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Puerto Chaguaya, evocaciones del rey del zinc

Máximo Pacosillo y el capitán Iván Escóbar recuerdan la época en que del embarcadero salían toneladas de mineral.

Puerto Chaguaya. Foto: Luis Gandarillas y Batallón de Comandos Anfibios

Puerto Chaguaya. Foto: Luis Gandarillas y Batallón de Comandos Anfibios

La Razón (Edición Impresa) / Naira C. de la Zerda

00:00 / 06 de diciembre de 2017

En su etapa de esplendor, por Puerto Chaguaya pasaban hasta 7.000 toneladas de zinc al mes, pues la mina Matilde era el mayor productor de este metal en el mundo. De ello solo quedan la pasarela y la plataforma del muelle, fierros oxidados de las máquinas y planes de convertir a la población en un sitio turístico.

“El desembarcadero tenía una cinta transportadora eléctrica que llevaba el mineral directo a los almacenes de los navíos Ollanta y Manco Kapac”, recuerda Máximo Pacosillo —oriundo del lugar y autor del libro Puerto Chaguaya, reseña histórica— mientras recorre el muelle ahora casi abandonado, rodeado por enormes depósitos vacíos, construcciones irreconocibles, paredes sin techo ni piso y escombros.

Puerto Chaguaya —el nombre que comparten el malecón y la población que queda a 150 kilómetros de La Paz, a orillas del lago Titicaca— fue salida del zinc extraído de la mina Matilde, que hasta 1952 era la predilecta de Mauricio Hochschild, el empresario minero judío-alemán conocido como uno de los “Barones del Estaño”.

La gloria de Matilde sucedió después, cuando la cantera era administrada por la norteamericana Mina Matilde Corporation, entre 1969 y 1971. “Tenía siete años cuando los estadounidenses llegaron al pueblo. He visto la construcción del campamento, del puerto y la llegada de la maquinaria a Matilde. Antes de ello, para estudiar la secundaria teníamos que ir a Carabuco o a Cojata Pampa, pero la empresa construyó el colegio y estudiar fue más sencillo”, rememora Pacosillo.

Bocamina. Cerca de la galería de Mina Matilde existe gran cantidad de restos de lo que fueron los almacenes de zinc, plomo y plata.

Iván Escóbar, comandante del Batallón Comandos Anfibios y que nació en Puerto Chaguaya, no olvida la cantidad de juguetes que llegaban a la pulpería del campamento para Navidad. “Siempre teníamos los mejores regalos; después, cuando empezaba el colegio, nos daban cuadernos, carpetas, hojas y lápices. En la escuela nada faltaba y teníamos muy buenos profesores”, relata el militar que ahora lidera uno de los equipos de la Armada Boliviana que se encuentra asentado en la población lacustre.

Durante esa etapa había tanto trabajo, que se tuvo que traer mano de obra del interior y exterior del país, con un apogeo económico que también desarrolló actividades de recreación; los partidos de fútbol eran constantes, tanto así que se formaron diferentes clubes, y todos los días había proyecciones de películas en el cine-teatro, que ahora luce el color camuflado de las instalaciones militares.

El gobierno de Juan José Torres nacionalizó la mina en 1971, acontecimiento que Pacosillo define como “el comienzo del fin de esa linda época”. Por un tiempo, durante la administración de la Comibol, se mantuvo el apogeo, que produjo hasta 7.000 toneladas de zinc, pero en 1986 llegó el declive, cuando se detuvieron las actividades y comenzó la “relocalización”, que ocasionó el despido de gran parte de los trabajadores y el consiguiente éxodo de las familias hacia La Paz y El Alto, principalmente.

Los mineros cooperativistas aún trabajan en la extracción de zinc.

El comandante tenía entonces 12 años y formó parte de la caravana, mientras que Pacosillo se quedó como testigo del saqueo y desmantelamiento del campamento y del yacimiento. “De las casas se llevaron las puertas, las ventanas, el piso, los roperos empotrados, todo. En el puerto dejaron solo el esqueleto. Se adueñaron de la maquinaria, destrozaron el ingenio y nunca se supo qué fue de eso”.

Cruzar la pasarela del muelle, de donde salían los buques de hasta 16 toneladas  —que transportaban zinc, plomo y plata hacia Puno, Perú— , es un peligro, con tablas sueltas y rotas, aunque los armazones vacíos de la cinta transportadora y del resto de la maquinaria permiten imaginar la imponencia de su pasado.

Para detener la depredación, el Gobierno puso los predios en custodia de las Fuerzas Armadas: el puerto se mantiene bajo la vigilancia de la Capitanía de Puerto Chaguaya, mientras que el Batallón de Infantería Marina IV Alianza (BIM IV Alianza) se asentó en lo que fue el campamento, para cumplir tareas de resguardo de la frontera con Perú, y desde 2001 comparte sus instalaciones con el Batallón de Comandos Anfibios, una unidad élite de operaciones especiales. “Mi batallón tiene la misión de formar personal en operaciones especiales que se realizan en aire, tierra y agua. Por eso nuestra ubicación en Puerto Chaguaya, cerca del lago, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, es estratégica para  el entrenamiento”, explica Escóbar.  

Rutina. La plaza principal del pueblo muestra que hay muy poca actividad.

Pacosillo teme que los vestigios del esplendor del zinc desaparezcan, que el tiempo borre de la memoria de la gente que Puerto Chaguaya fue el rey del zinc, por lo que dedicó su tiempo a escribir un libro sobre su pueblo. Pero además quiere convertir estas reliquias en un circuito turístico que muestre, además de las riquezas del pueblo, las aguas termales de Kollan Uma, los tesoros coloniales de Carabuco y las colinas que forman el “Dragón dormido”, en Quilima.

Razones parecidas llevan a Escóbar a dar más actividad al puerto junto a su batallón y la llegada ocasional del Buque Multipropósito de la Armada; pero además espera construir instalaciones mejor equipadas para el Centro de Instrucción de Comandos Anfibios (CICA), que también está a su cargo, gracias a que el pueblo ha manifestado su intención de ceder cerca de 22 hectáreas aledañas al Puerto Chaguaya.

El dirigente minero y vecino Rodolfo Flores dice que los 250 socios de la Cooperativa Minera Matilde solo extraen entre 80 y 100 toneladas de zinc por mes, por lo que estos proyectos pueden mejorar la economía del pueblo y las comunidades.

Si bien los planes de Máximo Pacosillo y el comandante Escóbar tropiezan con la insuficiente atención de las autoridades y los problemas legales sobre la pertenencia de los predios cercanos al puerto, el interés de ambos da esperanza de que cambie la suerte de Puerto Chaguaya. Para quienes nacieron allí no pasa desapercibida la importancia histórica y el potencial turístico del pueblo, el puerto y los alrededores de la mina, de tal forma que, tal vez, con trabajo y esfuerzo, volverá la energía que alguna vez despertó la minería, aquella que lo erigió como rey.

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