Escape

Sica Sica inmensa: historia, fe y aguas termales

La capital de la provincia paceña Aroma vive días que le permiten impulsar un turismo variado.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 10 de marzo de 2013

Tío, tía. Los jóvenes aymaras llaman así a los mayores en señal de respeto. Nadie parece saber por qué ni desde cuándo, pero lo tienen tan incorporado, que el alcalde de Sica Sica, Walter Maizo Alandia, usa esas palabras para dirigirse a los vecinos que le superan en edad. No importa si les habla en aymara o en español, todos son tías o tíos.

Entre contemporáneos, la palabra hermano/hermana suple nombres y hace pensar en que todos viven en armonía. No siempre es así, claro. El municipio de Sica Sica, en la provincia Aroma de La Paz, ha vivido días de conflicto. En la anterior gestión edil, la estabilidad de las autoridades parecía imposible. Hubo un momento en que la jurisdicción altiplánica tuvo dos alcaldes y se pintaba difícil que esa región de vocación agropecuaria pudiese prosperar.

Los comicios de 2010 dieron el triunfo a Maizo, arquitecto titulado en Oruro, y las aguas se han tranquilizado. “No se puede contentar a todos, es difícil”, dice la joven autoridad; pero le tocan días en los que, con relativa calma, puede plasmar obras que hacen soñar a los campesinos de 76 comunidades en vivir también del turismo. Atractivos no les faltan. Hay que invertir en infraestructura, ciertamente, y a ello apunta la gestión de Maizo.

Quizás, si se fortalece esto del turismo, la gente deje de migrar en busca de una vida más cómoda. El Censo 2001 indicó que Sica Sica tenía 27 mil habitantes; pero su primera autoridad sabe que gran parte de ellos ya vivía en otras ciudades.

Sobre Sica Sica, la capital, la fecha de fundación española se ha perdido. “El hecho es que el pueblo comenzó a cobrar importancia a fines del siglo XVI, a raíz del descubrimiento de minas de plata en las cercanías”, escriben los investigadores Teresa Gisbert y José de Mesa en el libro Monumentos de Bolivia. La evidencia de ese florecimiento es la iglesia de San Pedro que originalmente fue erigida en el siglo XVI y que en el XVIII fue modificada en el estilo renacentista del Collao que exhibe hoy.

Se trata de la estructura más bella e imponente del pueblo. Sus muros de piedra impidieron la destrucción que pudo ser total en el incendio que sufrió el templo en 1998. Ese año, el fuego destruyó el altar principal cuyo artesonado estaba forrado con láminas de plata. Sólo quedó allí una escultura, la de San Bartolomé, obra de Gaspar de la Cueva (segunda mitad s. XVII).

El Ministerio de Culturas (entonces viceministerio) restauró la iglesia, aunque resta hacer obras, por ejemplo en campanarios y cúpulas, nido actual de palomas que están empeorando la situación de ese bien declarado patrimonio nacional.

La portada luce magnífica con sus columnas salomónicas y las figuras de San Pedro y San Pablo. Los autores podrían ser las personas cuyos nombres están tallados en la piedra (al igual que en la portada lateral): “Diego Choque AN 1725” y “Malco (o Marco) Maita”, hacen notar Mesa y Gisbert, como llevan a buscar en los tallados las figuras de Hércules luchando con el león de Nemea y con el jabalí de Erimanto.

En el amplio atrio destaca, en un lateral, un añoso árbol de eucalipto que se aprecia desde la carretera La Paz-Oruro, y una fuente moderna que a alguien se le ocurrió instalar sin que guarde relación alguna con el monumento.

El alcalde Maizo dice que se va a elaborar una carpeta para solicitar la restauración de la iglesia que, pese a su nombre original, San Pedro, tiene a la Virgen del Rosario como patrona. En su nombre se vive una semana de fiesta cada principio de octubre, con la recepción de los pasantes el 24 de junio. Mohoceñadas y morenadas mueven a los músicos, danzantes y demás fieles.

La provincia Aroma es la décima en extensión (4.510 km2) de las 20 que tiene La Paz. Su capital es Sica Sica, municipio que ocupa 1.713 km2 y que se divide en 14 distritos. Uno de ellos es Lahuachaca, donde se erigen vestigios de una cultura prehispánica: los chullpares de Culli Culli Alto.

En una pampa que tiene la característica de un suelo de tierra clara, que deslumbra con el sol altiplánico, están las estructuras de barro y paja que han resistido siglos a la intemperie. En el último tiempo se han ido deteriorando, tanto por la acción del clima como por la humana.

Cerámica recuperada del subsuelo está hoy en un museo de sitio que abre sólo si el cuidador está en el lugar. Hay que concertar una cita con la Subalcaldía para lograr ver el interior del repositorio.

Maizo, que explica que la Alcaldía dispone de Bs 150 mil para mejoras de sitios turísticos, dice que no ha logrado la respuesta de la Prefectura para proteger el sitio y restaurar las chullpas —que corresponden a la etapa post Tiwanaku, la de los señoríos aymaras—, en las que ni una sola osamenta existe ya. “De niño yo veía esqueletos ahí; no sé qué se habrán hecho”, comenta el presidente del Concejo, Franklin Flores Córdova.

El problema es que nadie controla el acceso al sitio y no faltan personas que suben a los chullpares o entran en ellos. “Ojalá pronto podamos enmallar el lugar que ocupa alrededor de cuatro hectáreas”, dice el Alcalde. Y de lejos escuchan, hablando casi siempre sólo entre ellas, Wilma Colque Villanueva, secretaria edil de Comunicación, Cultura y Educación, e Hilaria Herrera Yujra, secretaria del Concejo.

Culli Culli Alto es, desde hace poco, otro de los sitios en los que se espera el solsticio de invierno. En junio de 2012, explican las autoridades, cientos de visitantes ocuparon el sitio. Para facilitar el rito con luz artificial, los cables del tendido eléctrico han sido extendidos justo hasta casi la entrada de uno de los chullpares.

Más tarde, los mallkus del pueblo de Belén mostrarán chullpa y media, lo poco que queda de tales torres funerarias en ese otro territorio de Aroma que, según investigaciones arqueológicas de la Universidad Mayor de San Andrés, tiene, la provincia, al menos 27 sitios de relevancia.

Poseen también esas tierras una riqueza mineral que se traduce en aguas termales. Junt’uma es un flamante balneario construido con fondos del programa gubernamental “Bolivia cambia, Evo cumple”. Las aguas han sido canalizadas desde el lugar del que manan y ahora llegan hasta un conjunto de piscinas: una mayor, de 10 metros por 20, y cuatro pequeñas o individuales. La estructura de cemento y vidrio todavía es la única que se yergue en medio del altiplano; pero ya los bañistas llegan y hay planes para construir un albergue.

El acceso a Aroma es relativamente fácil desde La Paz y Oruro. La carretera que hoy está ampliándose dinamizará aún más la llegada de viajeros, confían los campesinos. Y están convencidos de que el turista querrá también conocer los campos en los que se libró la Batalla de Aroma, en 1810. Los militares ya han construido en ese campo, que corresponde a Belén, un podio resguardado por un mural que muestra cómo Esteban Arce, el protomártir cochabambino, dirige a indígenas armados con palos y macanas. Se considera que allí nació el Ejército de lo que se llamaría Bolivia.

Lucas Ascencio Fernández, el subalcalde de Belén, y el mallku jilakata Germán Aduviri Morales explican casi en coro que en el amplio campo, sin un cerro ni una planta para esconderse, se libró la batalla. “Los hermanos no tenían armas de fuego, pero cavaron trampas de conejo; así que el yugo español que venía a caballo se hundía en el terreno y así se lo fue venciendo”. Los huesos están regados por todo el lugar. “Hemos desenterrado calaveras que hemos vuelto a colocar en el mismo sitio”. Parte del yacimiento tendrá que ser removido, pues las obras de la carretera pasan por allí.

Dicha batalla se produjo el 14 de noviembre y tal fecha es la del aniversario provincial. La amplia plaza de la capital, Sica Sica, que es el segundo espacio en importancia en el pueblo después de la iglesia colonial, lleva tal nombre y en ella se ha celebrado, el 14 de febrero, el gran encuentro festivo de la mohoceñada.

Unos 100 músicos de distintas regiones tocaron el Himno Nacional de Bolivia y luego piezas creadas para ese instrumento de viento hecho de caña; los músicos —hoy también mujeres, como antes no ocurría, según aclara la concejala Herrera— además bailan y el conjunto se conoce como mohoceñada (o moseñada, o mohoseñada). El encuentro lo organizan alternativamente, cada año, las provincias Loayza, Inquisivi y Aroma.

Otras músicas/danzas autóctonas de la zona, enumeran las autoridades entusiasmándose con ello, son la tarqueada, los llanos de Arachi (o Arachi Llanos), jula julas “y Chasquis de Belén que visten lindos trajes elaborados en bayeta de la tierra”, hacen desear verlos cuanto antes.Quizás, la oportunidad para ello sea en Belén, el 8 de septiembre. Ese día, aunque no el único, es de gran fiesta en ese pueblo de agricultores que tiene en su capilla un motivo de orgullo. Está muy dañada, requiere de intervención, pero es el corazón del lugar.

Los mallkus, Nicolás Callisaya Aduviri, entre ellos, conducen al visitante directamente a esa estructura sencilla, hecha de adobe y con el techo de paja forrado de tela, que está dedicado a la Virgen de la Natividad y al Niño San Salvador.

Al llegar, los aromeños, con el Alcalde de Sica Sica a la cabeza, rezan de rodillas. “Somos católicos”, se definen. En la capital provincial, en todo caso, se destacan casas de dos iglesias evangélicas.

En Belén, difícilmente alguien cambiaría de credo. Los habitantes se han organizado para destinar tiempo, por turnos, a mantener viva la llama de una vela que arde en la capilla. Entre que siembran o cosechan papa, cebada, quinua, keñawa, haba, trigo, papalisa, entre otros productos, además de criar ganado ovino y vacuno, producir leche y derivados, hay que vigilar el fuego.

En una urna hecha de hojalata y vidrio, un platito que nada sobre agua deja ver la llama de una vela de grasa animal. Esa materia lentamente combustible es cambiada día y noche. “Si se apaga, grandes desgracias esperan a la comunidad”, explica Gregorio Lanza Flores, quien en sus 80 años de vida no ha visto que tal desgracia suceda. La urna está colocada al final de los bancos de la capilla, en el costado derecho.

En los muros que flanquean la nave hay hornacinas en las que están de pie figuras de santos de tamaño natural. “San José”, “San Antonio”, “San Agustín médico doctor”, “San Francisco” se leen los nombres. Más discretos, otros nombres van en las bancas: son los de los músicos de la banda de morenada de los hermanos Aduviri, que donaron el mobiliario. Lanza, que en su juventud tocaba la tuba, es uno de los donantes.

En el altar, como si estuviese lista para ser llevada en andas, la Virgen mira a los fieles. Y desde lo alto, el Niño rodeado de sombreros. El Subalcalde de Belén comenta que, según el tocado que lleve, el Hijo de María muestra un rostro feliz o triste o enojado.

El 1 de enero le hacen fiesta al pequeño y le arman el nacimiento con animales hechos de barro por los vecinos. Y el 15 de agosto, la Virgen de la Asunta justifica otro encuentro con baile, música y comida.

Hablando de niños, hay otra costumbre que, horas antes, ha mencionado la religiosa estadounidense Julia Wolf, que vive en Sica Sica desde 1991. Ella ha visto cómo, por Todos Santos, los niños atrapan avecillas (también las molestas palomas) y las adornan con papeles de colores.

Luego, los pájaros, a los que se asigna el nombre de un conocido, vuelan. “Es muy bello”, dice ella, aunque parece divertirse más con la explicación que le ha dado el párroco: si la travesía es exitosa, al representado le irá bien; si no, tal vez no tan bien.

¡Comida! He aquí otro de los atractivos de la zona. Hay chicharrón de carne de llama a la salida de la piscina. Pero en el pueblo de Belén, las mujeres han dispuesto que hoy se comerá cordero cocido bajo la tierra (watia o huatia). Dos platos se reparten por comensal, pues uno solo no alcanza para disponer habas y papas cocidas, plátano hervido, ensalada de lechuga, tomate y cebolla y la enorme pieza de carne. No hay cubiertos, hay que usar las manos.

Como brilla el sol y el clima está templado en febrero, se podría comer afuera de la capilla, sobre el pasto silvestre que luce verde y mullido. Pero de la nada llega una lluvia pasajera y, por tanto, hay que hincar el diente bajo la mirada de los santos.

Y hablando de mujeres, la misma hermana Julia Wolf recordó que al principio de su misión, en ausencia del cura, le tocó llamar a reunión en el templo de Sica Sica. Sin dudar, hizo tañer las viejas campanas. La gente le reclamó airadamente, pues, entonces, “una mujer no podía subir hasta el campanario”.

Mientras se disfruta del festín, la charla lleva a rememorar que, según se cree, la capilla se erige sobre un lago de agua colorada y salada. Lo que es seguro, dicen las autoridades de Belén, es que dentro y fuera del lugar hay un antiguo cementerio.

Hay que limpiarse las manos, pues es hora de firmar los libros de actas de las comunidades, en las que queda asentado que este día se ha cumplido con la tarea de promover los lugares turísticos.

Con tanto por ver, ha quedado pendiente la visita al pueblo de Zárate Willka (Imilla Imilla, Huancaruna). Habrá que volver.

El santo que sale a pasear de noche

El t’ojlolo le llaman popularmente a San Francisco los aromeños. El cráneo que lleva en la mano justifica el nombre. La imagen es venerada, pero con cierto temor. Se dice que cumple pedidos hasta imposibles. Hay quienes acuden desde lejos cuando han sufrido un robo; le prenden velas, le colocan una moneda en la manga de la túnica y no tienen sino que esperar. Al parecer, este santo de los pobres no deja en paz al ladrón, hasta que éste decide devolver lo robado. Hay quienes le piden otros favores, inclusive de amores y parecidos.  

La escultura está en la primera hornacina, desde la entrada, de la capilla de Belén. Impresiona de inmediato por el rostro tétrico que el escultor le ha moldeado.

El octogenario Gregorio Lanza Flores (en esta zona, todos, invariablemente, se identifican con sus dos apellidos) recuerda que sus abuelos le advertían con mirar fijamente al santo. “Y yo no sé si mis ojos se cansaron o qué, pero un día me ha guiñado el ojo”. Otros oriundos de Belén confirman la versión y los mallkus de mayor edad cuentan que San Francisco suele salir por las noches y tocar un tambor. El “pum pum” en medio de la oscuridad de la pampa es aterrador, describen. Uno de los hombres confiesa que, hace años, sorprendido por ese sonido y pese a ser ya un joven con esposa, tembló en la noche como un niño. “La prueba de que sale, es que al borde de su túnica aparecen espinos y yerbas que hay afuera de la capilla”, asusta Lanza Flores.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia