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Islas ABC, encanto caribeño

En Aruba, Bonaire y Curazao están algunas de las mejores playas del mundo que se abren al turista boliviano.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas Saldías

00:00 / 16 de octubre de 2019

La trinidad divina del Caribe Sur la conforman las islas ABC: Aruba, Bonaire y Curazao. Siendo las más occidentales de las Antillas Menores —pertenecientes al Reino de los Países Bajos— se encuentran frente a la costa del estado venezolano de Falcón y ofrecen algunas de las playas más apetecidas del mundo, con aguas cristalinas y tibias que a los lejos se tornan turquesas; arena fina y blanca; y un óptimo clima tropical durante todo el año.

Las facilidades y opciones para el turista boliviano son múltiples: en las tres islas se habla papiamento —una mezcla de español y afroportugués—, inglés y neerlandés, por lo que comunicarse nunca es un problema. El dólar estadounidense es la moneda oficial, aunque aún se puede encontrar como reliquia algún florín caribeño que servirá como recuerdo. Hoteles, tours, gastronomía y entretenimiento forman parte de la oferta de la región.

El ABC caribeño comienza con Aruba conocida como la ‘Isla feliz’. Ubicada a 25 kilómetros al norte de la península de Paraguaná, al noroeste de Venezuela y al sur del mar Caribe, es la más conocida de las tres islas. Su capital, Oranjestad, recibe a los visitantes con edificaciones al estilo holandés, con colores pasteles y la característica alegría caribeña.

La gente es muy amable, lo que no es casual, la mayor fuente de empleos de los habitantes es el turismo. Para el boliviano, acostumbrado a luchar contra los coches para cruzar las calles, le sorprenderá lo internalizado que tienen los arubeños el concepto de “siempre primero el peatón”, cuyos conductores andan pendientes del mínimo movimiento de los turistas.

Entre las facilidades que ofrece esta isla está el servicio de buses, que cobra cuatro dólares por un viaje de ida y vuelta. Éste se mueve por la zona de hoteles, con un servicio cada 15 minutos, desde las 5.45 hasta las 18.00, hora desde la que parten cada 40 minutos hasta las 23.30. La estación central de autobuses está en el centro de Oranjestad, junto a la terminal de cruceros y al lado del Royal Plaza. En los buses se puede llegar hasta las cotizadas playas de Palm Beach o Eagle Beach, con aguas turquesa rodeadas de cocoteros. El alquiler de una silla de playa está a 10 dólares, aunque también hay casilleros donde puedes dejar la mochila por 2 dólares la hora. Caso aparte es Baby Beach, que se caracteriza por sus aguas transparentes que tienen un máximo de 5 metros de profundidad. 

Finalmente, en la costa norte de Aruba está la famosa piscina natural de Kadi y las granjas ecológicas de aloe vera, producto bandera que se ofrece en múltiples formas.

La B es de Bonaire. Allí te recibe el aeropuerto Flamingo, en la capital Kralendijk, que significa ‘arrecife de coral’ en neerlandés y ‘playa’ en papiamento. La arquitectura colonial se mantiene con sus colores, en calles pintorescas en que alternan comercios de la región con las marcas de transnacionales. Con playas más rocosas y menos profundas, pero con aguas diáfanas, es un paraíso para el buceo, el esnórquel y la observación de fauna marina. Eso no quita que sea ideal para disfrutar de las playas, como Pink Beach, de arenas rosadas.

Si el visitante se cansó de playas, puede  recorrer las casas de esclavos para conocer la historia de la isla o visitar el Donkey Sanctuary Bonaire, santuario de burros.

Cierra la C, con Curazao. Unas simpáticas aves musicales que posan para los turistas te reciben en el puerto de Willemstad, donde los colores presenten en las otras islas despliegan aquí su máximo esplendor. La ciudad —de orígenes africanos, españoles, portugueses y holandeses— está dividida en dos distritos —Punda y Otrabanda— unidos a su vez por el puente giratorio de la Reina Emma. La historia está presente en sus edificios, como el museo Kura Hulanda, que retrata la reubicación forzada de africanos en América y el Caribe por parte de los europeos del siglo XVII hasta el XIX. Para nunca olvidar.

Cuevas, playas de ensueño, arte rupestre, parques naturales y exquisita gastronomía —la sopa Erwtensoep, con arveja,  cerdo y salchichas; el Nasi goreng, frijoles con carne y pollo;o el Saté, brochetas de carne con salsa de maní— complementan la oferta turística de Curazao, que también se caracteriza por sus noches de fiesta y por una copa de la emblemática bebida nacional, el licor de Curazao. ¡Salud!

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