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Ilusiones sobre ruedas

Tres generaciones que se dedican a hacer miniaturas muestran su taller en El Alto.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

16:31 / 17 de enero de 2019

A pesar de estar cerca de los 90 años, Santos Paty sostiene la lija con firmeza para dar forma al pedazo de madera que dentro de poco se convertirá en un camión, una camioneta o un bus interdepartamental. Son 40 años desde que comenzó a construir autos para la Alasita y heredó el arte a sus hijos, en especial a Hernán, quien ha convertido la casa familiar en una fábrica de ilusiones sobre ruedas, con PumaKataris y Wayna Buses como novedad para la fiesta de la miniatura.

Es una especie de tradición que la familia Paty esté ajetreada a inicios del año, ya que faltan unos cuantos días para la inauguración de la Alasita. En un callejón de Tejada Triangular, en El Alto, Hernán funge como director de la factoría, pues coordina el trabajo con su padre y con su hija Nicole, quien a sus 15 años está aprendiendo a trabajar la madera para convertirla en autos pequeños.

Su taller se encuentra en una habitación pequeña, una especie de paso obligado para ingresar a los dormitorios. De manera estratégica, tres mesas están en las esquinas, mientras que varios mostradores guardan decenas de proyectos de madera que esperan ser terminados.

“No he aprendido de nadie, he empezado de puro curioso”, cuenta Santos, un hombre casi nonagenario que moldea el material como los primeros años que se dedicó a hacer artesanías.

Hace cuatro décadas aprovechaba su tiempo libre para observar en la calle los vehículos que pasaban cerca de él. Los estudiaba y memorizaba las líneas rectas y curvas. Cuando llegaba a su casa, de inmediato tomaba un lápiz y comenzaba a dibujar figuras geométricas en hojas de papel o en pedazos de cartón.

“Primero hago un cuadrado largo”, explica en una hoja de papel sábana. No puede oír las preguntas, debido a que está sordo y solo escucha un poco por el oído derecho, así es que continúa con su exposición sobre cómo empezó a construir sus primeros camiones. “La primera vez me ha salido bien, pero no era tan fino, así es que he armado otro auto. Otra vez he mirado cómo son y otra vez he dibujado”.

Los hijos mayores de Santos quedaron impresionados por sus obras, así es que desde entonces se dedican a hacer autos en miniatura para la Alasita.

Los primeros recuerdos de Hernán están ligados a los inicios de la década de los 80, cuando sus papás le llevaban al puesto de venta, cuando la exposición de artesanías se llevaba a cabo en la plaza San Francisco o en la avenida Tejada Sorzano.

Cuando a sus siete años ayudaba a colocar llantitas, vidrios y chinches para adornar los juguetes, su padre le enseñó que los autitos debían estar bien hechos porque tenían que resistir el peso de los niños que los utilizarían para jugar. Debían durar toda la vida. “Los papás valoraban lo que compraban porque era un sacrificio y los hijos cuidaban sus juguetes”, dice.

La otra razón para que colaborara en el trabajo era que aprovechaba en jugar con las artesanías cuando nadie le veía.

A sus 41 años, Hernán mantiene a su familia lo mejor que puede, ya sea como miembro de seguridad, chef o como profesor de manualidades en una unidad educativa de la urbe alteña. Pero cuando llega octubre, su rutina cambia, debido a que es momento de tomar la madera que ha dejado secando durante un año para comenzar a darle forma. Durante varios años conservó la tradición de construir camiones y micros Dodge de nariz larga, hasta que llegaron las primeras unidades de PumaKatari a La Paz. Al verlas quedó sorprendido, por lo que, al igual que solía hacer Santos, los observó con detenimiento y sacó un modelo similar.

La calidad de su trabajo hizo que un amigo le contactara con los ejecutivos del Servicio de Transporte Municipal, quienes le dieron el permiso para construir los buses ediles y, además, le pasaron las especificaciones del modelo original.

Para este año está preparando al menos 15 buses PumaKatari de 55 centímetros de largo, algunos con el interior igual al coche original, mientras que otros pueden servir de joyeros y como lapiceros. Lo mismo ocurre con los 15 Wayna Buses en miniatura, con el mismo color azul intenso y el logotipo multicolor. Para ello, en la mesa más cercana a la puerta del taller, Hernán sostiene el pincel más fino y dibuja con mucho cuidado todos los detalles.

En la otra esquina, al frente de la ventana y del televisor antiguo de 20 pulgadas, Nicole —hija de Hernán y nieta de Santos— mira un capítulo de Los Simpson mientras pinta los camiones, que dentro de poco lucirán relucientes colores rojo, verde y amarillo. “He empezado cortando las llantitas y con el tiempo he aprendido a pintar líneas delgadas y los diseños”. Dice que le gustaría construir una volqueta o un bus porque, según su percepción, son más fáciles de hacer.

Con la habilidad que le ha dado la experiencia y el cariño por lo que hace, Nicole está dando los últimos detalles a una volqueta que abre el capó y las puertas, mientras una fila de camiones de 50 centímetros de largo espera ser terminado. Si bien está decidida a seguir los pasos de Santos y de Hernán, planea estudiar contaduría, parvulario y odontología.

La tradición continúa. Como todos los años, en el taller de la familia Paty hay mucho movimiento. Ya sea Santos, que está construyendo una limusina; Hernán o su esposa María, ya sea alguno de sus cuatro hijos, el movimiento es intenso porque están a punto de ayudar a que los deseos en miniatura se hagan realidad en la Alasita. Por ahora, todo marcha sobre ruedas.

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