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Pueblo de dinosaurios

Torotoro es un municipio potosino que promociona su herencia cretácica con esculturas en edificios

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 28 de noviembre de 2018

No es casualidad que un carnotauro (Carnotaurus sastrei) de cinco metros de largo y tres metros de altura —que vivió en América del Sur hasta hace aproximadamente 66 millones de años— esté en medio de la plaza principal de Torotoro, pues alojamientos, un museo, tiendas y el edificio de la Alcaldía tienen como punto común los dinosaurios.

Este temible carnívoro y otros de su especie moraron la Tierra en el periodo cretácico (que comenzó hace 145 millones de años y culminó hace 66 millones), que se caracterizó por el inicio del desmembramiento del supercontinente Pangea, por climas cálidos y lluvias constantes que ocasionaron que el nivel de las aguas ascendiera continuamente e inundara incluso zonas desérticas.

Este periodo concluyó con la desaparición de la mayoría de los dinosaurios y el 75% de la vida del planeta por la caída de un enorme meteorito. Parte de esta información está grabada en rocas del Parque Nacional Torotoro en sus más de 16.500 hectáreas de superficie, que es visitado por científicos y turistas que desean saber más de este periodo geológico y las riquezas que están en la capital de la segunda sección de la provincia Charcas, al norte de Potosí.

Después de casi cinco horas de viaje por un camino inestable de tierra —ya que se está asfaltando el tramo entre la ciudad de Cochabamba y Torotoro—, lo primero que llama la atención al llegar al pueblo es la cabeza de un tiranosaurio rex sobre la puerta principal del coliseo cerrado, antesala de lo que el turista verá en su visita.Ubicado en medio de un terreno sinclinal —una especie de canaleta gigantesca—, el pueblo mantiene sus casas de barro con techos de teja  y calles empedradas. Al seguir caminando, el visitante se encuentra con una plaza principal que, además del carnotauro, tiene como principales elementos estéticos crías de dinosaurios que están saliendo de huevos y pterodáctilos que cuelgan en los árboles. Una cuadra más arriba llama la atención el edificio de dos pisos, con estilo republicano, donde la cabeza de un tiranosaurio rex  sobresale de los vidrios centrales. Es el Palacio Consistorial del Gobierno Autónomo Municipal de Torotoro, que ha tomado conciencia sobre la importancia de la llegada de turistas a esta región potosina.

“Se está trabajando con la idea de posicionar al municipio como tierra de dinosaurios en el ámbito nacional e internacional”, afirma Javier Camacho, responsable de Turismo de Torotoro.

Con esa idea, la infraestructura se asemeja a un museo paleontológico, con un enorme pterodáctilo (un reptil volador) que parece estar aterrizando en el lugar. Entretanto, en las paredes hay recreaciones de esqueletos de dinosaurios y pequeñas cuevas con estalactitas y estalagmitas.

Desde que en la década de 1970 fueron descubiertos cavernas y restos arqueológicos en los alrededores del pueblo, hasta el momento han sido encontradas alrededor de 3.500 huellas de dinosaurios, señala Camacho.

Es posible que algunas de ellas estén en el Museo Pachamama Wasi (del quechua, que significa “Casa de la Madre Tierra”), donde hay miles de piedras que muestran la riqueza lítica de la región.

Hace 60 años, el torotoreño David Gonzales recorrió toda el área en busca de pedruscos que le llamaban la atención. Hace 30, cuando este abogado reunió el material suficiente, convirtió su casa en un repositorio. “Cada piedra es particular y responde a la imaginación de quien las ha recolectado”, explica Ximena Salinas, actual responsable del museo, donde hay piezas con formas parecidas a una muela, otra que es similar a una plancha, un búho, un corazón o una dama de inicios del siglo XX, todo de acuerdo con la fantasía de cada visitante.

Con excepción de la sala de recepción, el dormitorio principal y los baños, las paredes y techos tienen pegados piedras de diversos colores y formas, donde los entendidos en paleontología pueden observar fósiles de trilobites (artrópodos extintos que son fáciles de reconocer) y amonites (moluscos), además de caracoles, conchas marinas y plantas.

Para los más exigentes, la exposición continúa con huellas de dinosaurios carnívoros y herbívoros, y una estrella de mar, “lo que nos confirma que Torotoro era un lecho de mar”, sostiene Salinas.

En un inicio, Gonzales recolectó este material sin saber de su importancia, hasta que el Decreto Supremo 22267, del 26 de julio de 1989, dio origen al Parque Nacional Torotoro, con el objetivo de proteger la zona para llevar a cabo investigaciones y convertirlo en lugar de recreación. “Tenemos siete circuitos abiertos y, aparte, hemos encontrado mucho potencial desde el punto de vista geológico y espeleológico, como cavernas y huellas de dinosaurio”, señala Camacho.

Quienes prefieran quedarse en el pueblo, en el repositorio de Gonzales, pueden levantar los llamados meteoritos de David, que en realidad son piedras esféricas que tienen adentro varios minerales, lo que los hace más pesados de lo normal.

Por la cantidad de piezas y habitaciones, el recorrido puede durar más de una hora, de acuerdo con la imaginación de cada visitante, aunque después es bueno caminar por las calles tranquilas y “prehistóricas” de Torotoro.

Atractivos que se deben conocer

Un lugar ineludible de visita es la plaza de Torotoro, donde hay esculturas de reptiles voladores, crías de dinosaurios y un carnotauro. Una cuadra arriba, un tiranosaurio rex que parece atravesar los vidrios del edificio es el principal atractivo de la Alcaldía. El museo Pachamama Wasi atiende todos los días (de 08.00 a 12.00 y de 14.00 a 18.00). Este tour forma parte de los paquetes de la operadora de turismo Waliki Adventure. Para más información puede llamar al teléfono 22409883 o visitar el muro Waliki Adventure en Facebook o visitar su oficina (calle Indaburo 848, Casa Portugal).

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