Escape

Bruce Lee

45 años sin el pequeño Dragón que se convirtió en leyenda.

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera

08:03 / 01 de agosto de 2018

Han pasado 45 años desde que un 20 de julio de 1973 Bruce Lee, pletórico de fuerzas y de éxito —ante la incredulidad de millones de seguidores— murió a los 32 años. Su deceso repentino desató una serie de teorías conspirativas que casi 50 años después todavía dominan la mente de sus fans. Un breve recorrido por su vida nos permitirá entender el significado de esta leyenda.

Bruce Lee nació el 27 de noviembre de 1940, en San Francisco (EEUU), exactamente a la hora y en el Año del Dragón: un buen augurio, de acuerdo con la astrología china. Fue el cuarto de cinco hermanos. Su nombre natal era Lee Jun-fan, pero por cuestiones burocráticas con el acta de nacimiento, le fue antepuesto el nombre de Bruce a fin de occidentalizarlo. Se crió en Kowloon (Hong Kong, entonces colonia británica), lugar donde en su adolescencia comenzó a tener problemas con pandillas motivo por el que su padre, a los 13 años, le enseñó las artes marciales chinas del Taichí, y luego aprendería el estilo Wing Chun, con el maestro Ip Man. Desde muy pequeño apareció en películas interpretando a niños y posteriormente a adolescentes.

A los 18 años, Bruce regresó a EEUU, donde comenzó sus estudios de filosofía en la Universidad de Washington. Durante los cuatro años (1961-1964) que estudió allí, tuvo varios trabajos en restaurantes, periódicos y más; sin embargo, comenzó a entrenar a sus compañeros de universidad en el arte del kung fu chino. Este hecho permitió que abra su primera escuela de artes marciales llamada: el Jun Fan Gung Fu Institute, ubicado en Seattle. Ya después, abrió dos escuelas más en Oakland y Los Ángeles.

En 1964, Bruce Lee se casó con Linda Cadwell,  con quien posteriormente tendría dos hijos: Brandon Lee (joven actor que vio truncada su vida en un accidente en la película The Crow en 1993) y Shannon Lee (conocida artista marcial que maneja la fundación Bruce Lee). Ese mismo año fue invitado al campeonato Long Beach Karate Tournament donde demostró todas sus habilidades marciales que le abrirían después el camino para ser coprotagonista de la serie The Green Hornet (El Avispón Verde) actuación que lo encauzaría al mundo del cine. Fue protagonista de filmes como The Big Boss, Fist of Fury, Way of the Dragon, Enter the Dragon y Game of Death; no sin antes tener que vencer la barrera de la discriminación y el racismo que se vivía en la sociedad estadounidense de esos años. Con sus películas logró la exposición de las artes marciales chinas en el mundo occidental. Fue así que Bruce Lee se convirtió en un ícono reconocido en todo el mundo, especialmente entre los chinos.

Pero su legado abarca no solo sus películas, sino  libros como El Tao Del Jeet Kune Do, donde se muestra gran parte de su filosofía y métodos de lucha. En la actualidad existe una serie de libros que recogen sus apuntes y teorías, tanto de filosofía como de artes marciales. La primera fue una parte importante en su vida: ingresó cuando se encontraba bajo la tutela  del shifu (maestro) Ip Man, quien dirigió los estudios de Lee hacia las enseñanzas filosóficas de Buda, Confucio, Lao-Tse  y otros grandes pensadores y filósofos chinos.

La otra segunda mayor influencia filosófica fue el pensador indio Jiddu Krishnamurti, con quien descubrió que la búsqueda del conocimiento conducía al autoconocimiento. Algo que Bruce Lee practicó durante su vida fue la automotivación. En 1969, cuando tenía 29 años, se planteó un plan de trabajo a seguir:

“Mi principal objetivo definitivo: Yo, Bruce Lee, seré la primera superestrella oriental mejor pagada en los Estados Unidos. A cambio yo les daré las actuaciones más emocionantes y brindaré la mejor calidad, en capacidad de actor. Comenzando en 1970, iniciaré la ruta para ser famoso mundialmente y de allí en adelante, hasta el final de 1980, tendré en mi posesión la suma de 10 millones de dólares. Seguiré el camino que me plazca y, alcanzaré la armonía interior y felicidad”, Bruce Lee, enero de 1969.

Casi tres años después, el artista que fue conocido como “el pequeño Dragón” casi había alcanzado su objetivo cuando la tragedia cortó su breve, pero brillante carrera artística. Las extrañas circunstancias de su fallecimiento —murió de un edema cerebral tras sentir un profundo dolor de cabeza en casa de una amiga— desataron varias teorías, desde que fue ejecutado por las triadas chinas, el uso de drogas, una maldición familiar o que hubiera sido un agente del proyecto MK Ultra, un programa de control mental de la CIA. La última teoría es la del periodista Matthew Polly, quien afirma que murió por un golpe de calor, causa común  de muerte en hombres jóvenes atletas.

Pese al tiempo, su imagen perdura en la historia como una gran leyenda de las artes marciales. La revista Time lo escogió como uno de los 100 hombres más influyentes del siglo XX. Su increíble habilidad, su magnetismo y su faceta de maestro, que combinaba la práctica de las artes marciales con la filosofía taoísta, convirtieron a Bruce Lee en uno de los héroes e íconos del mundo, ha trascendido el celuloide y se lo puede ver en revistas, cómics, juegos, figuras de acción y publicidad. Su tumba es visitada, tanto por artistas marciales como por gente que ha leído o aprendido sobre su filosofía y forma de vida. Es un referente y modelo que ha perdurado a lo largo de varias generaciones.

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