cambio climático se necesitan estos datos. En muchos casos se ha interpretado lo que pasa en el país con base en resultados de las naciones vecinas, cuando no se comprende que lo que tenemos aquí es completamente distinto, por eso se necesita que los datos sean tomados por gente boliviana”, explica Maldonado.

El financiamiento de la UMSA y el Ministerio de Medio Ambiente y Agua alcanza para que siete funcionarios se encarguen de esta labor. Es insuficiente. Los demás son investigadores asociados, quienes obtienen dinero de organizaciones no gubernamentales para viajar al área rural, recolectar muestras, investigar y ampliar la colección de especies que tiene el país.

Rubiáceas, pteridofitas, gimnospermas... El recorrido por este laberinto de especímenes de plantas continúa con nombres científicos y con historias que resumen la emoción que significa ser un especialista en fauna boliviana, y tener al menos una planta registrada en este herbario que tiene mucho por mostrar y registrar.

Un herbario para todos

El Herbario Nacional de Bolivia está abierto a investigadores y universitarios, además ofrece visitas guiadas para estudiantes de unidades educativas. Para ello se debe mandar una nota que explique los requerimientos. Para más información se puede llamar al teléfono celular 75243120 o al correo: [email protected] El repositorio se encuentra en el Campus Universitario de la UMSA, calle 27 de Cota Cota.

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