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Okinawa, 110 años del crisol de dos culturas

La comunidad japonesa en Santa Cruz celebró el arribo de los primeros japoneses al país, llegados desde Brasil.

Los bailes japoneses y la emblemática presencia de los tambores como símbolo de buenos augurios. Foto: Marco Curi

Un baile japonés. Foto: Marco Curi

La Razón (Edición Impresa) / Marco Antonio Curi

02:44 / 12 de septiembre de 2018

Hubo festejo doble en el municipio de Okinawa, ubicado a 88 km al noreste de Santa Cruz: los 110 años del ingreso a Bolivia del primer migrante japonés y el 22° Festival de la Buena Cosecha, evento en el que participaron residentes de Riberalta, Trinidad, Cobija y Cochabamba, además de 150 representantes de migrantes de comunidades de Brasil, Argentina, Perú y de la Gobernación de Okinawa de Japón, que rindieron tributos a sus ancestros quienes fueron portadores de desarrollo y progreso para la región.

El 11 de agosto, desde muy temprano se realizó la ceremonia de homenaje a los difuntos, en la que distintas autoridades se acercaron con incienso a un mausoleo con los nombres de sus ancestros, escritos en español y japonés. Ellos, hace más de un siglo, abrieron la senda en su ingreso a Bolivia por los ríos que se conectan con Brasil, la nación que tiene más migrantes nipones de Sudamérica.

La embajadora de Japón en Bolivia, Kyoka Koga, en un discurso en su idioma, recordó la importancia de los precursores de la migración de okinawenses en busca de mejores días. Siguió la visita al Museo Histórico Okinawa Bolivia, que ofrece un recorrido fotográfico sobre la travesía de los nipones que ingresaron por Riberalta en 1908. Entre otros, la exhibición recuerda la fundación del municipio de Okinawa (en 1954) en el primer gobierno de Víctor Paz Estenssoro, líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cuando los residentes fueron beneficiados con la Ley de Reforma Agraria.

Además de utensilios de labranza —azadones y palas—, la muestra ofrece vestimentas, cuadros, enseres de cocina, máquinas de escribir y cámaras fotográficas antiguas y mapas.

Los mausoleos de los primeros colonos japoneses.

Tras ofrecer a los asistentes la tradicional soba —fideos con carne de cerdo y verduras— arrancó a primeras horas de la tarde el acto central de la Buena Cosecha. No fue la única comida: el sushi y el anticucho okinawense destacan junto con el majadito y el picante de pollo.

Toru Higa, presidente de la Asociación Boliviano Japonesa y organizador del evento, comentó que el festival es en homenaje a la Madre Tierra, agradeciendo por los prodigios de la producción de trigo, arroz y soya en la zona.

Higa, nacido en Okinawa Bolivia, y parte de la segunda generación de los migrantes, aseguró que hay un crecimiento integral en el municipio porque hay un trabajo coordinado con los tres niveles de Gobierno, en los ámbitos socioeconómico y cultural.

La danza de la Buena Cosecha, integrada por mujeres, abrió la fiesta; con ella se demuestra el respeto a la naturaleza. Le siguieron los niños, que con la vestimenta de Okinawa danzaron con elegancia. No faltaron los grupos cruceños que ofrecieron ritmos como la chobena, taquirari, brincao y carnavalito. También hubo tinku y diablada, propios de la zona andina. Finalmente, se ganó la admiración de propios y extraños la danza de Los Tambores, en que niños y adolescentes usaron el instrumento de percusión como símbolo del anuncio de la bienaventuranza, la hermandad y el triunfo de esta población, conocida como la capital triguera del país.

La emblemática presencia de los tambores como símbolo de buenos augurios.

Para cerrar el evento hizo su paso el Dragón de Okinawa, danza muy similar a la de los chinos, que simboliza los buenos augurios para la productividad.

Teroyuki Taira, vicepresidente del Comité Organizador del evento, explicó que en la comuna hay una academia de danzas de Okinawa, cuyos pasos fueron transmitidos de generación en generación, entre los que se mezcla belleza y fuerza, simulando una batalla.Según el último censo (2012), la comuna de Okinawa 1, provincia Warnes, cuenta con 12.000 habitantes, de los cuales 800 forman parte de la comunidad okinawense repartida en 130 familias.

Debido a sus atractivos turísticos hay una alianza estratégica con la Marca Santa Cruz de la Gobernación cruceña, por la que trasladó a periodistas e influencers a Okinawa Bolivia para disfrutar de su riqueza cultural y del festival.

Fausto Asako es presidente el Comité de Fomento y Desarrollo de Okinawa, y está orgulloso de que su municipio esté libre de analfabetismo. La educación es bilingüe —español y japonés— y como incentivo a los mejores estudiantes dan becas a través de la cooperación japonesa (Jica) para una especialización, en especial en materia agraria, en el país del sol naciente. “Soy boliviano, pero con corazón okinawense”, se define Asako.

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