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Los temibles ‘polainas negras’

Un día como hoy, hace 86 años, el 9 de septiembre de 1932, caía el Fortín Boquerón en la Guerra del Chaco.

La Razón (Edición Impresa) / Jhosmane Rojas Padilla es historiador

00:00 / 12 de septiembre de 2018

En 1932, al inicio de la Guerra del Chaco, por orden del Ministerio de Guerra fueron movilizadas las unidades de Carabineros y Gendarmes, pasando a depender del Estado Mayor General, constituyéndose los Regimientos 15 y 16 de Infantería. El 22 de julio de 1932 recorrieron las calles de la ciudad de La Paz —en marcha y con aplausos— los dos regimientos hasta la Estación Central de Trenes, de donde fueron embarcados con dirección al Chaco. Transitando la ruta en tren por Huari, Oruro y, finalmente, Tarija.

En Tarija se constituyó definitivamente el Regimiento 16 de Infantería, con 600 “plazas”, siendo comandante de la unidad el mayor Julio Aguirre, subcomandante el mayor Miguel Ocampo y teniendo entre sus filas a los oficiales Ascarrunz, Rivera, Ledesma, Melacini, Aguilar, Miranda, Clavijo, Mercado, Vargas y Murillo. De igual manera, al futuro mayor de Carabineros José Soria. Ante las noticias de los sucesos en el Fortín Toledo —donde destacaba la muerte del Sbtte. Vila—  el RI-16 sería destinado a reforzar el Fortín Ballivián.

Los 320 kilómetros de distancia fueron cubiertos en ocho días, entre sed, hambre y el peso del equipo de campaña, siendo destinados a los dos días al Fortín Platanillos; aquí, el RI-16 construyó una pista de emergencia para aviones, frente al curso inevitable de los acontecimientos bélicos. Ante la retoma de la posición Huijay por parte del Ejército paraguayo, el nuevo destino fue reforzar Fortín Arce. Durante un mes, entre los Fortines Castillo y Ramírez, el RI-16 desempeñó tareas de vigilancia y guardia contra el enemigo.

El 7 de septiembre se dispuso la orden de marchar hacia Boquerón a reforzar la tropa del teniente coronel Manuel Marzana. El 8 de septiembre, a las tres de la mañana, el RI-16 partió con rumbo al Fortín Boquerón. El tronar de los cañones y ametralladoras anunciaba novedades en el frente Boquerón; las 12 del mediodía fue la hora de su bautizo en la batalla, con la novedad de la muerte del carabinero —de apodo— Chamillo. A las tres de la tarde se ordenó “tomar las determinaciones que el caso aconsejara”. A las seis, con los flancos cerrados por tropas paraguayas, a solo 300 metros del Fortín Boquerón y con numerosas bajas en el pajonal, llegó la nueva orden: “replegarse sobre Castillo”. A partir de ese día —por comentarios— el Ejército paraguayo reconocería a un enemigo valeroso y aguerrido, la “polaina negra” de los carabineros.   

El 9 de septiembre de 1932, a las dos de la mañana, formaba el RI-16 en la Plaza de Armas, para recibir la bendición del padre Tapia. A las seis emprendería marcha al Fortín Yujra; allí se reorganizaron los regimientos Lanza, 14 y 16. Al primer batallón del RI-16 le correspondió ser la vanguardia. A las 10 empezaron las escaramuzas con el enemigo, con el apoyo de la aviación boliviana se logró hacer retroceder a los “pilas”. Desde la posición del costado derecho próximo al Fortín Boquerón, el primer batallón del RI-16 esperaba nuevas órdenes, resistiendo la contraofensiva paraguaya. En este punto es tomado prisionero el cadete paraguayo Fiorio, quien relata que en su retaguardia se comentaba las hazañas de un aguerrido regimiento boliviano de “polainas o botas negras”, quienes habían sido el “terror de aquellos días de combate”.

Al final de la tarde, y bajo un nutrido fuego de artillería, era ocupado el Fortín Boquerón, ante el escenario de varios camaradas carabineros muertos al pie del Fortín. Los regimientos que constituían el grueso de Boquerón eran: el Batallón Ocampo (al mando de Marzana), el Primer Batallón del RI-14 (al mando del capitán Romero), el Primer Batallón del RI-16 (comandado por el mayor Miguel Ocampo) y 16 soldados del RI- Lanza (al mando de los subtenientes Ruck y Reynolds). En la contraparte paraguaya se encontraban cuatro regimientos de artillería (obuses y 105), 8 regimientos de infantería: Cerró Corá, Ñandutí, Itororo, Acararaí, 2 de Mayo, Estero Bellaco, Curupaití, Isagratí, Escuela Militar (al mando del mayor Bray) y los “Macheteros de la Muerte” de Plácido Jara.

El 29 de septiembre —y luego de 20 días de caprichosa resistencia— la situación se precipitó en minutos, la tregua inicial terminó siendo confundida como una derrota; de un minuto a otro, el teniente coronel Marzana caía prisionero; en el otro minuto la tropa paraguaya avanzaba sobre Boquerón, ocupando sorpresivamente el fortín y tomando prisioneros a sus más de 400 combatientes.

En un primer momento se esperaba las represalias del mayor Bray (quien como Comandante de los cadetes de la Escuela Militar había jurado en Asunción, al momento de su partida, recuperar Boquerón en 24 horas; pero tras 22 días solo perdió a su unidad); en tono despectivo les increpaba: “A estos indios no podemos perdonarles la vida, porque han dado fin a mi regimiento”.

Pero la presencia de un oficial, montando un caballo blanco —dirigiéndose a las “piltrafas bolivianas”— cambiaría la situación, “Soldados bolivianos, el Paraguay y su Ejército están orgullosos de tener un enemigo valiente como ustedes; somos un pueblo guerrero y nos gusta pelear con hombres. El Ejército boliviano es de leones, pero les falta comando”.

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