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Reciclaje sobre ruedas

En El Alto, Valentín Apaza le da nueva vida a las llantas usadas convirtiéndolas en cómodas sillas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

23:22 / 06 de junio de 2018

La casa de Valentín Apaza podría pasar desapercibida en la inacabable avenida Franz Tamayo —en la zona Tahuantinsuyo—, a no ser porque afuera está exponiendo dos sillas hechas de llantas usadas y troncos de eucalipto, como un ejemplo de que se pueden reutilizar los residuos sólidos en El Alto.

Cada año, más de 1.000 millones de neumáticos llegan al final de su vida útil en todo el mundo, señala un artículo de Elena Sanz para Muy Interesante. Una pequeña cantidad de éstos se encontraba en los talleres, en especial llanterías, cercanos a la vivienda de Valentín. Hasta hace un año no era raro observar columnas de cuatro o cinco llantas viejas, que los niños se encargaban de deshacer para ponerlas a rodar por las calles y dejarlas donde fuera.

En ese tiempo Valentín se dedicaba a lavar automóviles, pero la carencia de agua ocasionó que dejara el oficio. “Hay que preservar el agua, por ese motivo ya no lo hago”. Vestido con una chompa de frisa anaranjada que le sirve para aguantar el frío de otoño, se encuentra de pie en el ingreso de su tienda, que por las dos filas de neumáticos parece una llantería. Por esa razón, cada cierto tiempo se detiene un vehículo para preguntarle si puede cambiar o aumentar aire a las llantas.

Como desde su casa observaba que los menores dejaban los neumáticos en la calle, el exlavador de autos caviló acerca de cómo podría dar una segunda vida a estas circunferencias de goma, “porque debíamos darles otro uso”.

Al hombre de 44 años —nacido en Carabuco (provincia Camacho)—, de repente se le ocurrió que podía armar unos asientos con los desechos de caucho. Junto a sus hijos Bryan (18 años) y Brandon (19), lo primero que se le ocurrió fue juntar dos neumáticos y poner una tabla encima, como una mesa pequeña, “pero no daba como para sentarse, era muy rígido e incómodo”. Desde junio hasta noviembre del año pasado, Valentín perfeccionó su creación. Primero aprendió que las mejores llantas para su proyecto son las de aro 15 o 16, porque “si fuera aro 14 sería muy pequeña la silla y ya no entraríamos”.

Luego tomó uno de los cuchillos que había en la cocina, acortó su tamaño y le sacó filo, con el fin de utilizarlo para cortar cintas de la goma que no utiliza, lo que le ha generado cicatrices en las manos como recuerdos de su aprendizaje.

Con esas cintas forma una especie de red en la parte interna del neumático y las sujeta con tornillos, para que de esa manera sirvan de soporte al peso del usuario. Lo que consigue hasta ese momento es un banco sin respaldo, por lo que el inventor se las ingenió para usar las llantas de motocicleta como espaldar.

Un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que la recolección de residuos sólidos en las ciudades capitales más El Alto llegó a 1.426.988 toneladas en 2016. La mayor cantidad proviene de los domicilios (1.185.712 toneladas), seguido por los mercados (139.799 toneladas), industria y mataderos (61.312 toneladas), áreas públicas (28.854 toneladas) y hospitales (11.311 toneladas).

Con datos del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, Mariko Watanabe, representante de la Agencia de Cooperación Japonesa (JICA) en Bolivia, dice que un boliviano genera un promedio de medio kilo de residuos sólidos por día, y se prevé que para 2030 se llegue a 1,42 kilogramos.

Parte de esos desechos son llantas usadas, las que suelen ser quemadas, lo que genera monóxido de carbono y dióxido de carbono. Este último compuesto se queda en la atmósfera, lo que ocasiona que aumente la temperatura. El monóxido de carbono, por su parte, disminuye la capacidad de absorción de oxígeno en la sangre, explica la médica Clara Sandóval en la web española Green Área.

“Es un polímero que ha sido utilizado para un fin primario; una vez que ha perdido su objetivo ya no le sirve a nadie”. A nadie, excepto a Valentín, quien en noviembre de 2017 acomodó sus primeras sillas en la pared de ladrillo de su casa.

Desconoce la identidad de quien fue el primero, pero recuerda que una persona se acercó una mañana para preguntar si los muebles estaban a la venta. “Primero hice una silla para sentarnos; luego, cuando la vendí, saqué uno más y, al final, hago según lo que estoy vendiendo”.

En comparación con el año pasado, cuando las llantas estaban botadas en la calle, ahora Valentín no halla ninguna. “Antes me regalaban, llevátelo todo me decían”. Pero ahora las tiene que comprar. “Me han pedido una silla a cambio, pero les digo que prefiero comprarles nomás, porque me sale más barato”.

Siempre optimista y con una sonrisa, Valentín pide que le ayuden a conseguir llantas, en especial las de motocicleta, para seguir trabajando, pues decidió apostar por las llantas usadas, a las que transformó en una posibilidad de supervivencia.

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