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La Senda Verde 800 historias y 8000 muertes

El bullying también existe entre los animales y así se lo puede combatir.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 30 de enero de 2019

Para que La Senda Verde aloje actualmente a 800 animales han habido 8.000 muertes. Son tantas las historias dolorosas que ha conocido Vicky Ossio durante los 13 años del santuario de vida silvestre de Coroico, que esos datos parecen pasar desapercibidos; pero no, los siente y los sufre. Un jucumari golpeado hasta quedar ciego, una mona araña a la que intentaron quitarle los dientes y le rompieron la nariz y la quijada, una cría de jaguar que sobrevivió a la caza indiscriminada… Lo peor de ello es que, a pesar de haber sido rescatados, no podrán retornar a su hábitat.

El ingreso al albergue es como pasar a otro mundo. Después de recorrer 3,5 kilómetros desde el cruce de Yolosita, el vehículo se detiene en una especie de pasadizo escondido entre árboles. Una puerta de madera y un timbre de sonido fuerte son la antesala para atravesar un puente colgante, que termina en un pasadizo de malla olímpica, donde los humanos estarán enjaulados porque “hay que encerrar al animal más peligroso del planeta”.

La Senda Verde fue creada por Vicky Ossio y Marcelo Levy en 2003 con la idea de que fuese un negocio ecoturístico, pero cuando rescataron a Ciruelo —un mono capuchino que estaba siendo transportado a La Paz de manera ilegal— y a Aruma —un oso jucumari que fue capturado a sus seis meses de edad— decidieron que en este espacio iban a cuidar la fauna del país.

Como casi todos los días, Vicky tiene una jornada ajetreada. Si no está dando instrucciones a sus asistentes, habla por el walkie talkie o está respondiendo los mensajes de WhatsApp que constantemente llegan a su teléfono celular. Pese a ello, acepta conversar y acompañar en el recorrido por el refugio.

La puerta del comedor principal —donde se reúnen los visitantes del refugio— no tiene perilla para evitar el ingreso de algún animal, como por ejemplo Maruka, una mona araña de 27 años que fue rescatada de una casa donde, al intentar arrancarle los dientes para que no mordiera, le rompieron la quijada y la nariz, además de hacerle perder un ojo. La botaron cerca de un río, pero retornó porque, a pesar de la violencia, era la única casa que conocía. Tardó casi tres meses para volver a confiar en la gente, pues se escondía por el temor a que le arrojaran piedras. En la actualidad, Maruka es curiosa, amistosa y quiere saber cómo abrir la puerta del comedor.

El Ministerio de Medio Ambiente y Agua ha registrado 26 centros de custodia de animales en el país, de los que solo siete tienen licencia y los demás se encuentran en proceso de adecuación a las normas. La Senda Verde tiene todos los permisos, aunque ello parece ser un problema antes que un alivio.

Cada mes, la Policía Forestal y Preservación del Medio Ambiente (Pofoma) lleva a cabo entre 200 y 300 decomisos de animales que están siendo traficados, de los que gran parte son llevados a estos centros de acogida. Al respecto, Vicky está en desacuerdo con las confiscaciones en viviendas donde las criaturas han estado varios años, porque suelen ser arrancadas con violencia. “El animal vive 15 o 20 años con una familia, va la Policía con la ley en la mano para hacerle más daño que la primera vez, porque lo despoja de su nueva familia y su nuevo hábitat”. El siguiente problema es que se habitúen al refugio.

Al volver al largo pasillo enrejado, Vicky relata algunas historias del albergue. Empieza con Eliana, una paraba frente roja (Ara rubrogenys) rescatada en Torotoro. Esta bella especie de colores vivos está en peligro crítico de extinción debido a que los pobladores las están matando para proteger sus plantaciones. El ave, al igual que otros especímenes que comparten su jaula, no puede volar, ya que tiene el ala derecha rota. “Es un lindo ejemplar, aunque, lamentablemente, deje de existir pronto”, ya que al ser un solo ejemplar siente soledad, deja de comer, por lo que corre riesgo de enfermarse y luego morir.

Lo contrario ocurre con dos parabas que fueron rescatadas hace poco, aunque su futuro es incierto debido a que no son aceptadas por su bandada. Estos hermosos especímenes vivieron varios años con una familia. Cuando fueron llevados al albergue, las demás aves se dieron cuenta de que estaban humanizadas, así es que desde ese momento las acosan. “Varios han sufrido bullying. Con el tiempo pueden ser aceptados, pero el proceso de introducción es difícil y sufren”. Se puede tardar semanas, meses, años y, en algunos casos, toda la vida.

Ajayu también sufrió bullying. En febrero de 2016, la Gobernación de Cochabamba rescató a este oso jucumari en la provincia Tiraque, donde comunarios lo maniataron y golpearon hasta casi matarlo. Al llegar al albergue fue sometido a varias cirugías para salvarle la vida. Lo lograron, aunque quedó ciego y perdió el sentido del olfato. “¡Ajayito!”, saluda Vicky al oso de más de 100 kilos que está echado en una hamaca. Las hojas de choclo que están debajo de él y los maníes que come con fruición demuestran que está bien. Empero, cuando compartía su espacio con un grupo de monos dejó de alimentarse, porque los simios se percataron de la debilidad del oso y le quitaban la comida incluso de sus garras. Como no podía reaccionar, el animal se quedaba paralizado.

Lo primordial era garantizar la tranquilidad del plantígrado, así es que desde hace un tiempo vive solo en un ambiente amplio. Realmente no está solo: le acompaña un tucán proveniente de Cochabamba, salvado del tráfico ilegal y que de a poco está recuperando el plumaje de la cola.

Vicky vuelve a revisar el WhatsApp con la esperanza de que alguien quiera ayudar a mantener el refugio. Para mantener a los 800 animales (de 59 especies diferentes) se destina por lo menos Bs 4.000 al día. Lo recaudado por las visitas ni siquiera alcanza para medio mes de manutención, así es que se apela a la colaboración de empresas privadas, como La Francesa, que dona galletas, o la Fundación Kantutani, que además de haber pagado la construcción de las galerías y el amplio aviario, también destina un monto mensual. “Ojalá se animaran a promover la llegada de más niños al refugio”. Según su percepción, la visita de estudiantes es muy importante porque se cumplen dos objetivos: la manutención de La Senda Verde y que los menores de edad tomen conciencia sobre la importancia que tiene la fauna silvestre.

Un leopardo tigre que era alimentado con sopa de fideo, un mono araña que no puede ser integrado al grupo de simios porque su familia humana lo engreía, la mona aulladora que vivía deprimida después de que se quemara parte del cuerpo… Cuanto más transcurre la caminata, Vicky recuerda más historias dolorosas —y también de esperanza— en estos 13 años de funcionamiento de La Senda Verde.

Entre los mensajes que ha recibido en el celular está uno de la Gobernación de Santa Cruz que informa que han rescatado dos jaguares y dos crías de puma. En Chuquisaca decomisaron cuatro animales. En ambos casos solicitan espacio para que el refugio de Coroico se haga cargo de ellos, pero el espacio y el dinero no alcanzan.

El santuario ocupa casi 12 hectáreas de las comunidades Santo Domingo, Cedro Mayo y Yalaca. El espacio parece amplio, pero queda reducido por la cantidad de animales que son alojados casi todos los días. Esta situación se agrava por las pendientes casi intransitables y los ríos Cedro Mayo y Coroico que pasan en medio del terreno, ya que la subida de las aguas puede inundar algunas áreas, como ocurrió en octubre del año pasado.

Uno de los más recientes alojados es Mi Jungla, una jaguar bebé que llegó con los huesos descalcificados y con miedo a los humanos. Para llegar a su jaula es necesario caminar por la larga galería enmallada, atravesar un puente de madera, pasar delante de algunos otros jucumaris y jaguares, hasta terminar en lo más recóndito del refugio, donde el silencio tiene el acompañamiento incesante del río.

La pequeña felina fue encontrada en Palos Blancos —al norte de La Paz—, donde, al parecer, cazaron a su madre y a las demás crías. Mi Jungla corrió para salvar su vida pero al escapar recibió un fuerte golpe en la cabeza, tal vez con un machete o un palo. Empleados de una hacienda la hallaron casi muerta y la cuidaron durante dos semanas. En ese tiempo la alimentaron con sopa de fideo y huevo cocido, lo que le causó diarrea. Félix Rivas —veterinario que cuida a la felina de cuatro meses— explica que las crías de jaguar deben alimentarse solo de leche materna durante los primeros meses de vida, pero como esta criatura fue arrancada de su hábitat sufrió descalcificación de huesos, así es que le dieron sustituto de leche materna.

Después de buscar con calma, Mi Jungla aparece en lo más alto del área que ocupa por ahora. Mira con curiosidad, pero se queda quieta para que no noten su presencia. Félix tardó varias semanas en establecer un vínculo de confianza con el animal. Por esa razón entra a su jaula y camina lentamente hasta llegar a un rincón, desde donde llama a Mi Jungla con un pequeño aparato que emite sonidos de golpes. Después de unos minutos de espera, la jaguar baja donde está Félix, pues ha elegido confiar una vez más en los humanos.

Vicky tiene que lidiar con estas historias de crueldad y con la falta de recursos, pero tiene la seguridad de que su trabajo ayuda a que estos animales vivan mejor, así es que cuando se le pregunta cómo evalúa estos años al frente de La Senda Verde, ella reafirma: “Ha sido una buena decisión”.

La Senda verde necesita ayuda

El santuario de vida silvestre La Senda Verde acoge a 800 animales. Vicky Ossio, cofundadora del refugio, explica que para alimentar a las criaturas se necesita Bs 4.000 cada día. Por esa razón, la organización pide colaboración mediante visitas guiadas, que tienen un costo de Bs 60 por persona. Durante la estancia también se puede disfrutar de las cabañas o del restaurante El Tenedor, donde los humanos están enjaulados. El santuario se encuentra a 3,5 kilómetros de Yolosita (ver infografía). Existe también la opción de ser voluntario entre dos semanas y dos meses. La otra manera para ayudar en este proyecto es la adopción de un animal. Para las reservaciones y consultas está la página web www.sendaverde.org y el muro Orfanato de Animales Silvestres La Senda Verde, en la red social Facebook.

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