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Baile y nostalgia, regresan los ‘noventeros’

Los concursos de baile de los años 1990 están de vuelta. Los participantes ya no son adolescentes, pero mantienen su esencia.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la zerda

13:41 / 17 de noviembre de 2019

Entré al salón Fantasio (Colón, entre Camacho y Mercado) algo asustada, a pesar de que no era tarde, apenas eran las nueve de la noche. Por un lado, habían pasado siete días desde las elecciones nacionales del 20 de octubre. Toda la semana había estado llena de bloqueos, manifestaciones y enfrentamientos. A esa hora, La Paz tenía un aire de urbe quieta, vacía y alerta, muy poco común para un sábado. Por otro lado, estaba un poco preocupada por lo que sucedería.

Entraba a una fiesta cuyo evento principal sería un concurso de baile, donde estarían grupos que solían ser parte de los programas de televisión nacional de la década de 1990.

En junio de 2018 se publicó en Escape Recuerdos de la calle y el baile, un artículo que escribí en el que narraba anécdotas y algo de la historia de esta generación de bailarines, sobre la que cae un estigma que los asocia con pandillas y crímenes. El artículo generó polémica y un año después llegó a mis manos un documento de 30 páginas en el que se aclaraban imprecisiones mías, se respondían a comentarios de aquella conversación y se contaba una historia mucho más antigua; ya en 1980 había muchos grupos de baile que rescataban elementos del break dance, el rap y el hip hop estadounidense. Eso me mostró que el tema no es superfluo y hay mucha gente apasionada al respecto. Por eso me invitaron a que sea jurado del concurso.

Lo estrecho del corredor y las gradas que conectan la entrada y el salón contrastan con las enormes dimensiones de éste. Incluso con mesas a los lados y un escenario al fondo, el espacio se veía vacío. El show comenzó relativamente temprano — a las 22.00— tras la presentación de los raperos de Pachamama Familia Bolivia.

Prodigy Crew, el grupo invitado, tomó el escenario y eran tan buenos que hicieron que toda preocupación saliera de mi cabeza. Después Milton Castillo, antiguo bailarín y otro miembro del jurado,  explicó cómo organizar la puntuación entre las cuatro personas que conformábamos el panel: “Son cuatro categorías: coreografía, sincronización, espectáculo y vestimenta. Es así porque de esta manera se solía calificar en los 90. Ahora para ser jurado de un concurso tienes que saber muchas más cosas, se ha hecho complicado”, explicó quien ganó competencias en Sábados Populares, dejó de bailar para ser profesional y ahora es juez en duelos de hip hop. 

Todos los grupos utilizaron remixes clásicos  —aquellos que dejan un espacio para que los bailarines se reacomoden y luego explotan con música enérgica— que fusionaban diferentes piezas de música techno. El vestuario, perfectamente coordinado  —algunos conjuntos tenían hasta el mismo modelo de zapatos—, era llamativo y cómodo, con una calidad que demuestra que ya no son adolescentes.

CDC, la primera agrupación en concurso, comenzó con algunos problemas y se notaba que necesitaban trabajar más. Le siguió Rap Arab, un grupo de los más antiguos y conocidos, que si bien no tenía mucha barra, creó una coreografía intensa y muy bien coordinada.

Tanto Tecno Tronic como BGA apostaron por coreografías complicadas, en las que la coordinación fue un reto. Unión Café entró con fuerza y los globos identificaban a su barra, que no paraba de gritar. Le dieron un toque diferente a los clásicos guantes blancos— que solían usar los grupos que salían en El Show de Jacky— con pinturas en el reverso que formaban la silueta de una calavera.  Not Gravity comenzó con humo blanco y luces led en sus lentes. Su coreografía era impresionante —con saltos, cargadas y lanzadas al piso—, lo que les dio una gran ventaja a la hora de calificar: ellos salieron ganadores. El estilo clásico y limpio de Rap Arab los puso en segundo lugar y Unión Café consiguió el tercer puesto, de las seis agrupaciones.

Las presentaciones de “Los bailarines de los noventa”, como se autodenominan, suelen ser eventos de caridad, bien para ayudar a alguien del grupo que lo necesite o para beneficiar, por ejemplo, a niños con cáncer. Al principio solían ser solo espectáculos, mientras que ahora han comenzado a competir otra vez. Si bien ya no son jóvenes mantienen la energía que se puede ver en los videos de aquella década. Lo que sí ha cambiado es la actitud: “Antes solíamos arreglar nuestras broncas afuerita, en medio de escándalos. Ahora ya no hay nada de eso, todos compartimos tranquilos”,  comentó uno de los asistentes, que aplaudía emocionado y absorto en lo que veía.

Luego de entregar el premio al ganador, los bailarines bajaron del escenario y se acomodaron en diferentes mesas. Ahí comenzó la fiesta. Clásicos de los Back Street Boys aún se escuchaban a un par de metros de distancia del Fantasio, donde se ocultaba aquel espacio paralelo que se había formado durante unas cuantas horas.

Esa noche la tensión se convirtió en nostalgia y la fiesta, en un oasis, alejado de los conflictos que aún estamos viviendo. La Paz mostró que el baile es parte central de la ciudad, bien en sus calles o en recovecos un poco escondidos, donde el tiempo puede retroceder incluso más de 20 años.

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