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Socorro andino boliviano

Juan Gabriel Estellano,  voluntario de SAB, retrata la historia de la institución de ayuda

La Razón (Edición Impresa) / Juan Gabriel Estellano

11:00 / 05 de octubre de 2018

El cuerpo de rescate Socorro Andino Boliviano (SAB) nació por azar durante un viaje de Edy Grange, guía de la Sociedad de Guías de Montaña Courmayeur y miembro activo del Rescate de Montaña del Valle de Aosta en Italia. Cuando éste pasó por Bolivia para ascender a algunas cumbres nevadas contó con el apoyo de un guía de montaña local, a quien conoció unos años antes en Europa. Este andinista boliviano, Aldo Riveros (quien continúa siendo el presidente de la organización), realizó parte de su formación para convertirse en un guía de montaña en el Valle de Aosta y en Chamonix, Italia y Francia, donde se conocieron, afirma Sergio Condori Vallejo, director general de SAB.

Viajando juntos por los andes bolivianos se dieron cuenta de la precariedad de las condiciones que se tienen para reaccionar en casos de accidente y para la gestión de una operación de rescate en todos los valles situados a más de los 4.500 metros de altura. Así nació la idea de crear un curso de formación para guías de montaña de Bolivia en rescate organizado.

Tras las gestiones de organización, en 2007 y 2008 se llevaron a cabo dos cursos impartidos por el grupo Soccorso Alpino Valdostano, llegado desde el norte de Italia. Con este curso se formó a un equipo humano, en su mayoría guías de alta montaña, que estaba calificado para intervenciones en accidentes de andinismo. De esta formA, el mismo 2008 se creó Socorro Andino Boliviano (SAB).

Teniendo en cuenta que la necesidad de un conocimiento avanzado en técnicas de escalada en altura —especialmente sobre los 5.500 metros sobre el nivel del mar— además de una buena condición física son fundamentales para llegar a los heridos, se trata del único grupo capacitado para operar con efectividad en este tipo de terrenos en Bolivia.

En el primer rescate organizado por SAB en octubre de 2008, el equipo tuvo que caminar más de 25 kilómetros para llegar al cuerpo sin vida de un accidentado y regresar la misma distancia con el peso extra, tardando cinco días en realizar toda la operación. Un trabajo como éste se podría haber realizado en pocas horas con la ayuda de un helicóptero.

Después de esta experiencia, SAB ha llevado a cabo muchos más rescates a lo largo de la cordillera en sus 10 años de existencia, salvando vidas humanas y convirtiéndose en una institución de referencia para el rescate de montaña en toda la región. SAB no cuenta con apoyos gubernamentales y realiza sus operaciones gracias al trabajo voluntario de sus miembros, contando solo con sus propias manos para realizar los rescates.

Actualmente, SAB se encuentra en la búsqueda de fondos para realizar la formación y entrenamiento de los rescatistas con la ayuda de un helicóptero. Recibir esta formación posibilitará la coordinación entre los guías-rescatistas con el piloto del helicóptero para optimizar las labores de rescate. También se tomará en cuenta la formación de médicos y paramédicos que puedan intervenir en el terreno.

Además, SAB ha firmado un convenio de colaboración con el Instituto de Formación y Desarrollo en Medicina de Montaña (Ifremont), de Chamonix-Francia. Esta institución enviará un experto médico de rescate y medicina de montaña a Bolivia para esta capacitación, para la que también se contará con la colaboración de la Fundación de la Academia de Medicina de Francia y de la Airbus Helicopters Foundation.

Son muchas las anécdotas que se han vivido en estos 10 años y no faltan los datos curiosos: la nieta de Simón I. Patiño, Albina du Boisrouvray, tras la muerte de su único hijo, quien fuera piloto de helicóptero, hizo una donación millonaria para un centro de control para rescates con helicópteros en los alpes suizos.

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