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Ballet Pinto, medio siglo de arte español

Carmen Pinto y algunas alumnas recuerdan los momentos que han vivido como parte de la academia de danza.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos / La Paz

00:00 / 04 de abril de 2018

No nos dimos cuenta que estábamos cumpliendo 50 años hasta que alguien nos avisó”, confiesa Carmen Pinto, directora del Ballet Español Pinto, academia paceña que se especializa en la enseñanza de danzas populares y regionales del territorio ibérico. Después de tantos años, “doña Carmencita” —como le dicen sus alumnos y amigos— mantiene la postura del cuerpo y movimientos de las manos que la hicieron ser admirada por sus pupilos, pero se niega a creer que haya pasado tanto tiempo y hayan pasado tantos estudiantes por la entidad que manejó durante varios años con su esposo, Jorge Antonio Pinto.

“Yo soy Carmen Pinto, nada más. Ése es mi nombre completo. Tenía otro nombre, pero ahora llevo el apellido de mi esposo”, explica la maestra, vestida toda de negro, quien observa con detenimiento los movimientos de sus pupilos y da recomendaciones en cuanto encuentra algo que le disgusta.

Doña Carmencita sintió un apego inexplicable por la danza desde muy pequeña —cuenta desde su oficina ubicada en la calle Obispo Cárdenas 1451, en la zona Central—, por lo que sus progenitores la inscribieron en el Ballet y Academia de Danzas Chelita Urquidi, para que aprendiera ballet folklórico.

En aquel tiempo retornó de Chile una boliviana que le dio las bases del baile español, en especial el paso doble, y al ver su entusiasmo y sus capacidades, su madre le dijo: “Tal vez algún día seas maestra de baile”. Esas palabras y sus ganas por seguir danzando influyeron para que perfeccionara su estilo y quisiera aprender más, así es que viajó a Argentina.

“Un atardecer, cuando caminaba por las calles de Buenos Aires, de repente oí música española. Cuando me acerqué vi que estaban bailando danzas regionales de ese país”, recuerda Carmen. Así conoció al asturiano Manolo del Campo, creador del Conjunto Pelayo, que se presentó en todas las provincias argentinas, además de Paraguay, Uruguay y Chile.

“Hay diferentes zapateados y movimientos de las manos, de acuerdo con la región donde se baile”, explica la maestra. Se formó durante 10 años, tiempo en que sacrificaba sus vacaciones para visitar el país vecino.

Cuando aún estaba estudiando en el colegio, un día apareció por esos lares  un joven atlético que quería enseñar a jugar básquet y voleibol a los alumnos.

“Él no se fijaba en mí, hasta que un día al fin lo hizo”. Desde aquel día fueron inseparables, ya que se casaron y unieron sus vidas en torno a la danza, con participaciones en elencos de baile prestigiosos, tanto en grupos del país como extranjeros.

Con la experiencia alcanzada, Carmen y Jorge Pinto abrieron —el lunes 26 de febrero de 1968— el Ballet Español Pinto, con el objetivo de formar a niños desde los cuatro años en danzas regionales, como las jotas, sevillanas, de la escuela clásica, zarzuela, muñeiras, el vito y las boleras de cachucha, entre algunas de las expresiones hispanas.

En el salón de baile, donde en algún momento hubo más de 100 estudiantes, gente de diversa edad está practicando sus pasos con miras a la presentación que harán por los 50 años. Entre ellos está Nancy Méndez, una de las primeras alumnas, quien rememora con cariño las ocasiones en que Carmen y Jorge dirigían las clases con unas varas pequeñas. Después de un tiempo, ella se alejó de la danza, hasta que en 2000 retornó junto a sus sobrinas, con quienes cultiva este arte.

A finales de los 70, cuando Pilar y Sonia Cordero fueron a ver un espectáculo del Ballet Español Pinto, quedaron prendadas por el baile “y nunca más nos fuimos, nos quedamos para siempre, porque doña Carmen nos ha criado desde pequeñas y nos ha enseñado una vida que se basa en la disciplina”, asevera Pilar.

Patricia —hermana menor de ambas— dice que cuando conoció por primera vez a Carmen “sentía miedo y admiración, porque era alguien que podía hacer muchas cosas, desde los gestos de la cara y movimientos de brazos y piernas”. Además del baile, la cataloga como su maestra de la vida. “Siempre ha estado a mi lado desde pequeña, me ha apoyado en todo, me ha dado sus enseñanzas como persona, mujer y como profesional. Tengo la fortuna de no tener solo una maestra, sino también una amiga”.

A pesar de su juventud, Viviana Mercado siente lo mismo que sus compañeras de mayor edad, ya que es una apasionada por el baile gracias a su instructora, a quien no puede describir porque un nudo en la garganta y lágrimas que lucha porque no salgan de sus ojos le impiden hablar.

En 1983, el rey Juan Carlos de España les otorgó la Orden de Mérito Civil —con la Cruz de Caballero para Jorge y Lazo de Dama para Carmen— con el fin de “premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil realizados por personas españolas y extranjeras que redunden en beneficio de la nación”.

Desde 2009, ante el fallecimiento de su esposo Jorge, Carmen Pinto se hizo cargo de todo el ballet con el apoyo de sus exalumnas, quienes continúan acompañándola en el salón de ensayos y en la vida cotidiana. “El baile es un arte maravilloso, lo más importante en la vida”, define esta apasionada por el baile, exigente de la disciplina y la puntualidad, amiga, confidente y, sobre todo, maestra de la vida.

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