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Johnny Marcelo Alonzo Arce, la seguridad del juzgado

El policía se encarga de la seguridad de las personas que trabajan o acuden al edificio del Tribunal Departamental de Justicia de Oruro.

Johnny Marcelo Alonzo Arce, la seguridad del juzgado. Ilustración: Frank Arbelo

Johnny Marcelo Alonzo Arce, la seguridad del juzgado. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Juan Mejía / Oruro

00:00 / 12 de julio de 2018

A sus 49 años es el agente policial de seguridad física más importante del Tribunal Departamental de Justicia (TDJ) de Oruro. Johnny Marcelo Alonzo Arce tiene el cargo de Clase Supervisor y bajo su mando trabajan 15 efectivos policiales. Brinda seguridad en el edificio central y los juzgados dispersos, además tiene bajo su control los depósitos de dinero de Derechos Reales en el Banco Unión.

“Llegué hace ocho años al TDJ, para entonces tenía el grado de sargento segundo, gracias al comando y al Batallón de Seguridad que han hecho lo posible para esta designación, fue un buen aliciente. Cuando llegué en 2010 apenas había seis efectivos, pero adquirí los conocimientos en los servicios de seguridad en cada uno de los procesos, que a la fecha han crecido y había nomás que solicitar más personal”.

Hoy tiene bajo su mando a 15 efectivos de seguridad. En la carceleta judicial custodia a los aprehendidos por la Fiscalía, narcóticos, tránsito, juzgados de menores que funcionan en lugares dispersos, quienes son conducidos allí para sus medidas cautelares, juicios orales, apelaciones, acciones de libertad. “Es un trabajo de lunes a domingo, los fines de semana coordinamos con los juzgados de turno”.

Alonzo recuerda particulares momentos de inseguridad, como los avasallamientos con movilizaciones de miles de personas de los Sin techo y Pumas andinos, que llegaban frente al edificio cuando se realizaban las audiencias. Cuando ocurrió el asesinato de la niña Jessica, del colegio Alemán, toda la ciudad se volcó al juzgado y había que contenerla. “Hemos resguardado a los jueces que en algunos casos han sido agredidos física y verbalmente, a los abogados defensores de las víctimas. La gente no mide consecuencias. En otras oportunidades los guardias también hemos sido blanco de la gente, pero somos de seguridad y tenemos que estar donde se dan los procesos”, explica.

Por las celdas del juzgado ha pasado mucha gente. “Es doloroso verlos, aún más cuando se trata de nuestros parientes, ellos también han llegado aquí, los hemos conducido a las audiencias. Es nuestro trabajo, es un trato sin privilegios”.

Alonzo aprendió a soportar la presión de la gente y a no reaccionar cuando hay insultos o amenazas. Así, en ocho años de servicio no ha tenido que usar su arma.

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