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Andrea Ramos Inchauste, heredera del arte

La soprano boliviana —titulada en canto y directora musical de la Diócesis de Austin (en Estados Unidos)— creció entre el apego de su papá por la música y la escuela de danza de su madre.

Andrea Ramos Inchauste. Ilustración: Frank Arbelo

Andrea Ramos Inchauste. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón Digital / Marco Fernández / La Paz

00:00 / 03 de septiembre de 2017

He crecido en una familia que siempre ha inculcado la música”. Sentada en la sala de una de las pocas residencias clásicas que quedan en Calacoto, Andrea Ramos Inchauste está de visita en La Paz. En ese ambiente adornado con pinturas y un piano de cola, recuerda que su padre, Edwin Ramos, era un amante de la música; mientras que su madre, Jeannette Inchauste, tenía su escuela de danza.

Ella y sus hermanos crecieron con el arte, pues los fines de semana la familia se reunía para ver en el televisor ópera o conciertos. Dice que en un principio lo hacían a regañadientes, pero reconoce que de esa manera nació su apego por la música.

En un inicio, Andrea quería ser bailarina, al igual que su progenitora, pero se decantó por el piano, que le sirvió para ingresar en el Conservatorio y después pasar clases con la maestra rusa Irina Efanova. “Nunca tomé el canto en serio, no era algo que me interesara porque quería ser pianista”.

Al ver que su hermana mayor Marianela se había inscrito en la Sociedad Coral Boliviana, Andrea hizo lo mismo porque “me gustaba el ambiente”. Pero cuando cantó descubrió con embeleso que era una buena soprano. Así lo notaron sus maestros y por esa razón tomó clases con la armenia  Karina Stepanian.

Al oírla cantar, una maestra estadounidense le consiguió una beca de estudios en la Universidad Central de Arkansas (EEUU).

Licenciada en canto y con cursos de posgrado, Andrea trabajó en la catedral de Saint Andrew en Litle Rock (Austin) y en la parroquia Saint John Neumann. 

“Hay todo un mundo de música dentro de la Iglesia”. A pesar de ser católica, desconocía detalles de las celebraciones religiosas y su relación con el arte.

Pero fue un reto que superó en poco tiempo y que le valió que la contrataran en la Dirección Musical de la Diócesis Católica de Austin —que implica coordinar con músicos de 127 iglesias de la región—, además de liderar el coro diocesano —de 60 participantes—, que se presenta en fechas especiales como la misa crismal y la ordenación de sacerdotes y diáconos.

No solo es canto, “es también una actividad para una comunidad, la Iglesia y Dios”, afirma Andrea, quien ahora tiene otro reto: acompañar el crecimiento de su hijo Christopher junto a su esposo Benjamin. Como boliviana exitosa, durante su estadía en La Paz dio charlas de música litúrgica y clases magistrales para transmitir un poco de su herencia artística.

 

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