El Financiero

Carlos Jaramillo: Innovar o fracasar, ¿qué deciden las empresas?

Las claves son: dedicación a tiempo completo, trabajo en equipo, superar el miedo al cambio, equivocaciones a bajo costo y, sobre todo, aprender de los éxitos así como de los fracasos en un emprendimiento.

PLEI. Jaramillo dio un taller sobre patrones de innovación y capitalización de oportunidades.

PLEI. Jaramillo dio un taller sobre patrones de innovación y capitalización de oportunidades. Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Marco A. Ibáñez / La Paz

00:00 / 24 de julio de 2019

Carlos Jaramillo visitó La Paz del 12 al 15 de julio para dar un taller en el Programa de Liderazgo, Emprendimiento e Innovación (PLEI) de la Fundación Emprender Futuro. El colombiano conversó con La Razón sobre su experiencia con la inteligencia colectiva y la innovación abierta, conceptos que permiten obtener ideas fuera de las organizaciones y diseñar soluciones conjuntas con la experiencia de distintas personas, empresas o instituciones.

— ¿Qué es la innovación abierta y cómo se la aplica?

— Es la práctica que me permite abrir un proceso de innovación sin limitarme a los recursos que tengo, lo que me posibilita articularme con otros ecosistemas relacionados a la tecnología, a la generación de ideas y al talento, lo cual a su vez hace mucho más dinámico este proceso y me impulsa además a mejorar conforme a los avances del mundo. Este método brinda un retorno cuatro veces mayor a lo que se invierte en innovación. Y no comenzamos de cero, porque primero debemos generar confianza.

— ¿Cómo se efectúa la articulación para generar confianza?

— Es el as bajo la manga, el secreto, el truco para innovar de manera abierta, es contar con una metodología o un framework (marco de trabajo) que me permita la articulación con diferentes actores, dándole a cada quien un rol específico y dejando claro qué puede aportar cada uno. Eso genera confianza para que de entrada podamos trabajar juntos y nos permite compartir ideas, romper paradigmas que muchas veces están más arraigados aquí en Latinoamérica que en otros sistemas internacionales como Silicon Valley (Estados Unidos).

— ¿Cómo se aplica la inteligencia colectiva y cuál es su aporte en el proceso de innovación?

— Es simple: dos cabezas piensan mejor que una. Si tengo a muchos en una red, apuntando al mismo reto, se genera inteligencia colectiva, que es lo mismo que big data (datos a gran escala). Hay inteligencia propia en un ecosistema como la ciudad de Medellín (Colombia) que por su historia puede tener buenas prácticas de resiliencia (capacidad para adaptarse positivamente a situaciones adversas) para sobrepasar temas de índole social, pero La Paz —por ejemplo— nos puede enseñar también con su propia experiencia a enfrentar desastres naturales, a sobrellevar el cambio climático. Compartir ese conocimiento o trabajar juntos es la inteligencia colectiva, en la que mis activos no solamente están a mi servicio, sino también al servicio de los actores en el ecosistema.

— En esa metodología de trabajo, ¿quién es dueño de la idea o el producto?

— La propiedad intelectual es un riesgo inherente en todo este fenómeno de innovación abierta. Pero no puedes partir una torta sin haberla cocinado antes. Por ello, si llega a validarse en el mercado un producto, un prototipo, ahí podemos evaluar qué puso cada uno en función a la dedicación en tiempo, recursos y habilidades. Cuando se puede medir qué pone cada parte es más fácil llegar a resolver cuestiones de propiedad intelectual, que es un paradigma muy grande que se comienza a romper. Antes se hablaba de proteger todas las ideas y no dejarlas a otros, pero hoy tenemos el caso de Tesla de Elon Musk (físico e inversionista), creador del automóvil eléctrico, quien no se quedó ahí y en su afán de dinamizar la revolución hacia la energía sostenible abrió sus patentes (derechos exclusivos) y pidió que utilicen esa experiencia para el desarrollo de otras tecnologías, creando competencia que le obliga a continuar sus investigaciones y trabajo. Si no me subo a este vagón, el tren me deja.

— ¿En América Latina se aplican estos conceptos?

— Somos una región que tiene muchas barreras que romper y creo que esta generación hace demasiado para romperlas. En Latinoamérica tenemos un ambiente de desconfianza y escases con relación a otros ecosistemas de innovación como el de Estados Unidos o el de Tel Aviv (Israel), que parten de la confianza y abundancia.

— ¿Cómo está Bolivia?

— Veo muchos cambios desde la primera vez que vine al país en 2015. Los avances se están viendo exponencialmente, como resultado de programas para transferir conocimientos de instituciones como la Fundación Emprender que están dejando inquieta a la gente. Tienes que salir de tu zona de confort y comenzar a romper ese conocimiento tradicional y buscar nuevas formas de emprender.

— ¿En ese contexto qué recomiendas a las empresas?

— Primero, pensar que la innovación requiere tiempo completo y el trabajo de equipos multidisciplinarios para mejores resultados. Segundo, prepararnos desde la cultura organizacional. En Latinoamérica somos muy talentosos pero tenemos un grave problema. En Colombia decimos: “Mataste al tigre, pero te asustaste con el cuero”, es decir, desde la parte creativa somos muy buenos pero muchas veces nos da miedo llevar adelante la operación, porque nos da miedo fallar. Tenemos que dejar ese miedo a fallar. Debemos ganar como si estuviéramos acostumbrados a ganar y fallar como si lo disfrutaras. En la innovación, se trata de experimentar rápido y equivocarnos a bajo costo, para aprender tanto de los éxitos como de los fracasos. Como casos de éxito puedo citar a Platzi (plataforma de educación online de Colombia), Sodimac (ventas de productos de Chile) y Sura (empresa de aseguramiento en salud de Colombia que opera en toda América Latina).

— Entonces, la consigna para cualquier empresa debe ser innovar o fracasar.

— Sí. El tema es ese, la innovación es la herramienta que le va a permitir a las empresas mantenerse relevantes en el tiempo, atender esos cambios y detectar las oportunidades, las necesidades y los problemas a tiempo para responder. Toda la innovación tiene que estar centrada en las personas. Ya no saco un producto porque tengo plata e invierto porque sé que voy a ganar; tiene que haber una alineación al segmento de mercado, a nivel emocional, cultural y de impacto, que sea un producto de una empresa responsable y sostenible. Es el futuro, llegó para quedarse y es mejor que nos subamos al tren, sino estamos mandados a desaparecer.

Perfil

Nombre: Carlos Jaramillo Cardona

Profesión: Negociador Internacional

Cargo: Director Ejecutivo de Distilled Innovation

Especialista en mercados

Estudió Negocios Internacionales en la Universidad de Medellín y cuenta con dos Maestrías en Comercio e Investigación de Mercados del IE Business School. Posee más de 10 años de experiencia como consultor en innovación y estrategia de negocios y servicios sostenibles a través de innovación abierta. Implementó este concepto en empresas como Galletas Noel, el Banco Interamericano de Desarrollo, Coca-Cola, Bancolombia, Organización Corona y Team Foods, entre otras. Facilita talleres de innovación en España, Sudáfrica, Egipto, Costa Rica, Colombia, Argentina, Bolivia y otros países.

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