Animal Político

La violencia que se activa con el voto

Una forma de esta agresión es el “voto familiar”, la influencia del jefe de hogar o esposo en el voto de la mujer.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos, es periodista de La Razón

00:00 / 17 de julio de 2019

Violencia contra las mujeres en época electoral? Un tema de indudable vigencia pero paradójicamente aún poco estudiado, relativamente oculto y con escasas denuncias, destaca ONU Mujeres en su informe Prevenir la violencia contra las mujeres durante las elecciones. Una Guía de Programación: “A pesar de su importancia, la violencia contra las mujeres durante las elecciones (VCME) se ha mantenido al margen de los estudios y políticas debido a la falta de denuncias y datos, así como la poca comprensión del problema y el estigma asociado a la violencia basada en el género en muchas sociedades”.

Un forma de violencia contra las mujeres que, sin embargo, la semana que termina mostró en una de sus facetas a través de la polémica que hubo en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) sobre el intento que hubo allí de recortar la paridad de género entre candidatos y candidatas a senadores; un hecho que ya había sido consumado el miércoles 10 y que ante la presión social y política fue revertido el jueves 11. Este retroceso en la paridad de género había sido alertado por la Coordinadora de la Mujer, y la reparación fue celebrada por la representación en Bolivia del Sistema de Naciones Unidas, que mediante comunicado expresó que “felicita y reconoce al TSE en su compromiso de garantizar la democracia paritaria y la alternancia política entre hombres y mujeres”.  

LATENTE Pero, como se vio, el problema está latente. En general, esta violencia, destaca la representante de ONU Mujeres en Bolivia, Violeta Domínguez, es “una forma de violencia contra las mujeres con la intención de afectar el ejercicio de sus derechos políticos, principalmente en un contexto electoral”; pero he aquí una de las mayores novedades del referido Informe de ONU Mujeres: enfatiza que es violencia no solo contra las candidatas, sino también contra las votantes: “las principales afectadas pueden ser las mujeres candidatas, votantes, activistas, e incluso observadoras y funcionarias electorales”.

Ahora, como se apunta en el referido informe, la violencia contra las mujeres en un proceso electoral directamente tiene que ver con la distribución del poder: “La Directriz de las Naciones Unidas sobre la Prevención y Mitigación de la Violencia Relacionada con las Elecciones (2016) entiende que la violencia electoral es una forma de violencia política ‘que suele estar dirigida a influenciar un resultado electoral y por lo tanto la distribución del poder político’”.

La directora de la Coordinadora de la Mujer, Mónica Novillo, al respecto señala al menos dos formas de esta violencia en el proceso electoral. “En la fase previa (al día de la elección) hay expresiones de hostigamiento para que las mujeres que tienen perfiles candidateables desistan de sus intenciones” y algo que pasa casi siempre solo con las mujeres candidatas: “solicitarles que firmen acuerdos para renunciar a media gestión, esto en el marco de lo que en algunos partidos políticos se entiende como gestión compartida. Se trata de papeles en blanco que les hacen firmar y que luego son entregados como renuncias a su cargo o en otros casos les hacen firmar Letras de cambio, hipotecas, deudas, que luego son utilizadas para presionar a las candidatas cuando ya son electas, para que renuncien”. Esta forma de “forzar la alternancia” en beneficio del candidato suplente varón, destaca Novillo, tuvo su expresión más grotesca en el pasado con los “candidatos travesti”, cuando se falseaba la documentación inscribiendo a una candidata mujer (Juana), cuando en realidad era varón (Juan). Más bien esto ya se puede evitar con la modernización del registro electoral.

Otra forma común de agresión política a las mujeres en época electoral, plantea Novillo, es no agendar en el debate general temas de mayor interés para las mujeres: “Elemento que ha de fortalecer la democracia paritaria tiene que ver con la inclusión de temas en la agenda y el debate político; es fundamental que en este proceso electoral se pongan temáticas que hacen a la agenda política de las mujeres y que son centrales para el avance de derechos. Queremos escuchar tanto a mujeres candidatas como a hombres candidatos referirse a los temas que a las mujeres nos interesan; en las elecciones pasadas, por ejemplo, creemos que hubo un debate superficial de las temáticas de igualdad de género, se ha banalizado mucho”.

PERPETRADORES Un detalle no menor que recuerda el Informe de ONU Mujeres es que los “perpetradores” (que es el calificativo que da a los agresores) de esta violencia pueden ser miembros tanto de la familia, de alguna comunidad, como del Estado mismo.

Cuando hasta ahora se han definido tres tipos de violencia contra las mujeres en elecciones, sicológica, física y sexual, ONU Mujeres llama la atención sobre el hecho de que “según los datos disponibles, el maltrato y la intimidación psicológicos son las formas más frecuentes de violencia contra las mujeres durante las elecciones”. Añade a ello la representante Domínguez que el factor central de la violencia contra las mujeres en tiempo electoral es el sembrar miedo. “La VCME ante todo pretende generar miedo para evitar que las mujeres participen en política de manera autónoma e independiente, no permitiéndoles ejercer sus derechos políticos, como que puedan votar de manera independientemente, disuadiendo a las candidatas o imponiendo la resignación de las mujeres electas”.

Contra lo que pueda creerse, que siendo las elecciones un proceso público y que toda forma de violencia sería necesariamente pública, la investigación existente, por el contrario, sugiere que “la mayor parte de la violencia psicológica tiene lugar en contextos domésticos”. Aunque, cada vez más, el maltrato psicológico se extiende a las redes sociales.

Pese a que la violencia contra las mujeres durante las elecciones no ha sido lo suficientemente documentada, un reciente estudio, que tomó más de 2.000 actos de violencia electoral en seis países, concluyó que “las mujeres son las víctimas en casi el 40% de todos los casos de violencia electoral”, aunque se presume que la prevalencia es bastante más alta, porque el estudio no recolectó datos de todos los tipos de violencia que sufren las mujeres.

Espere…

Ahora, en el entendido de que la violencia electoral alcanza a todos, varones y mujeres, se pudo ver que la que sufren las mujeres es fundamentalmente diferente de la que enfrentan los hombres, “aunque la violencia física contra las mujeres relacionada a las elecciones sin duda está presente, es más común que la violencia política contra las mujeres sea de naturaleza psicológica o sexual”. Si las mujeres sufren un tercio de la cantidad de ataques físicos que sufren los varones, “es tres veces más probable que sufran violencia psicológica”, concluye el estudio. (Cuadro adjunto).

Si bien la violencia ocurre sobre todo con las candidatas, el Informe  de ONU Mujeres llama la atención sobre las votantes: éstas “que en la mayoría de los países constituyen más de la mitad del electorado, son un blanco común de la violencia relacionada con las elecciones. La violencia dirigida a las mujeres votantes tiene la intención de disuadirlas de registrarse para votar, emitir su propio voto, participar en mitines o actos políticos, acudir a las urnas o para influenciar su voto o castigarlas después por haberlo ejercido (que también tiene la intención de impedir que sigan participando en política)”.

Efectivamente, destaca la representante Domínguez, las mujeres muchas veces están sometidas a diferentes tipos de “violencias encubiertas”, que más bien responden “a un sistema patriarcal estructural que genera diferentes mecanismos de poder que llegan a naturalizar ciertas violencias y más cuando las mujeres no cuentan con las herramientas suficientes para poder reconocerlas y/o acceder a mecanismos de apoyo”.

VOTO FAMILIAR Específicamente, aquí el informe propone un peculiar concepto: “el voto familiar”, una forma de coacción contra las convicciones personales de la mujer: “En términos amplios, el voto familiar se refiere a la situación en que el jefe de familia (en general un hombre) influencia a otros miembros de la familia sobre qué votar. Se practica comúnmente en áreas que tienen estructuras familiares arraigadas en la tradición y la costumbre”.

O, como señala Domínguez: “Este tipo de violencias generalmente sucede en países, comunidades arraigadas culturalmente y donde prevalece las decisiones del esposo o incluso de las organizaciones”.

Al respecto, Novillo observa que si bien hay esta forma de presión, la salvaguarda, no sólo de las mujeres, sino del votante en general, es el carácter secreto del voto, el voto secreto como el resguardo para la convicción personal. “Lo que creo es que las mujeres cada vez son más independientes y finalmente el voto es secreto. Más allá de la presión que pueda existir en el ámbito familiar, tenemos que insistir en que tenemos voto secreto y que finalmente quien efectúa la votación es cada una y cada uno de nosotros”, dice Novillo.

Pero el texto de ONU Mujeres también es una guía para encarar el tema en los diferentes contextos nacionales, “es el resultado de un trabajo conjunto entre ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que, a partir de una investigación exhaustiva realizada en diferentes países de la región y del mundo, han logrado visibilizar y empezar a debatir sobre la VCME”, relata la representante Domínguez.

Según la Guía, se han definido tres momentos claves: fase preelectoral, fase electoral y fase poselectoral. Y en cada una de éstas se propone un desglose de actividades que podrían implementarse para mitigar y prevenir la VCME en 6 áreas priorizadas, que son: Mapeo y medición de la VCME. Integrar la VCME a la observación electoral y monitoreo de la violencia. Reforma jurídica y política para prevenir y dar respuesta a la VCME. Prevenir y mitigar la VCME adecuando la preparación electoral. Trabajar con los partidos políticos y concienciar y  cambiar las normas, que implica un trabajo de sensibilización con legisladores, parlamentarios, medios de comunicación; entre otros, señala Domínguez.

Cuando desde enero hasta la semana que termina se han registrado nada menos que 72 feminicidios en el país, la investigadora Novillo recuerda que justamente la generación de una normativa contra la violencia y el acoso político en el país se dio como respuesta al asesinato de una concejala. Eso motivó y aceleró, dice Novillo, “la aprobación de una ley que estaba durmiendo en el parlamento más de 12 años. Hubo una reacción del patriarcado contra la presencia de las mujeres en espacios tradicionalmente considerados como masculinos, y este es el ámbito particular de la violencia política; es en función de eso que se ha elaborado todo un marco normativo que protege los derechos civiles y políticos de las mujeres”.

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