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Cecilia Gutiérrez, entre la belleza y el canto

Después de soñarlo toda una vida, la artista grabó su primer álbum.

Cantante. Cecilia Gutiérrez toca la guitarra en su casa,  atrás se observa una pintura que la retrata a sus 17 años. Foto: Miguel Carrasco

Cantante. Cecilia Gutiérrez toca la guitarra en su casa, atrás se observa una pintura que la retrata a sus 17 años. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

00:00 / 31 de enero de 2018

Aquellos para los que cantaba de niña, su padre y su prima, murieron cuando ella tenía 14 años. Es por eso que la familia de la entonces adolescente Cecilia Gutiérrez Freudenthal decidió aceptar la invitación para que la joven paceña participara en un concurso de belleza.    

Corría la década de 1950 y la gente que la quería halló a Cecilia profundamente deprimida y extrañamente silenciosa. “Yo, de niña, para cantar estaba siempre en primera fila, hasta que murió mi padre y después Susana (su prima) que fue quien me enseñó a tocar la guitarra. Ahí empezó una época de silencio muy larga, un tiempo de  profunda tristeza”, narra la cantante.

Para interrumpir la quietud que inundó su casa, la familia Gutiérrez —“porque antes todo se resolvía así, en clan”— comenzó los preparativos para su primer concurso. Mandaron su inscripción y al poco tiempo la joven estaba luciendo los trajes que su madre, Eva, había bordado para ella. Ese año salió reina Miss Country 1957.

Ahora, a sus 74 años, el tiempo y los vericuetos de la vida hacen que aquella época le parezca casi irreal. Las fotos que tiene entre las manos la muestran deslumbrante y ocultan el asombro y la confusión que significó toda esa experiencia.  

Ese año comenzó la vorágine que consumió su tristeza, entre carros alegóricos, entrevistas y canciones. Llegó a tener más de 15 reinados, incluido el Miss Bolivia 1959-1960. Toda esta actividad frenética la llenó de extrañeza, sus títulos le decían que era hermosa, pero ella no veía en el espejo una belleza extraordinaria. Esto mermó su autoestima, porque además las mujeres lindas tenían fama de ser tontas.

A pesar de estos sentimientos encontrados, los certámenes le permitieron viajar y cantar en diferentes partes del mundo. Cuando se preparaba para continuar con ese ritmo de vida —gracias a que tenía diversas invitaciones para eventos internacionales— se enamoró y se casó, un 31 de diciembre, a sus 17 años.

“Era muy joven, una niña, mis 17 no son los de ahora, yo estaba saliendo de un cascarón, a tal punto que cuando nació mi primera hija, todavía jugaba con muñecas. Y un año después tuve gemelos”.

Desde entonces se dedicó por completo a ser ama de casa y tuvo cuatro hijos en total. Su marido, a quien le gustaba escucharla, solía pedirle que cante. Sin embargo, el matrimonio duró poco. Su esposo se fue y la joven se vio sola, con una familia que sostener; no había concluido el colegio y lo único que sabía hacer eran labores domésticas. Así que se empleó de lo que pudo. Secretaria, niñera, modelo, administradora, terapeuta alternativa y productora de dulces artesanales son algunos de los oficios que tuvo a lo largo de su vida.

Hoy, que tiene una muy buena relación con su exesposo, reconoce que su partida fue lo mejor para ambos. “A veces le digo en broma, ‘menos mal que me dejaste, porque para cómo eran las cosas antes, yo nunca lo hubiera hecho’”.    

Después de acumular un currículum variado y de formar parte esporádicamente de diferentes grupos, Cecilia logró ganarse un sustento y hacer música a la vez. Administró durante dos años el pub Amadeus —que quedaba al frente de la Universidad Mayor de San Andrés—, donde volvió a cantar. Primero una vez a la semana, después tres y luego su voz se escuchó a diario.

 La tapa y contratapa del  disco de la cantante.

Aquel espacio le abrió las puertas a todo aquel que quiso escuchar música o tocarla. Había guitarras y bombos que estaban a disposición de cualquier mano hábil que les quisiera sacar música. Allí la que alguna vez fue miss Bolivia cantó junto a Matilde Casazola y escuchó a Raúl Show Moreno. Su sueño de producir algún casete se contentaba con grabaciones caseras de las noches entre amigos.

Sin embargo, el trabajo desgastó mucho su salud, sobre todo después de que abrió su propio local, llamado Reencuentro. Si bien fue un lugar en el que vivió historias felices, después de cinco años de desvelarse, una hernia de hiato le lastimó las cuerdas vocales y tuvo que dejar de cantar. Otra vez, y ahora por más de 20 años, el silencio se instauró en su hogar.

Un CD a los 74 años

El 12 de octubre de 2017, en un emotivo evento al que asistió su familia y amigos que la habían escuchado negarse a cantar durante años, Cecilia presentó su disco, titulado Mi sueño hecho canción. Eligió 12 temas de música latinoamericana y nacional, que se grabaron con el acompañamiento musical de Fernando Gallardo e Ismael Lizme, en el estudio Suyawa.

La tapa y contratapa del disco de la cantante.

Durante décadas después de cerrar Reencuentro, la cantante dejó descansar su voz y su cuerpo. Se recuperó, pero también se hizo evidente que ya no lograba alcanzar las notas agudas que antes le habían salido de forma natural.

Hasta que una noche, después de soñar —o recordar, no lo tiene muy claro— una escena en que su madre le pide que cante, decide intentarlo. Con la ayuda de su amigo Fernando Gallardo, se percata de que en realidad solo necesitaba bajar los tonos de algunas canciones. Entonces, el sueño cobró fuerza y ya nada pudo frenar su determinación; que tenía una fecha límite: “yo quería tener mi CD para el 23 de julio, sí o sí”, afirma Cecilia.

Eso le daba menos de dos meses para realizarlo y si bien muchos trataron de explicarle que era muy difícil lograrlo, ella no escuchó. “Esa fecha es el día de mi cumpleaños y la verdad es que si bien tenía todo el apoyo de mi familia, también tenía miedo de que después no pudiese cantar”.

La grabación de su voz se hizo en dos días, el primero, cuatro piezas y el segundo, las ocho restantes. Para sorpresa de todos, nada pudo interponerse y si se eligió octubre para la presentación fue solo para que sus hijos estuvieran presentes. Esa noche, la Casa Argentina, en Sopocachi, se llenó de cuecas, sambas y tangos.

Este año, Cecilia tiene planificadas ya dos presentaciones, luego un viaje a Lima para recargar energías y retornará a La Paz para grabar un segundo álbum. “No sé si será un disco de composiciones o tangos, pero si de algo estoy segura es de que no quiero dejar de cantar”.    

Una fotografía de un quinteto del que formó parte.

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