Escape

72 años con el viejo más joven del rock

‘Cacho’ Cisneros, la voz de la banda paceña Black Jack, festejó su cumpleaños como se debe: rockeando

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 03 de abril de 2019

Cinco minutos antes de la hora pactada para comenzar el espectáculo, 23.30, Cacho Cisneros —Alfredo Cisneros Portales— entra tranquilo por la puerta de Equinoccio (Sánchez Lima 2191), saluda con un abrazo a los que lo reconocen y se acerca al escenario. Sube, ata una pañoleta al pedestal del micrófono y empieza a hablar sin el menor rastro de nervios. Tras probar que todo funciona, saluda, pone el show en manos del ingeniero de sonido y anuncia al público: “No se lo tomen muy en serio, esto solo es rock & roll”.

Quien ha sido espectador en alguno de los conciertos de Black Jack, el grupo de rock que Cacho lidera desde hace más de dos décadas —compuesto por Marcelo Palacios (guitarra); Saúl Canaviri (bajo) y Efren Montecinos (batería)— sabe que la advertencia no es en vano. Bromas, comentarios irreverentes e incluso insultos son parte del repertorio del vocalista, quien sabe el momento exacto para cuestionar a sus fanáticos, decir verdades polémicas o  reírse de sí mismo. “Aunque sea en eso uso algo de mis conocimientos académicos”, confiesa el psicólogo clínico, que dejó de ejercer hace muchos años.

En su Camiri (Santa Cruz) natal, comenzó a cantar imitando a su mamá, quien interpretaba viejos tangos y boleros mientras hacía labores domésticas. Así, las horas cívicas escolares de los lunes fueron sus primeros encuentros con un público.

“Nací el 47, en caso de que la gente diga algo, el Jagger (Mick) ha nacido en julio del 44, así que soy más joven. Tengo buen oído, pero no leo una partitura ni aunque me pongan una pistola en la cabeza”, se ríe, mientras hace un gesto de pistola con una mano.

En 1960, su familia se trasladó a La Paz y él pasó a estudiar al colegio Don Bosco, en una época en la que la obediencia escolar se lograba a golpes y gritos. Sus últimos años estudiantiles los pasó escuchando a Los Donkeys, Black Birds y Loving Darks, las bandas de rock que comenzaban a hacerse famosas en la ciudad altiplánica. Los veía desde abajo, como espectador, pero sabía que su lugar estaba con ellos.

Al salir bachiller tuvo la osadía de confesarle a su madre: “Quiero ser artista”, a lo que ella respondió enviándolo a estudiar a Estados Unidos, lo que truncó momentáneamente sus sueños, aunque le dio la oportunidad de conocer la cultura en la que nació la música que lo llenaba.

Ya en la década de 1980 volvió a La Paz y ejerció como psicólogo durante unos años. Luego, los negocios inmobiliarios mostraron ser más mucho más rentables. Esa estabilidad le permitió aceptar sin dudas la invitación de cantar en Black Jack, en 1993. “Crecí viéndolos, aprendí muchas cosas buenas y malas y seguimos siendo amigos, aunque ninguno de los fundadores es parte de la banda ahora”.

El primer Happy birthday de la noche de celebración de sus 72 años —que cumplió el 19 de marzo, pero festejó el 23— se lo cantó él mismo, para sorpresa de todos los que esperaban para felicitarlo. Después, ya pasada la medianoche, el segundo set comenzó con un feliz cumpleaños en “coro general”, y la presentación de una torre de cupcakes para él. Fiel a su estilo, comenzó a ofrecerlos al público al grito de “¡es gratis, carajo!”, para romper con la timidez.

Suenan los primeros acordes de Angie (Rolling Stones) y la melancolía cubre el espacio como niebla. Triste canción de amor de El Tri sube el ritmo y más personas se paran a bailar. La pañoleta que ató al pedestal poco antes y las posibles malfunciones de vestuario —como su bragueta abierta— no son más que parte de la utilería, excusas para hacer algún chiste y continuar. El micrófono es una extensión de su brazo con el que mide cuán bien corean sus fanáticos, siempre dispuesto a lanzarles un “putazo” si no siente el entusiasmo pertinente.

“Tengo que interactuar porque si no la gente va a comenzar a preguntarse qué hace viendo a un viejo cantar parado”, exclama, haciendo la mímica de una momia. “Le robé harto a James Brown y a su forma genial de moverse en el escenario. Después, a los Rolling Stone, cuya música conocí en los años 70. Y mi nobleza camba es parte de todo, lo combino y listo”.

Para cuando suenan Mariscal Santa Cruz o Vamos al Chapare —canciones propias de Black Jack— los seguidores ya han llenado los pocos metros que separan el escenario de las primeras mesas. Están saltando y cantando con todas sus fuerzas, tratando de contagiarse de la energía que Cacho derrocha. Lo ha dicho en sinnúmero de entrevistas, no van a grabar sus canciones “para que unos cuantos piratas se queden con todo”. El recuerdo de aquellos que alguna vez los vieron tocar los hará una suerte de leyenda, sueña Cacho.

Las frases que lanza entre canciones son inesperadas, pero no por eso son vacías. Una de las que más repite es “el pueblo leído jamás será mentido”. No le gusta hablar de política, pero tiene claro que el arte y la educación no solo son un adorno o una pose, sino una forma de rebelión.

En 2018 la banda tuvo 58 presentaciones, contando aquellas en otros departamentos. Cacho recuerda con nostalgia los años en los que llegaron a tener 124 conciertos por año, ritmo que los dejaba casi sin dormir. El circuito roquero, sobre todo en La Paz, ha perdido mucho espacio y los músicos han colgado las chaquetas de cuero negro en los roperos y las han cambiado por los trajes brillantes, y la paga, de la cumbia.

Los shows de la banda aún congregan a muchas personas, pero el cantante sabe que no depende de él mantener el nivel que han logrado: “El artista que me diga que no tiene ego es un mentiroso; a los que nos dedicamos a esto nos gusta que nos reconozcan, es una cosa instintiva. Así que lo haré mientras la voz lo permita”.

Es por eso que planea continuar por unos dos o tres años más, para después retirarse. “La gracia es lo más importante a la hora de envejecer, eso y no manejar cuando se ha bebido”, aconseja, medio en serio, medio en broma, ya que la experiencia le ha enseñado que nadie es, en verdad, inmortal.

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