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Guerreras de Riberalta

En el norte amazónico, empredimientos liderados por mujeres permiten un nuevo ingreso económico para sus familias

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 26 de junio de 2019

Hay dos razones para que las mujeres de la comunidad de Buen Retiro trabajen hasta la madrugada: primero, porque de esa manera eluden las altas temperaturas y, segundo, porque de esa forma llevan asaí fresco para el desayuno escolar de Riberalta. Antes producían menos y tardaban más en procesar el fruto, pero ahora, con nuevo equipamiento, estas luchadoras del norte amazónico están consiguiendo una mejor calidad de vida.

Los vecinos de Riberalta aseguran que su pueblo es más grande que Trinidad (capital de Beni), aunque también reconocen que les falta mucho por desarrollar. Una muestra son las calles bañadas con polvo anaranjado y los pocos edificios. Pese a ello, la población es optimista por su futuro y ha encontrado en la riqueza natural una forma de generar ingresos.

En ese contexto, ONU Mujeres (Entidad de las Naciones Unidas para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género) —con el financiamiento de la Agencia Italiana para la Cooperación al Desarrollo de Bolivia— puso en marcha el proyecto Mejoramiento de la calidad de vida y empoderamiento de las mujeres del norte amazónico, para apoyar emprendimientos en los municipios de Riberalta (Beni), Puerto Gonzalo Moreno, El Sena y Filadelfia (Pando).

En Buen Retiro —comunidad a la que se llega después de casi una hora de viaje por tierra desde Riberalta—, su principal ingreso es la producción de yuca, seguido por la cosecha de asaí, un fruto esférico morado que contiene antioxidantes, vitamina C, calcio, hierro y otros compuestos beneficiosos para la salud.

Hace más de dos años, los varones del pueblo recolectaban al menos cinco sacos llenos de asaí para venderlos a un empresario en Riberalta, hasta que un día se toparon con el depósito lleno, por lo que regresaron con su cosecha. ¿Qué iban a hacer con la producción? Una mujer de la comunidad encontró la solución: transformó 50 kilos de la fruta en leche, la envasó en botellas —llamados bimbos— y a eso de las 05.00 del día siguiente se trasladó hasta el mercado del pueblo. “Cuando llegó allá, ni 10 minutos duraron sus bimbos porque vendió todo”, relata Sandra Justiniano, presidenta de una asociación de 15 mujeres y nueve varones que se dedican a recolectar, procesar y vender jugo y leche de asaí. Por un tiempo, los varones se encargaban de recoger los frutos todas las tardes. Luego, las mujeres escogían los que estaban maduros y los molían en tacús —morteros de madera grandes—, así es que trabajaban mucho más.

Como parte del proyecto de ONU Mujeres, los trabajadores de Buen Retiro han recibido dos despulpadoras, un generador de energía, cocinas, garrafas, freezers, tanques de plástico y otros equipos para mejorar la producción en la asociación. “Ahora estamos mucho más cómodos, estamos mucho mejor en nuestra economía diaria”, afirma Sandra, quien, cuando está de turno, trabaja durante la noche para sacar pulpa y hacer leche de asaí hasta las 05.00. Después llega a los colegios, con el desayuno escolar, a las 09.00.

La ayuda material viene acompañada por capacitaciones en las que se hace tomar conciencia a los pobladores sobre los derechos de las mujeres y la importancia del trabajo conjunto. “Entrar solo con recursos económicos no es suficiente, se tiene que sensibilizar antes, desde la propia autoestima de la mujer, para que ella se convenza de que es capaz de hacer estos trabajos y a partir de ahí se generen liderazgos”, explica Violeta Domínguez, representante de ONU Mujeres en Bolivia.

Hasta ahora el proyecto ha beneficiado a ocho emprendimientos en las comunidades de Berlín, Carmen Alto, Puerto Gonzalo Moreno, Buen Retiro y en zonas periurbanas de Riberalta. Uno de ellos es Codemua (Colectivo de Mujeres Apóyate), que recolecta desechos de los aserraderos, los cocos que sobran de las zafras de castaña, escamas de pescado, semillas de motacú y bejucos secos para transformarlos en ornamentos. “Somos como los limpiadores, que convertimos las sobras en bellos adornos para las oficinas o las casas”, dice la dirigente Silvia Montaño.

Antes, para hacer las artesanías se valían de martillos, sierras e inclusive cuchillos de cocina. Con el proyecto recibieron herramientas que beneficiarán a los 10 miembros de la asociación. Una de ellas es Dina Pimentel, quien prefería ver telenovelas a hacer artesanías, hasta que se convenció de la importancia del emprendimiento. “Y le digo que ahora me olvidé de la telenovela”, sonríe.

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