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La otra Viacha

En una de las laderas de Sorata y a los pies del majestuoso Illampu se encuentra esta comunidad de suelo productivo y paisajes naturales.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo / La Paz

00:00 / 18 de junio de 2017

Germán Quispe salió tan solo un par de veces de su Viacha natal. Fue cuando viajó hacia las poblaciones del este del departamento de La Paz llevando-trayendo mercadería, y en una de esas paradas en la hoyada aprovechó para ver a sus ídolos, a esos que solo imaginaba mediante relatos en su “radiecito” mientras labraba la tierra para las épocas de siembra. Los 11 del Bolívar no lo defraudaron, pero fue solo una vez en la vida que los tuvo enfrente y como que casi podía tocarlos al calor del aliento de la hinchada. Es uno de sus máximos recuerdos mientras trabaja arando en el empinado suelo, pues aquella población a minutos de Sorata tiene un clima tan benigno que cualquier semilla espera bondades de la tierra.

Hoy su “radiecito” ha sido reemplazada por un celular donde escucha los partidos de los celestes, se comunica con sus parientes coroiqueños y saca fotos de sus plantíos para compartirlos con el mundo vía WhatsApp. Y es que la vida en la otra Viacha va cambiando.

Situada en una de las laderas a minutos del pueblo de Sorata, se trata de un valle al pie de la montaña con paisajes de bosques de pino similares a los que se admiran en esos cuadros de los Alpes europeos. Pero está a poco más de los 140 kilómetros y cuatro horas desde la ciudad de La Paz, los mismos que recorrió Germán para sentarse en las gradas del Siles aunque aquellos eran otros tiempos. “Han cambiado muchas cosas por aquí, antes tardábamos más porque primero teníamos que ir hasta Sorata y el camino era de tierra; cuando llovía no podíamos movernos de aquí”, dice este hombre nacido el 63.

Cuando él era niño no existía más que una docena de casas en el lugar. Tampoco había luz eléctrica ni agua potable, el líquido que recaudaban provenía de pozos que sus habitantes mismos cavaban. Desde que tiene memoria se dedica a la agricultura en las llamadas chacras del pueblo, y su lista de productos es larga: maíz, papa, arveja, haba, yacón y en los últimos años racacha. También se dedican a la floricultura plantando gladiolos, margaritas, rosas, claveles, y a la crianza de vacas, chanchos, ovejas, gallinas, conejos, cosa que no ha cambiado. Los niños estudiaban hasta tercero básico (primaria) en la escuelita viacheña y quienes querían continuar con sus estudios debían caminar o montar al burro hasta Sorata, capital de la provincia de Larecaja y de gran actividad productiva.

El yacón es uno de los principales productos de la región. Foto: Pedro Laguna

“Escuchábamos radio que funcionaba a pilas, y los chicos jugábamos con ‘tejeta’ (pelota de trapo), trompo, pesca-pesca-, oculta-oculta”, cuenta este agricultor. A sus 13 lo enviaron a trabajar en la cosecha de arroz a Caranavi y fue en aquella oportunidad donde realizó la parada que hoy guarda en memoria. “Tenía miedo de perderme, no conocía nada, preguntando nomás llegué al estadio, pero tenía que ir a ver al Bolívar”. Sus padres nunca se enteraron de su travesura y más bien lo felicitaban por su vida sacrificada entre los valles templados a los pies del nevado Illampu y el clima húmedo de los Yungas.

Con el arribo del nuevo milenio, los lugareños fueron testigos de la construcción de un camino más transitable además de los postes de luz que habilitarían de energía artificial a las calles y casas del pueblo, las que se fueron multiplicando y reemplazando materiales de piedra y adobe por el ladrillo, el hierro y el cemento. Entonces, el paisaje rural amenazó con modificarse. Y también la rutina de sus habitantes. “La gente empezó a comprarse sus heladeras, televisores, luego llegó el DVD y los chicos ya podían ver películas. Pero también eso ha hecho que los jóvenes se vuelvan un poco más flojos, ya no quieren salir a la chacra”. Antaño empezaban a trabajar a sus parcelas con el sol, recuerda don Germán, “hoy salen a las nueve”.

Hace una década, más o menos, que los habitantes-agricultores del pueblo se dedican a la producción del yacón, una raíz de alto valor nutritivo cuya obtención ha sido incentivada por el proyecto Latincrop, que se entiende como parte de una Estrategia Integrada para la conservación y uso de la agrobiodiversidad latinoamericana subutilizada. “Es un consorcio internacional liderado en Bolivia por la Facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), la Fundación Proinpa y la ONG Melting Pot; la Universidad Nacional del Altiplano de Puno – Perú; el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Ecuador; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y GPS Sinagro SRL de España; y la Universidad de Copenhague de Dinamarca”, explica Angélica López, coordinadora de la Macrorregión Altiplano. Este consorcio realiza acciones de apoyo en el fortalecimiento de la conservación de la biodiversidad agrícola en la región andina a través de la sistematización de la información acerca de las especies andinas poco utilizadas y la difusión de sus usos y manejo.

Cada 25 de julio, los habitantes de Viacha celebran la fiesta patronal por el Tata Santiago en el pueblo vecino de Quirambaya. Hasta allí se trasladan los comunarios bailando morenada listos para compartir con un gran apthapi. Algunos domingos también se organizan este tipo de encuentros a los que suele ir don Germán, aunque dice que prefiere ver los partidos de su equipo por Canal 7. Es un fanático bolivarista aunque solo lo haya visto una sola vez en la vida en persona, pero no pierde la esperanza de volverlo a hacer.  

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