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Chalalán, busca seducir a visitantes extraordinarios

Chalalán, la primera iniciativa comunitaria en turismo de Bolivia, está en un proceso de transición para renovarse y atraer clientes con mayor poder adquisitivo.

La Razón (Edición Impresa) / Naira C. de la Zerda

00:00 / 15 de noviembre de 2017

Roger Hyde viaja acompañado siempre de un buen café y por lo menos dos botellas de whisky de calidad, no importa si está en la Patagonia o, como en este caso, rodeado de la espesa vegetación del Parque Nacional Madidi. Este inglés de 44 años es el dueño de Dulabab Travel, una empresa que brinda servicios turísticos a “las personas más ricas del mundo” —explica— y visitó en octubre el albergue ecoturístico Chalalán, de la comunidad indígena de San José de Uchupiamonas, ubicada al norte de La Paz, en la provincia Iturralde, para analizar la posibilidad de incorporarlo a su lista de hospedajes.

“Desde mi perspectiva, Bolivia es un destino de aventura casi extraordinario y yo tengo todo el mundo para elegir. Tiene una riqueza medioambiental que puede traer mucho dinero, pero pareciera que aquí pocos quieren aprovechar este potencial turístico, económico y ecológico”.

Chalalán, la primera iniciativa comunitaria en turismo de Bolivia, está en un proceso de transición para renovarse y atraer clientes con mayor poder adquisitivo. Yossi Ghinsberg, el israelita que se perdió 20 días en el Madidi, es presidente vitalicio de su directorio e invitó a Hyde y a su asociado Neil Rogers a visitarlo con él, evaluar la experiencia que brinda y dar consejos sobre cómo puede mejorar su servicio.

Una de las áreas en las que el albergue más invirtió es en la tecnología para generar energía eléctrica y agua potable. En cuanto a la electricidad, tiene un sistema de paneles solares que garantiza la provisión de energía a todas las cabañas durante las 24 horas del día, lo suficientemente fuerte como para recargar cámaras fotográficas y celulares.

Además de darle el nombre al emprendimiento, la laguna en cuya orilla se encuentra el hospedaje es su principal fuente de agua. “Con este recurso somos muy cuidadosos, usamos un tratamiento que tiene tres fases: primero pasa por un prefiltrado y después por dos filtros, uno de carbono activado y otro de luz ultravioleta, que elimina toda forma de contaminación biológica. Para las aguas residuales utilizamos un sistema de pozos sépticos que están en cadena hasta llegar a una piscina de oxidación, lejos de la laguna, donde se terminan de tratar hasta que salen al ambiente”, explica Rodrigo Mariaca, biólogo y gerente general del ecoresort.

Hyde le da mucha importancia a todo el esfuerzo que ha puesto Chalalán en incorporar esta nueva tecnología, ya que le da legitimidad a la experiencia que promueve. “He ido a ecoalbergues en todo el planeta y siempre me cercioro de que realmente sean emprendimientos sustentables, porque muchas veces no lo son. Una de las preguntas más importantes que les hago es cómo consiguen electricidad y qué hacen con las aguas residuales y creo que en este sentido Chalalán está transitando el camino correcto”.

Dulabab Travel quiere revolucionar el turismo de lujo, incorporando el cuidado del medio que visitan sus clientes y el acercamiento a las comunidades que dependen de él como un factor importante. Es por eso que emprendimientos como Chalalán llaman mucho la atención de su dueño. “La gente con la que trabajo quiere sentirse especial y para lograr eso combino paisajes espectaculares con perspectivas íntimas del lugar. Muchas veces esta unión tiene que ver con las comunidades que habitan estos espacios y creo que la forma en que San José de Uchupiamonas ha logrado construir y nutrirse de Chalalán me permitirá vender la experiencia”.

Turismo.  Una familia neozelandesa, durante la cena tradicional que ofrece Chalalán.

No todo son halagos: el británico reconoce que la falta de recursos es evidente y que será un reto cumplir las expectativas de sus clientes en cuanto a comodidad. Por ejemplo, habrá que buscar una forma de llevar aire acondicionado e internet, requerimientos mínimos para la mayor parte de las personas que lo contratan. Otro elemento que cuestiona es la calidad de los productos que se ofrecen. “Aún falta trabajo en los detalles: sé que es difícil, pero teniendo gran café en la región no pueden tener café instantáneo en la mesa, también tienen que ampliar su variedad de licores, la cerveza que tienen es rica, pero nada supera a un buen whisky”.

Chalalán abrió sus puertas oficialmente en 1999, tras una larga etapa de preparación y pruebas piloto. Ocho años antes, la comunidad le había pedido ayuda a Yossi Ghinsberg para conseguir financiamiento para un proyecto que le permitiera parar la migración de su gente. “Se cumplían 10 años de haberme perdido y volví en circunstancias extrañas. La madre de uno de mis compañeros de expedición, Marcus Stamm, cuyo cuerpo nunca se encontró, contrató una especie de bruja que señaló un lugar en Perú en el que supuestamente se encontraba el cuerpo. Así que me llamó y me pidió que lo buscara.

En 1991 la guerrilla Sendero Luminoso estaba en plena actividad, así que explorar la zona fue otra aventura, pero no encontré nada, así que decidí visitar Rurrenabaque y San José de Uchupiamonas. Cuando llegué, el pueblo tenía un serio problema, la gente estaba migrando por falta de dinero, así que era urgente encontrar una forma de generar recursos”, cuenta Ghinsberg.

Los quechua tacana ya habían pensado en un hotel y tenían el lugar planificado, pero les faltaba financiamiento. Ghinsberg fue el encargado de ponerse en contacto con entidades internacionales. En su primera reunión logró que el BID se comprometiera a dar más de un millón de dólares si lograban redactar un proyecto completo, con estudios sobre biodiversidad y planes de desarrollo ecoturístico. Gracias a voluntarios de todo el mundo, el proyecto se culminó a tiempo y el apoyo continuó hasta 1999, cuando el albergue pasó a manos del pueblo indígena.

Chalalán ahora cuenta con ocho cabañas para 40 personas y divide los ingresos a mitades entre San José y las 74 familias que construyeron la infraestructura. También da recursos para que la comunidad se desarrolle, invertidos sobre todo en educación. San José tiene escuela primaria y secundaria y los jóvenes que trabajan en el ecoalbergue reciben capacitación  en turismo, gastronomía y hablan distintos idiomas: quechua, castellano e inglés.

Uno de los aportes más grandes de Chalalán fue la creación del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, el 21 de septiembre de 1995. “El proyecto empujó al gobierno de turno a declarar a toda esta zona Parque Nacional, gracias a las investigaciones que se hicieron. San José es la comunidad más grande y la única dentro de la parte amazónica del Madidi. Sabemos que podemos generar más dinero y por más tiempo cuidando la naturaleza que destruyéndola, produciendo responsablemente vainilla, cacao o café. Esperamos avanzar y modernizar este emprendimiento que nos ha permitido quedarnos en nuestra tierra”, narró Yhovani Valdez Cuqui (33), el guía turístico josesano que preside, con Yossi Ghinsberg, el directorio de Chalalán. Ambos esperan que la oportunidad que trae Roger Hyde prospere y permita que viajeros expertos aprecien el tesoro escondido que es el Madidi.

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