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Paseo por las areas protegidas

El experto en turismo sostenible y fotógrafo aficionado Marcelo Arze muestra imágenes de varios de los parques nacionales de Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

09:16 / 21 de marzo de 2019

Bolivia tiene el privilegio de contar con una diversidad de paisajes, que la hace un lugar mágico”. Marcelo Arze es un aventajado. Como profesional de turismo sostenible, el también profesor universitario y fotógrafo aficionado ha visitado al menos 19 de las 22 áreas protegidas nacionales, desde Manuripi (Pando) hasta el Parque Nacional Eduardo Abaroa (al sur de Potosí).

Para resumir sus experiencias durante 23 años de trabajo, el especialista lleva al lector por un paseo que dura una jornada, desde el amanecer en un ambiente húmedo y frío, pasando por las arenas calientes del Chaco, por un atardecer onírico en las selvas benianas, para terminar en los cerros, desde donde se puede ver el altiplano, el Titicaca y las selvas.

“Cuando abro la carpa después de una noche de incesante lluvia en el Parque Nacional Cotapata, tengo el privilegio de ver los nevados, al mismo tiempo que, en los valles, la humedad de los bosques sube lentamente, hasta llegar al lugar donde habitan los jukumaris y los cóndores”.

“En las primeras horas del día siento que estoy en los desiertos del sur para ver el vuelo de los flamencos, que cuando vuelan pintan el cielo de rosado. También me recuerda la Laguna Colorada, en la Reserva Eduardo Abaroa, donde se reúnen aves y vicuñas para buscar su alimento”.

“A media mañana, cuando el sol comienza a calentar las arenas del Parque Nacional Kaa Iya, en uno de los descansos encontramos a una jaguar que descansa tranquila, lo que contrasta con nuestro nerviosismo al momento de presionar el obturador de la cámara fotográfica”.

“A mediodía, en el Área Natural de Manejo Integrado El Palmar (Chuquisaca), los campesinos cosechan janchicoco, el fruto de la palmera que crece a mayor altitud en el mundo, con el que se prepara una deliciosa llajua o un jugo refrescante para soportar el ambiente cálido”.

“En la tarde podemos estar en el río Iténez, en el Parque Noel Kempff (Santa Cruz), donde las alondras salen del agua para emitir un chillido en señal de saludo, o ver bufeos (delfines rosados) que juguetean entre ellos mientras cazan pirañas”.

“A mitad de la tarde podemos caminar por entre los bosques de queñuas, en el Parque Nacional Sajama, donde las aguas termales sirven de descanso antes de terminar la jornada, en tanto que a lo lejos un suri —de la familia de avestruces— nos observa con sus grandes ojos”.

“Quien ha estado en el Parque Nacional Madidi no puede perderse los últimos rayos del sol, en momentos en que las guacamayas contrastan el brillo de sus alas con la selva que se pinta de esmeralda, en tanto que los ríos de color dorado serpentean en el horizonte. Éste es el tesoro que, tal vez, los buscadores del Paitití querían hallar sin comprender que está escondido en nuestras selvas”.

“En la noche, cuando las estrellas se apropian del cielo, es preciso estar en las montañas, desde donde se aprecia el altiplano y el lago Titicaca, mientras que al otro costado están las selvas más biodiversas del mundo. Ahí, cerca del manto blanco, es buen momento para descansar”.

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