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Vidas trans frente al espejo

Los caminos de Anahí, Luna y Luciana llevan decepción, alegrías y triunfos. Las une el orgullo de ser auténticas.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas S. / La Paz

00:00 / 04 de abril de 2018

Luciana Desirée Vaca Juárez se enfrenta al espejo: “Ésta soy yo. Me amo, me alucino. Me doy cuenta de las miradas y de la admiración”. Ella es una reina de belleza transexual, al igual que Luna Charlotte Humérez Aquino, activista y estudiante de Derecho, que pocos metros más allá ajusta sus plateados tacones. Están en el kiosco del Montículo con Anahí Fernández, transformista que recién comienza en estas lides. Son integrantes de la comunidad trans paceña —conformada por transformistas, travestis, transgéneros y transexuales— en cuyos caminos, si bien hay muchas piedras,  también existe amor e historias de éxito.

La corona de Reina Transformista del Carnaval de El Alto 2017 le pertenece a Anahí Fernández. Tiene 20 años, es paceña y estudia Administración en Hotelería y Turismo, aunque desde hace tiempo trabaja en estilismo. “Me he ido preparando con mis trajes para ganar. Este año estamos con muchas actividades: se acerca la elección de Miss Transformista y Cholita El Alto y estaremos haciendo pasarelas”.

Con una peluca negra con gris, los labios rojos y una chamarra negra, se pone algo tímida al hablar de su vida. “Elegí participar porque puedo demostrar mi carisma, mi actitud y el arte del transformismo. Sí, es un arte: hay muchos trucos y formas de expresarse: ves a un chico normal, pero cuando se empieza a maquillar, impresiona ver cómo se transforma”.

De inicio no sabía cómo aplicar el maquillaje, buscaba a alguien que le ayude. “La primera vez usé solo una sombra, me pinté los labios, me puse un poco de polvo y una peluca negra, larga y ondulada. Mis amigos me hicieron ver que el pelo ondulado te hace ver la cabeza más grande, que debía bajar el volumen de mi rostro. Yo aprendí y ahora me arreglo sola”.

A los 19 años fue su primera transformación, aunque sabía que era gay desde siempre. Claro, no solo ella: le molestaban mucho en el colegio.

Y si bien al principio le intimidaba ver un hombre transformado en mujer, conociendo mejor el ambiente se fue haciendo parte activa de la comunidad. “Mis papás no saben que soy reina de belleza. Ya han visto mi ropa, me han dicho que ya no lo haga. Por eso decidí alejarme de ellos. Ellos creen que ya no lo hago. Pero  estoy trabajando y estudiando, llevando una vida normal. Es difícil vivir con gente que te discrimina y te trata mal. Cuando estaba en el colegio no sabía qué hacer. No conocía a nadie como yo. Cuando te maltratan, te duele. Pero también hay lindos momentos: cuando gané la corona, me pedían sacarse una foto conmigo. Siempre lo soñé, era mi meta. No sabes lo lindo que es que digan tu nombre y que eres la ganadora, me sentí feliz”.

Luna, una activista y estudiante casada

Su carnet certifica que es mujer y fue la primera transexual en contraer nupcias legalmente en Bolivia. Su nombre es Luna Charlotte Humérez Aquino, una paceña de 26 años que vive y estudia —Derecho— en El Alto; además es comerciante y tiene un salón de belleza. “Soy dirigente desde mis 18 años. Salí del closet en El Alto, en el primer desfile en 2009, y decidí ser parte del colectivo TLGB para luchar por mis derechos. En ese momento era un hombre  gay; sabía que quería ser una mujer trans, pero no tenía mucha información sobre cómo hacerlo. Conocí otras chicas trans y me dije: ‘yo también quiero’. Mis padres siempre han estado contentos conmigo y he tenido la suerte de tener la familia que tengo. Me apoyaron para que yo decida luchar por mis derechos. Ahí empezó mi liderazgo”.

Antes, frente al espejo, era Christian. Hoy no quedan casi huellas: tiene el cabello largo y rubio y fue una de las primeras en recibir su certificado de nacimiento cuando se aprobó la Ley 807 de Identidad de Género. “Además estoy felizmente casada, estudio, trabajo y cada día espero superarme más para demostrar que las mujeres trans somos como cualquier otro ciudadano”.

“A mis ocho años yo sabía que era diferente. Me ponía las mantas y polleras de mi abuela. ‘Está jugando, se le va a pasar’, decían en mi casa, pero yo quería que mi cuerpo sea el de una mujer”. Y lo es, incluyendo el vestido de novia soñado, pese a que en noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional Plurinacional declaró inconstitucional el matrimonio entre personas trans. “El mío es válido porque esta ley no es retroactiva. He tenido que pasar mucho para casarme. Cuando fui a averiguar, me dijeron que la Constitución Política no me lo permitiría por no ser una mujer biológica. Pero revisé el documento y el Código de Familia: solo decía ‘una mujer y un hombre’, no mencionaba ‘biológica’ en ninguna parte. Con eso fui al Servicio de Registro Civil y demostré que no estoy yendo en contra del Estado”. Luego de hacer la consulta al Tribunal Supremo Electoral, se aprobó la boda. Luna ya la había estado organizando desde antes. A dos semanas de la ceremonia, pensó en por lo menos casarse de forma simbólica. Pero dieron luz verde a su matrimonio y se casó el 16 de diciembre de 2016.

Tras el enlace, el Tribunal Electoral permitió siete bodas más, hasta la presentación del amparo de inconstitucionalidad y el fallo del TCP que las prohíbe. “Somos mujeres para el Estado. Debemos tener los mismos derechos”. Entonces salta su vena política: “Necesitamos políticas públicas para las mujeres trans, médicos especializados. Nadie sabe decirte cómo debes hacer tu transición, muchas nos automedicamos y eso está mal. Está el trabajo digno y la discriminación, además de los transfeminicidios: en 2017 se supo de cinco. Debemos trabajar en conjunto con el Gobierno, no es un favor, es la obligación del Estado el velar por la seguridad de todos los ciudadanos”.

La educación de la ciudadanía es otra urgencia, por lo que explica a grandes rasgos: La transformista es quien hace un arte de vestirse o emular las características femeninas. La travesti gusta vestir como mujer. La transgénero se siente mujer en el cuerpo de un hombre y la transexual también, pero esta última  toma cartas en el asunto: toma hormonas y sigue el proceso de transición para cambiar de sexo.

“Más que por complacer, nos sentimos mujeres, nos gusta nuestro cuerpo de mujeres”. Por ello también fue Miss Transexual La Paz 2015, porque se siente plena.

“Lo más difícil, es encontrar un hombre que te ame por lo que eres. Muchas chicas buscan un chico gay por no quedarse solas. Es muy complicado que un chico te tome de la mano en El Prado”, cuenta. Pero ella lo ha encontrado. Conoció a su esposo a través de unos amigos.

Tuvieron un par de citas hasta que ella le explicó que era una mujer trans. La volvió a llamar a los cinco días. A los meses empezaron un noviazgo y luego se fueron a vivir juntos. Cuando decidieron casarse, hablaron con las dos familias. “‘Si no aceptan a mi novia como es, me voy de la casa’, recuerdo que les dijo él a sus padres, pero mi suegra no tuvo problema. ‘Si tú haces feliz a mi hijo, nosotros no tenemos qué decir’, me manifestó. Fue la mejor satisfacción de la vida. Todos los domingos vamos a misa a las ocho de la mañana para agradecer que  somos una familia”.

Ella desea ser una gran empresaria, tener una casa propia, ser feliz al lado de su esposo e iniciar una vida política. “No sé si mis sueños son muy grandes, yo quiero ser feliz”.

Luciana, una reina cruceña en La Paz

Sus piernas largas y contorneadas le hacen sentir orgullosa. Tiene una risa suave y siempre sonríe al hablar. “Soy Luciana Desirée Vaca Juárez, tengo 25 años, soy de Santa Cruz y radico en La Paz desde hace muchos años. He vivido en varias ciudades de Bolivia y me he dado cuenta de que aquí es donde hay más respeto. Soy Miss Transexual La Paz 2017. Tengo tres cirugías en el rostro —nariz, mentón y pómulos— y como me quedaron bien empecé con la cola, las piernas y las lolas. Entré a la universidad para estudiar Enfermería.  Y así me siento realizada, muy feliz”.

Luciana quiso ser mujer desde que recuerda. “Mi familia es muy conservadora, por ese tema tuve que irme de la casa, empezar a trabajar, culturizarme e investigar sobre la transexualidad. Luego de seis años recién hubo esa aceptación de mi familia. Me entendieron y comprendieron y no hubo críticas, porque llevo una vida normal”.

El estigma social impuesto a las mujeres transexuales es muy fuerte y le tocó vivirlo, pero siente que ha tenido suerte. “A mí me gusta hablar de política, tengo sueños y metas, por eso me dedico completamente a estudiar. Cuando vi la noticia de la Ley de Identidad de Género en la televisión, apunté los requisitos y al día siguiente fui a buscar más información. He sido la tercera en documentarme”.

En la universidad padeció discriminación, pero también recibió el apoyo de sus compañeros y de docentes que han recalcado en clases que se debe respetar a todos por igual. No ha tenido tanta suerte con sus compañeras trans, con quienes no ha hecho muy buenas migas, quizá por formas de pensar o de vivir diferentes. “Igual yo estoy para ayudar en lo que se pueda”.

Tiene muchos sueños por cumplir, sobre todo ser profesional. “Además, quiero mi reasignación sexual completa, tengo mi documento y quiero ser una mujer en todos los aspectos”. Eso sí, en el amor no piensa. “El hombre boliviano aún no está preparado a tener una relación con alguien de mi género. Yo soy más sofisticada. Aquí me ven con la intención de divertirse. Hay mucho pretendiente, pero yo ubico por qué me buscan y tengo un mal concepto de ellos. No dejo que me la charlen; quieren una relación de cuatro paredes o pasar el momento. Mi propósito en la vida no es tener un amor, pero sí vivir feliz y que se diga que he sido valiente y he dado un paso de superación. Por eso casi no bebo: el alcohol, envejece”.

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