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Víctor Hugo Díaz, un mago que enseña religión

Aunque para él la mano es más rápida que el ojo en su oficio de ilusionista, también sabe, como profesor de Religión, que solo con el corazón se puede ver bien, como diría Antoine de Saint-Exupéry en ‘El Principito’.

Víctor Hugo Díaz. Ilustración: Frank Arbelo

Víctor Hugo Díaz. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose / La Paz

00:00 / 29 de noviembre de 2017

Aunque para él la mano es más rápida que el ojo en su oficio de ilusionista, también sabe, como profesor de Religión, que solo con el corazón se puede ver bien, como diría Antoine de Saint-Exupéry en ‘El Principito’.Cada vez que la varita toca algo pasa algo asombroso: sale un conejo de un sombrero, surge una paloma blanca debajo de una tela, o monedas y cartas aparecen en lugares inesperados como, por ejemplo, detrás de tu oreja o en tu bolsillo. Esta canalizadora de poderes mágicos es usada hace 37 años por el paceño Víctor Hugo Díaz (62), alias Locotito.

Pero eso no es todo. El imán que flota, el líquido que cambia de color o los números que pueden ser predecidos antes de colocarlos son también parte de su show como magia recreativa que comprende la  matemática, física y química,    útil para motivar a los jóvenes a pensar.

La magia fue parte de él desde que era niño, ya que le gustaba coleccionar todo lo que le despertaba curiosidad: imanes, muñecos, botellas, vasos y autos que se movían solos, gracias a lo cual reunió una gran colección de juegos de ilusionismo.

Pero no todo fue magia en sus días. Su padre falleció cuando era muy joven, por lo que tuvo que hacerse cargo de su familia, trabajando de día y estudiando de noche, lo que lo alejó de su vocación primaria, el sacerdocio. “Al principio ayudaba a vender productos con disfraz de payaso y por la gracia y el carisma que tenía, me empezaron a contratar para animar fiestas infantiles”.

Si bien se amoldó a este oficio, su inclinación mística permanecía en su corazón, por lo que una vez que acabó el colegio decidió ingresar a la Normal Católica Sedes Sapientae Parser en La Paz para formarse como profesor de Religión.

Y fue así que el hombre del espectáculo y el maestro se unieron para acercarse de mejor forma a los niños. “La materia de Religión contiene más teoría, pero por medio de los títeres y la magia, además de juegos y dinámicas, conseguí llamar la atención de los estudiantes”.

Algo que nunca olvidará de su oficio es lo que pasó en uno de sus espectáculos. “Mientras hablaba con el muñeco en un acto de ventriloquia, un señor lo mandaba a callar constantemente. Asustado con ello quise parar el show, pero el encargado me indicó que continúe actuando. Acabada la fiesta, me ofrecieron comprar el títere... el señor que me interrumpía no había hablado hace mucho tiempo y el muñeco lo había motivado a hacerlo. Conmovido por esto, decidí dejárselos”, expresó Locotito, apodo adoptado en honor a su abuelo Víctor Manuel Mendoza, llamado así por ser sucrense.

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