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Rumbo al Río de la Plata

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Afiche del Papirri en el Museo de Arte Precolombino (MAPI) - Uruguay

Afiche del Papirri en el Museo de Arte Precolombino (MAPI) - Uruguay

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta

00:00 / 22 de mayo de 2019

En octubre del año pasado, tocando en Vallegrande para el Comandante Che Guevara, conocí a unos hermanos argentinos de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), un centro académico de educación superior ubicado en Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires. Les gustó mucho mi actuación y me invitaron a tomar un ponche detrás del escenario. Juan Pastor, director Académico de la UNAJ, me preguntó qué tenía que ver yo con Andrés Chazarreta, le comenté que era mi abuelo materno. No lo podía creer. Es que hace un par de años el día del nacimiento de mi abuelo, 29 de mayo, fue declarado por el Congreso argentino Día del Folklorista Argentino. Es como ser nieto de Yupanqui, cheee. Tuve que explicarles toda la historia, que soy hijo del exilio, mi padre Ministro de Trabajo del Presidente revolucionario Gualberto Villarroel salvó la vida refugiándose en Buenos Aires, inaugurando el exilio del sexenio (1946-1952); allí nace el amor con mi madre, la guitarrista santiagueña Anita Chazarreta, que estudiaba en el Conservatorio bonaerense. Entre ponche y charla nació la amistad, fortificada aún más por un gaucho paceño, el poeta Pablo Cingolani que hacía de anfitrión a la delegación académica. Jauretche fue un gran pensador del nacionalismo latinoamericano, dejó profunda huella en el revisionismo histórico, aportó a la lucha contra el pensamiento colonial, merecido homenaje le dio el Gobierno argentino en 2009 creando la UNAJ con el fin de descentralizar la educación superior del monstruo bonaerense. Luego, siempre que nos escribíamos me preguntaban: cuándo vas a venir con la guitarra, che Papirri, tenemos un lindo auditorio acá.

Fue a principios de marzo que caminando por la paceña avenida Ecuador me encontré con mi amigo del alma Iván Nogales, gestor cultural y actor de teatro. Nos veíamos de unos 10 años, el abrazo fue sonoro, decidimos tomarnos un cafecito. Ingresamos a un café chiquito, nos pusimos al día, allí me contó que se iba a Buenos Aires en mayo con el Teatro Trono para participar en el IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva. De frontón le dije: “¡Vamos!”. Acordamos hacer todo lo posible para que yo actuara en la clausura del encuentro el 17 de mayo. “Si quieres nos vamos con el Trono a La Plata el 18 y 19”, me dijo. “Eso sí, las condiciones son precarias, Papirri”. Iván, siempre concreto, me mandó al día siguiente una carta de invitación donde aclaraba que cada quien cubría sus pasajes y gastos. En el ínterin, con una seguridad extraña, escribí a la gente de la UNAJ diciéndoles que llegaría a Baires en mayo, cerramos fecha para tocar en su auditorio el 16.

Entonces llegó la tragedia: Iván se nos fue, el dolor fue tan grande que hasta ahora no puedo escribir sobre esto, solo me salen lágrimas.

Fue así que llegó de manera casual y también extraña la llamada de otro hombre de teatro, Antonio Peredo, invitándome a dar un concierto en el Centro Cultural El Bunker, ubicado cerca de la Terminal de Buses paceña, proyecto que comanda con un equipo de jóvenes artistas. Nos reunimos, conocí el mágico lugar, vimos fechas, hicimos números, le comenté lo que pasó con Baires y ¡zas! el mago Antonito me consiguió un pasaje a Baires a cambio de dos actuaciones mías en el Bunker (que aún les debo). Traté de comunicarme con los del Congreso Cultura Viva para revivir la fecha del 17, pero no tuve respuesta a mis mails.

A la sazón llegó el asunto uruguayo. Decidí cruzar el charco, un viejo anhelo de volver a Montevideo había dejado en mi corazón Daniel Viglietti también en La Higuera. Tomé contacto con nuestra embajada en Uruguay, que amablemente me conectó con el Museo de Arte Precolombino (MAPI) y salió un concierto para el sábado 18 de mayo en su auditorio. Le avisé esto a mi amigo el cantautor uruguayo Fabián Marquisio, a quien conocí en el Festival Internacional de la Cultura de Sucre. Inmediatamente organizó un concierto conjunto en su ciudad, Maldonado, para el domingo 19 de mayo. Y otro en Colonia.

De pronto llegó una mala, se cayó el concierto del 16 en la Jauretche. Los docentes y estudiantes argentinos van a paro movilizado ese día contra las políticas privatizadoras de Macri. “¿Qué hacemos, Papirri?, estaremos marchando”, decía preocupado Juan Pastor. “Pasemos el concierto para el martes 21, vuelvo volando por barco y le cascamos”, le dije en metafísica. “Ok”, respondió en porteño. Entonces, apareció otro ángel del camino, una hermana migrante en Argentina, Claudia Rivera, gestora cultural y comunicadora. “Papirri, esa fecha del 16 tienes que tocar para nosotros, lo hagamos en nuestro Pub, se llama Virus, es en Flores, en Capital Federal, nuestra zona es”. A esto se sumó otro gran tipo migrante, el comunicador Rolando García, en cuatro días armaron este concierto. Así se fue montando esta girita loca por el Río de la Plata, sin motivo, como todas las cosas que hago. El asunto es que el 16 y el 22 toco en Buenos Aires, en Virus y en la UNAJ; el 17 en Colonia, Uruguay; el 18 en Montevideo, y hoy, cuando lees esto, estaré tocando en Maldonado. Por lo menos servirá para desempolvar el alma, respirar aire de mar, recordar a mis padres, tener insumos para crónicas, y ver si mis canciones llegan a los hermanos argentinos y uruguayos. A la vejez, viruela.

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