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Regalo de bodas

Una pareja, una fotógrafa y un guía cuentan el periplo de hacer fotos de posboda en el Huayna Potosí.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

02:34 / 05 de septiembre de 2018

Era el amanecer del domingo 9 de julio de 2017 cuando Camilo Rendón caminó por la nieve crujiente de la cúspide del Huayna Potosí para arrodillarse ante su novia Flavia Cruz. Ahí abrió la pequeña caja que contenía el esperanzador anillo de compromiso. De esa manera comenzó esta historia de amor y aventura que no terminó solamente en el matrimonio, sino que siguió cuando los ahora esposos volvieron a la cima del nevado y llevaron a cabo —el  11 y 12 de agosto— una sesión de fotos de posboda.  

La petición de mano se hizo conocida a través de imágenes y videos que se viralizaron en las redes sociales, por lo que varios medios masivos difundieron la noticia. “Aparte de que los dos compartimos un gusto por la aventura y escalar la montaña, muestra todo lo que una relación debería tener: dificultades, el esfuerzo en conjunto, saber parar y saber continuar; pero, sobre todo, un fin común, que es alcanzar una misma cima juntos”, comentó Camilo en su muro de Facebook.

Entre las personas que vieron las publicaciones estaba la paceña Magdalena Tola, quien se especializó en producción de fotografías de bodas y desde 2016 buscaba los modelos para trabajar en un nevado. Por ello, cuando vio la imagen de Camilo postrado a los pies de Flavia, supo de inmediato que los había encontrado.

Después de contactarlos, Magdalena los citó en un café para proponerles hacer fotografías de posboda. “Les gustó la idea, porque Camilo pidió la mano de Flavia en la cima del Huayna Potosí y les interesó volver al mismo lugar”, rememora.

Mucho antes de inmortalizar los enlaces matrimoniales en fotografías, las parejas debían posar varias horas para que un artista creara una pintura, lujo que era exclusivo para la nobleza y la alta burguesía, indica una reseña de la web Fotovisión. La reina Victoria y el príncipe Alberto, de Inglaterra, fueron protagonistas de la probablemente primera fotografía de boda, publicada en 1854, aunque, en realidad, se trataba de una imagen lograda posboda, porque el retrato fue tomado 14 años después de que la pareja se casara.

Al recibir la respuesta afirmativa, Magdalena planificó el ascenso y comenzó con la contratación de Sergio y Juvenal Condori Vallejos como guías, debido a  que son expertos escaladores de montañas. A pesar de que era temporada alta de visitantes, en la reunión de coordinación se definió que la subida al Huayna se realizaría a mediados de julio. No obstante, en este tipo de aventuras se deben tomar en cuenta tres aspectos —explica Sergio—: el terreno, el factor humano y la meteorología. En este caso falló el último elemento, pues cayeron copiosas nevadas en el occidente del país. Sergio revisó toda la noche las páginas que informan del pronóstico del tiempo, la comitiva esperó hasta último momento, pero el cielo plomizo los convenció de que no era el momento adecuado para emprender el viaje. “No es chiste, no es como ir a El Prado; subir a la montaña con equipos y con los novios era muy comprometedor”, reflexiona.

Con la venia de todos, la expedición fue reprogramada para el 11 y 12 de agosto, por lo que se tomaron en cuenta todos los factores, con el fin de que no hubiera más imponderables. Semanas antes, Magdalena subió al nevado para hacer un croquis de los lugares donde iba a tomar las imágenes, mientras que Sergio consiguió que los esposos Pedro y Pascuala Quispe, además de su hijo Iván, aceptaran ser los porteadores del grupo, es decir los encargados de llevar la comida, la ropa y los equipos necesarios para subir a la cúspide.

En esta ocasión, el tiempo fue benigno, sin lluvias ni nevadas, así es que, a las 10.00 del sábado 11, un minibús blanco transportó a los esposos Camilo y Flavia, a Magdalena, a los guías Sergio y Juvenal, y a la familia Quispe al campo base del Huayna Potosí (ubicado a 4.620 msnm).

Como la mayoría de las delegaciones, el grupo arribó aproximadamente a las 16.00 al campo alto (5.130 msnm), cenó y durmió hasta la medianoche, pero, en comparación con los demás, que salieron a la 01.00 para alcanzar la cima al amanecer, el equipo de la posboda partió a las 03.30 con la intención de ser los únicos en estar en la cúspide del nevado.

“(En la ascensión) me acordé de mi anterior subida; obviamente, sin el peso (anímico) de llevar el anillo esta vez, pero con los nervios de que se hicieran buenas fotos y de que todo quedara de acuerdo con las expectativas”, recuerda Camilo. “En mi segundo ascenso he apreciado detalles que no había visto antes. He disfrutado mucho de los paisajes”, cuenta Flavia.

Después de casi siete horas de caminata —tiempo en que se mezclaron el frío intenso de la subida con el calor del sol que con el transcurrir del tiempo se acercaba cada vez más sobre ellos—, el novio cambió el casco, la chamarra y los guantes impermeables por una camisa blanca, una corbata y su traje oscuro, mientras que la novia salió de la carpa con el vestido blanco del matrimonio con el que se había casado en mayo.

En la cúspide del Huayna Potosí (6.088 msnm), el cielo despejado y el sol pleno permitían contemplar la dentellada infinita de cerros, que en esta ocasión fueron los invitados especiales de una sesión de posboda, que comenzó hace un año con un anillo de compromiso y continuó con un sincero: “Sí, acepto”.

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