Escape

Sounder - La noche orureña se llama

Con 41 años de vida, nació como night club y hoy se posiciona como un complejo de eventos para 3.000 personas.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas Saldías

00:00 / 13 de febrero de 2019

La discoteca más grande del país está en Oruro: Sounder tiene la capacidad de recibir a 3.000 personas en sus diferentes ambientes. Es un centro de entretenimiento que en Carnaval se atiborra de gente que acude a la máxima fiesta del folklore y que todos los sábados recibe a parroquianos de distintas generaciones que hacen largas filas —que se prolongan por un par de cuadras— para ingresar. Además, el bar y el restaurante —con especialidad en carnes a la parrilla y comida china— abre de martes a domingo. El secreto de 41 años de fulgor como estrella de la noche orureña es la constante renovación y el trabajo en equipo de la familia Jáuregui Carrillo en pleno.

Soplan las 21.00 en la ventosa esquina de las calles Petot y Cochabamba. Con minifalda, dos modelos esperan en la puerta de Sounder para trabajar: ayudarán a recibir a la gente que llegará para celebrar el Gran Calvario Gran. Dentro del edificio de cuatro plantas, las jóvenes se unen al equipo que prepara la velada temática. Las estatuas de emperadores romanos —acordes con el diseño de coliseo— se visten por hoy con aguayos y lluchus, al igual que detalles andinos forman parte de la decoración. Esta noche será la fiesta de las miniaturas, que no se resume solo en la decoración: al ingresar, cada persona recibirá una chuspa con una botellita en miniatura de ron , cigarros, coca, billetitos y documentos diminutos.

En otros ambientes, una miniferia se ha instalado para un torneo de futbolín, ruleta, suerte sin blanca, lanzamiento de pelotas, dardos y mucho más. También hay un altar para casarse “de a mentiras”. El objetivo es crear una experiencia mágica, una iniciativa de Carlos Jáuregui Carrillo, el actual administrador. “Estoy a cargo desde hace unos 10 años. Entonces tenía 19, era muy joven y como debía coordinar con los grupos de música, a veces me changueaban. Al principio se pataleaba, no ha sido fácil, porque hay mucha competencia; pero ser constante es lo que nos ha ayudado”, comenta con una amplia sonrisa. Está sentado cerca de la barra, junto al fundador de Sounder: su papá.

Don Carlos Jáuregui Maeda inició la aventura nocturna hace 41 años. “Vi que había que hacer un negocio, teníamos una casa y ya hacíamos fiestas en un club.

Tenía unos 28 años. Así hicimos el proyecto. En ese entonces no había discoteca, abrimos un night club y remodelamos la casa. Era pequeño, entraban 100 personas”.

Pasaron los años, el negocio empezó a prosperar y hubo que hacer ampliaciones: levantaron un escenario y construyeron el salón. Llegó 1978 y empezaron a brillar las discotecas, así que se actualizaron los espacios para este fin y se compró nueva iluminación y sonido para hacer honor al nombre: Sounder (“sonoro”, en inglés).

Trabajar de noche es pesado, pero toda la familia lo asume con alegría y aire festivo. “Yo ahora le ayudo a mi hijo”, dice Carlos papá. “Mi hija Paola es arquitecta y es ella quien demolió todo y le dio la forma de coliseo romano que tiene ahora, ella misma ha construido. Mi otra hija, Mónica, es auditora y maneja la contabilidad”. Infaltable en cada noche de fiesta está la mamá de la familia, Olga Carrillo Altamirano de Jáuregui, con un delantal blanco, una sonrisa encantadora y su cuaderno de notas. “Yo no lo tomo como un trabajo, estamos ayudando en todo lo que se puede. Es muy lindo estar aquí”. 

Por Sounder han pasado prácticamente todos los presidentes del país. De hecho, la hija del mandatario Evo Morales, Evaliz, ha celebrado ahí su fiesta de 15 años y su graduación. “Eso ha sido en este salón, que es de estilo barroco mestizo”, describe Carlos hijo. “Tiene una capacidad para 1.500 personas”. Al salón se le suma una whiskería donde suenan clásicos y se acomoda la gente mayor, mientras que los más jóvenes toman la discoteca de dos plantas, donde ingresan unos 1.000 clientes. Además están los comedores, el solarium y la peña/karaoke. En total, 3.000 almas. “Y en Carnaval está algún turista que no encontró alojamiento y se acomoda en un sillón”, ríe Carlos papá.

Carlos hijo se retira para atender el evento de la noche. Una larga fila espera en la puerta desde antes de las 22.00, hora de apertura. “La innovación es la clave”, dice quien organiza también el aniversario de Sounder, que incluye olimpiadas, concursos y músicos. “Me gusta mucho porque participan varias generaciones”.

Su hermana Mónica, en cambio, guarda un gran recuerdo familiar en estos salones. “Cuando yo cumplí mis 15 años, celebré mi fiesta aquí. Nunca imaginé que muchos años después iba a celebrar en el mismo lugar el quinceaños de mi hija. Ha sido una emoción muy grande”.

La familia en pleno y los empleados se acomodan en sus lugares, todo está listo. Son las 22.00, hora de abrir las puertas: la noche orureña al fin comienza.

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