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María Borda, una boliviana en el Ártico

De padres bolivianos creció en Suecia y vivió en diferentes partes del mundo, pero un lugar que la enamoró fue la tundra en el ártico, donde convivió con el pueblo indígena Sami y fue madre.

María Borda. Ilustración: Frank Arbelo

María Borda. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre / La Paz

00:50 / 22 de noviembre de 2017

A los días de nacida, los padres de la boliviana María Borda la llevaron a vivir a Suecia. En el norte de Europa creció cautivada por las historias que le contaban sobre los pueblos indígenas del ártico. “Desde chiquita he tenido una fascinación por el ártico y siempre jugaba a que vivía ahí. Mis primeros libros eran sobre el pueblo inuita y mis playmóbiles favoritos eran los de esa cultura, con sus iglúes”. María hoy tiene 40 años, aunque aquel sueño se hizo realidad a sus 22 años: no fue a Groenlandia, pero sí a vivir al ártico noruego con el pueblo indígena sami. “El ártico es el amor de mi vida”.

Tras estudiar moda en Londres (Inglaterra), se dio cuenta de que no era el lugar para hallar lo que buscaba y decidió irse a Noruega. “Allí vivía mi padre y conocí a una persona que era parte de los samis, que es el pueblo indígena de Escandinavia, que comprende Noruega, Finlandia, Suecia y parte de Rusia”. Los samis se dedican al pastoreo de renos y tienen una vida seminómada que encantó a María. “Es un lugar muy hermoso, la luz es un factor especial, se tienen tres meses de oscuridad total y otros tres de luz plena. Hay una luz rosada que ilumina la nieve, la vida es tan tranquila... Ellos viven en casas, pero cuando se van a la tundra o montañas viven en carpas; se hace fuego adentro, se duerme en pieles y tienen un canto, el más antiguo de Europa, llamado yoik, y con él cuentan sobre las personas, animales y lugares”.

Así pasaron 12 años en los que se casó con un miembro de los samis y tuvo un hijo que nació en 2009. Además estudió Antropología, lo que la llevó a cuestionarse sobre su propia identidad como una boliviana que creció fuera. “Leía sobre tantas culturas y vivía con gente indígena que sabe perfectamente quién es y yo no sabía quién era. ¿Una boliviana que creció en Suecia? La comunidad boliviana allí crea una identidad homogénea basada en escuchar a Los Kjarkas, tener aguayos en sus sofás y bailar caporales. Con mi familia nunca hicimos eso y quería descubrir qué era realmente ser boliviana porque una vez había visitado Rurrenabaque y estaba fascinada”.

En 2015 se instaló en Bolivia, tras haber vivido en Inglaterra, Italia, Hawái y Vietnam. “Acá empecé a entender que hay muchos tipos de bolivianos y uno puede ser boliviano de diferentes maneras. Me gusta mucho mi país y quiero que mi hijo crezca en este lugar”.

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