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Gran Mojos, siete días en el paraíso

Un recorrido por el parque beniano que protege a la paraba barba azul, el jaguar, el bufeo y otros animales.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

08:07 / 13 de diciembre de 2019

Marimonos, bufeos, ciervos de los pantanos, parabas barba azul, pavas pintadas, hijos del sol, caimanes, petas de río, jausis, jaguares, tejones, antas, osos bandera... Las 580.430 hectáreas del Área Protegida Municipal Gran Mojos son lo más parecido al paraíso. Durante siete días, la bióloga Gabriela Villanueva y el fotoperiodista Pedro Laguna recorrieron este territorio para tomar imágenes de la impresionante fauna y flora beniana.

El 95% de esta área se encuentra dentro del municipio de Loreto —provincia Marbán, del departamento de Beni—. Se ha convertido en un atractivo turístico por su riqueza natural, en especial por la presencia de especies como el bufeo (Inia boliviensis), el jaguar (Panthera onca) y la paraba barba azul (Ara glaucogularis), que son vulnerables o están en peligro crítico de extinción, según el Libro rojo de la fauna silvestre de vertebrados de Bolivia.

Hasta hace algunos años, la fauna y flora corrían riesgo por los desmontes de bosques y la creciente caza y pesca comercial, hasta que el Gobierno Municipal de Loreto aprobó (el 25 de febrero de 2017) la Ley de declaración del Parque Municipal y Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Gran Mojos, que permite, entre otros, mantener los ecosistemas de humedales y sabanas, proteger especies de valor excepcional y conservar los recursos hidrobiológicos de esta región del sur beniano.

Agosto y septiembre son buenos meses para visitar el Gran Mojos, pues, además de que el camino está seco —40 minutos de transporte entre Trinidad y Loreto—, son meses en que las aves buscan un nido para reproducirse. Este último dato es muy importante para Gabriela y Pedro, ya que son pajareros, es decir que aparte de sus actividades laborales se dedican a tomar fotografías de estos animales.

En el país hay 17 aves endémicas, o sea que solo habitan en el territorio nacional. Entre ellas se encuentra la paraba barba azul (Ara glaucogularis), cuya población es de entre los 250 y 350 individuos. “Probablemente las poblaciones se hayan extendido desde Loreto hasta Santa Rosa del Yacuma, pero por la intervención urbana puede ser que esta cantidad se haya ido reduciendo”, advierte la bióloga.

En este contexto, los dueños de hacienda se dieron cuenta de que podían favorecerse con la presencia de estos animales. “Es que el estanciero se compromete a cuidar los sitios de anidamiento y de la alimentación de la paraba a cambio de cobrar el ingreso a su propiedad”, explica Gabriela. Así, para ingresar al área protegida, un turista boliviano debe pagar Bs 50, mientras que un extranjero, Bs 150. En cambio, para visitar las fincas se tiene que cancelar $us 50, con la ventaja de que hay guías que conocen los lugares donde están las aves y las maneras para acercarse y tomar imágenes. Para ello hay que levantarse temprano y caminar casi 40 minutos. “En el recorrido encontramos al menos 15 tipos de aves, como el hijo del sol, águilas, trepatroncos, pájaros carpinteros y garzas”, recuerda el fotoperiodista.

El objetivo es hallar parabas barba azul, por lo que la marcha debe ser sigilosa hasta llegar a un escondite a 60 metros de distancia de un nido. Ahí hay que quedarse quietos, pues si las aves se percatan de la presencia humana se alejan y no regresan. El primer día, Pedro vio, durante cinco minutos, bellos ejemplares fuera de unos huecos hechos en lo alto de palmeras.

Las demás jornadas esperaron desde las 07.00 hasta las 10.00, pero fue en vano, porque los especímenes no salieron de sus nidos. No fue sino hasta el séptimo día que el sacrificio valió la pena, cuando Gabriela y Pedro lograron más imágenes.

En siete días, Gran Mojos mostró mucho más, pues en las caminatas aparecían águilas, gallaretas, caimanes, petas de agua, perezosos o coatíes. No hubo fortuna en observar jaguares, aunque sí bufeos en subcuencas del río Mamoré. “Es impresionante la cantidad de peces que vive en el agua. Hay tucunarés, surubís, pintados. También hay rayas”, rememora Pedro.

A pesar de su importancia, en la actualidad hay tres guardaparques que resguardan toda la región, quienes no pueden evitar, por ejemplo, la recolección indiscriminada de huevos de peta de río. Pero en estos casi tres años del Gran Mojos se ha avanzado mucho y ahora se necesita la visita de más amantes de la naturaleza.

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