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Club del libro 37 - 50 años de amistad y lectura

Ellas comentaron cerca de 400 libros en las reuniones mensuales que nunca se han suspendido.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la zerda

00:00 / 27 de marzo de 2019

Durante más de 50 años, todos los segundos martes de mes la presidenta del Club del Libro 37 ha dado la bienvenida a las socias al comenzar una reunión. Con algunas variaciones, el protocolo —que establece la lectura del orden del día, del acta de la sesión anterior, una rendición de cuentas y la entrega del boletín Tinta Fresca— permanece casi intacto y la disciplina les ha permitido tener una marca envidiable. Durante estas cinco décadas nunca se ha suspendido una sesión: ninguna de las anfitrionas o las disertantes ha fallado. Las 14 integrantes —Cristina de Araúz, Gladyz de Ayo, Martha de Caballero, Kandy de Díaz, Norah de Escobar, Magda Farfán, Ana María Forgues, Mery Gonzales, Irene de Inchauste, Juanita Loayza, Amalia de Michel, Norah Rocabado, Gladys de Rodríguez y Bruni de Zeballos— llegan puntuales a cada reunión mensual y llevan consigo algo de comer para compartir con el resto después de la sesión. Sus perfumes se entremezclan en la sala mientras se acomodan y esperan las palabras de la líder que han elegido para esta gestión. 

El primer libro que discutieron fue Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en 1967. Fue presentado por Marilú Quevedo, en casa de Bruni Zeballos, quien aún es parte del club. Esto luego de que María Josefa Saavedra convocara a un pequeño grupo de amigas, interesadas en la lectura, y cada una escogiera un mes y un libro para comentar. Nadie se imaginaba que medio siglo después estos pequeños actos se habrían convertido en un ritual, formal y solemne.

De aquel grupo quedan pocas, algunas dejaron de ser parte y otras han muerto. “En esa época había muchos clubes y nos tocó el número 37, por eso nos quedamos con ese nombre. De aquellos grupos, creo que somos el único que permanece”, cuenta Kandy de Díaz, una de las más antiguas participantes.

En esta sesión Juanita Loayza ha comentado Claudina, de José S. de Oteiza, considerada la primera novela boliviana. Y tal como se viene realizando por décadas, una de sus compañeras habrá registrado todo. Gracias a las actas que redactan durante cada reunión —tal como lo estipulan los estatutos del Comité Departamental de Clubes del Libro— encontraron registros de cerca de 400 libros comentados. Todos ellos de literatura boliviana, latinoamericana y universal.

En 2018, una de las actividades por su aniversario fue la revisión de las actas más antiguas. En ellas encontraron las discusiones sobre El Quijote de la Mancha —en varias reuniones, claro—, y también aquellas sobre los libros de María Dueñas, J. L. Borges, Juan Rulfo, Jesús Lara, Alcides Arguedas, Óscar Cerruto y Jaime Saenz, entre muchísimos otros.

En sus diferentes aniversarios, así como en ocasiones especiales, han invitado a escritores nacionales a que les den pequeñas charlas sobre sus obras. En sus bodas de oro recibieron los saludos de Edmundo Paz Soldán, Gonzalo Lema y Juan Claudio Lechín, entre otros, además de que la esposa de Raúl Rivadeneira Prada, quien murió en 2017, les obsequiara 15 libros. El hotel Camino Real fue el escenario de una fiesta que culminó con 120 invitados disfrutando y bailando.

Otro de los elementos que diferencia a este club de cualquier otro es que editan su propio boletín, Tinta Fresca. “Norah Rocabado y yo comenzamos en  2001. Nos motivó mucho que un año anterior, al comienzo de cada reunión,  Martha de Caballero solía leer pequeñas frases sobre literatura. Y nos daba pena que se olvidaran. Así que decidimos escribirlas”, detalla Norah de Escobar, mientras sostiene dos libros empastados que guardan 200 ejemplares de la pequeña gaceta que presentaron en 2018.

Si bien la constancia y la disciplina han hecho que sus miembros surcaran gran parte de sus vidas manteniéndose cerca, lo más importante fue la amistad que se construyó entre ellas. Además de fiestas, viajes, cenas y aventuras literarias, compartieron las dificultades de la vida cotidiana, como criar a sus hijos, que han sido parte del grupo mientras crecían. Con el paso de los años, se acompañaron en grandes pérdidas, como las muertes de sus esposos o la de algún miembro: se han transformado en una familia y en una fuente de inspiración.

Sus socias organizaron hace años un club para jóvenes en el colegio René Barrientos, en La Paz. Y si bien se cerró, fue la semilla que llevó a Ana María Forges, participante desde hace más de 10 años, a crear el primer club de lectura para no videntes en Bolivia.

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