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Milagro de la vida

Rachel Flowers nunca supo de limitaciones, se abrió un espacio en el mundo artístico y es un ejemplo de superación en la adversidad

Prodigio. Rachel es multinstrumentista, cantante y compositora, que trabaja principalmente con el jazz, la música clásica y el rhythm and blues. Foto: Internet

Prodigio. Rachel es multinstrumentista, cantante y compositora, que trabaja principalmente con el jazz, la música clásica y el rhythm and blues. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo / La Paz

00:00 / 16 de julio de 2017

Ella es el nuevo milagro de la música. Es no vidente, pero sus ojos fueron cambiados por dos oídos mágicos y hoy, con tan solo 23 años, es la nueva revelación multinstrumentista, además de un ejemplo de superación y de talento. Es la muchacha estadounidense Rachel Flowers, la bella protagonista de una historia que alimenta el alma.

Corría diciembre de 1993, y la hija mayor de los músicos Jeanie y Dan Flowers nació quince semanas antes de tiempo. Entonces los médicos identificaron una retinopatía en la niña prematura y luego de algunos estudios confirmaron que sería ciega. Más allá de los lamentos de sus progenitores, la pequeña empezó a mostrar que ése no sería un límite, pues cuando tenía apenas dos años, su madre le enseñó a tocar Twinkle Twinkle Little Star en el piano y la niña recogió la melodía de inmediato. Pero no solo eso, pues muy pronto ya estaría tocando cada canción que escuchaba al oído; a los cuatro años por ejemplo ya interpretaba armonías y movimientos completos de Bach y Beethoven con tan solo escucharlos en un par de ocasiones. “Su oído era tan exquisito que no soportaba escuchar algo en la tonalidad incorrecta”, dice Dan, su madre.

En la foto de abajo junto al guitarrista Dweezil Zappa en un concierto-homenaje al gran Frank Zappa.

“El disfrute de la música, un regalo para cualquier niño, es en ella un triunfo mágico, místico, del sonido sobre la visión”, agrega su progenitora.Primero fue el piano y luego la flauta. En el Conservatorio de Música del Sur de California se hizo flautista clásica y pianista de jazz. Después llegaron la guitarra, el ukelele, el bajo y el saxofón. En esa temprana adolescencia, Rachel ya era multinstrumentista, cantante y compositora, para empezar a trabajar principalmente con el jazz, la música clásica y el rhythm and blues. Entonces pasó a ser reconocida e inició una seguidilla de actuaciones junto a monstruos como Ray Charles, Stevie Wonder, Quincy Jones, Clark Terry, Herbie Hancock, Herb Alpert, Wayne Shorter y Dweezil Zappa, este último el hijo del gran compositor Frank Zappa, de quien Rachel es una profunda admiradora por su capacidad de improvisación, complejidad y creación interpretativa. No había llegado a los 20 pero ya tocaba el cielo con las manos.

También empezó a recibir certificados y premios como flautista clásica y pianista de jazz, incluyendo el Premio de la Banda John Phillip Souza, el Premio Semper Fidelis del Cuerpo de Marines de Estados Unidos por la excelencia en su musicalidad, además de obtener en 2011 el primer lugar en el Student Jazz Competencia.

También es una fanática del rock y de los aparatos analógicos de los 60 como los que usaba Keith Emerson.

En noviembre presentó su primer álbum, Listen, que incluye ocho canciones escritas y arregladas por ella, donde se mezclan el jazz y la música clásica, dos de sus principales influencias: “De la clásica me gusta su estructura, pero el jazz es cómo siento la música”, refiere la artista que fue contactada por el cineasta Lorenzo DeStefano, quien le propuso filmar un documental sobre su vida que lleva por título Hearing is believing, el cual es un éxito mundial.

“Primero encontré a Rachel revisando en YouTube como ha hecho mucha gente, porque es uno de los lugares donde realmente ella está. Buscaba diferentes versiones de algún ELP, la banda británica Emerson, Lake & Palmer y de repente encontré un video suyo. Enseguida me di cuenta de que había visto muchas versiones antes, pero ésta era mucho más que una versión. Luego leí la descripción y me percaté de que era ciega. Pero aún estaba sorprendido por la interpretación, la emoción y el sentimiento de la misma. Era como si ella fuera la persona que hubiese escrito la música y la interpretaba originalmente”, cuenta en la película Brian Hutchison, técnico de piano en Seattle.

Lo que había comenzado como una pequeña historia, sobre una pequeña persona, en una pequeña casa, en un pequeño pueblo, se convirtió en una gran descripción de perseverancia, talento, familia. “Rachel es una joven artista que ha tenido un rápido desarrollo pero que todavía no es lo suficientemente conocida. El primer propósito del documental es que la gente conozca su historia y la ayude a lanzar su carrera. Esperamos que la película le abra muchas puertas”, dice DeStefano. Se trata, sin duda, de una historia de superación constante. Con la magia de la música de por medio.

Versátil. Desde los cuatros años, Rachel interpreta clásicos de Bach y Beethoven.

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