Animal Político

El sikuri, una forma de sincretismo cultural

Polémica sobre la identidad que comportan los Jach’a Sikuris o Sikuris de Italaque.

La Razón (Edición Impresa) / Jonny Bustillos Vera es sociólogo

00:00 / 06 de febrero de 2019

En el ámbito de las expresiones culturales nos encontramos con una variedad de textos y artículos que describen el desarrollo de nuestras culturas ancestrales a través de diferentes manifestaciones, como tejidos, cerámica, prácticas rituales, danza, música y, fundamentalmente, las representaciones sociales, religiosas, festivas y culturales de estas sociedades. La observación de este objeto de estudio necesariamente se percibe desde la metodología de la ciencia occidental, ya que los elementos propios del desarrollo (endógeno) aún no han logrado ser asumidos como adecuados. Así, muchos investigadores, cuando llevan adelante su trabajo, se encuentran con universos que de alguna manera influyen en ellos, lo que los lleva a perder objetividad investigativa.

El investigador suele asumir, en la observación, como suya la identidad del objeto de estudio, reivindicando los derechos de un pueblo que no es el suyo; por lo tanto, el investigador debe tener cuidado de no caer en la tentación de la apropiación de identidad para no tropezar con una contradicción social, cultural y antropológica. Se puede llegar a entender, comprender, estudiar las formas de vida, el desarrollo cultural, las expresiones y manifestaciones culturales de todos los pueblos indígenas, algo que jamás se podrá percibir es la cosmovisión y el ser indígena. El investigador no debe incurrir en el romanticismo ideológico, proclamándose a sí mismo descendiente o profundo seguidor de tal o cual cuestión cultural o entorno social. 

En la última centuria, los procesos culturales en el país se han caracterizado por una permanente resistencia y revalorización del sujeto indígena, el cual ahora es reivindicado como “la resistencia permanente”; esto se da a partir de la reflexión y conciencia del rol del mestizo en el entorno indígena, quien asume esta expresión cultural como suya a partir de procesos políticos, económicos y socio-culturales en el tiempo.

La música autóctona ha trascendido la historia por medio de las festividades comunales-religiosas y del ciclo agrícola. Estos géneros son: Los Jach’a Sikuris de Italaque, Mohoseño y Achachis de Inquisivi, Kantus de Charazani, Kusillos de Achocalla, Kenakenas de Caquiaviri, Phala Pitos de Chuma, Misa Karas de Mocomoco  y muchos otros más.

Cuando nos referimos a los Jach’a Sikuris o Sikuris de Italaque, hablamos de la preservación de las manifestaciones culturales de un entorno geográfico, en este caso del cantón Italaque de la provincia Camacho. Aventurarse a dar un contenido teórico bajo la lupa y categorías occidentales del conocimiento de las formas de reproducción social en este escenario geográfico es demasiado pretencioso.

Estas expresiones musicales autóctonas fueron preservadas a partir de la convivencia entre el aymara y el mestizo. Bagaje musical heredado de generación a generación en confluencia con la creatividad mestiza lleva a la simbiosis en la evolución de la historia musical de nuestro país.

En este contexto surgen las figuras de José Salomón Ballivián, Antonio González Bravo, Eduardo Caba, Teófilo Vargas y otros connotados y eximios músicos que dedican su producción intelectual a la preservación de las manifestaciones musicales del indígena. A ellos se suma con un cariño filial a Italaque Germán Rea Nogales padre de la cantautora Kori Chuma (Chela Rea Nogales Portugal).

El proceso de recuperación de lo endógeno y creación de nuevas formas musicales, empezó poco antes y después la Guerra del Chaco, con una explosión de una gran cantidad de composiciones mezcladas con tonos y ritmos indígenas que conducirán a la construcción de la identidad cultural conocida como el Nacionalismo Musical.

Los Jach’a Sikuris o Sikuris de Italaque son una vertiente de la composición de la música popular como de la música erudita en Bolivia. A decir de la antropóloga Beatriz Rossels, “Durante el periodo de gobierno del MNR, el fomento de la música folklórica llegó a un mayor nivel, tanto en la radio como en los festivales folklóricos. Esta música alcanzó lo que se conoce como el ‘periodo de oro’ entre los años 1940  y 1960”.

En los años 50, los operadores políticos del Nacionalismo Revolucionario (NR) consolidan la difusión de la música autóctona en escenarios de difusión nacional e internacional. Tal es el caso de los señores Antonio Bustillos Nogales y José Larrea Magueño, quienes fueron parte del equipo de organización de los festivales de música autóctona patrocinados por el gobierno de la época.

La participación de los Jhach’a Sikuris en los festivales logró la masificación del gusto musical por el género autóctono en una sociedad que reivindicaba lo nacional-popular. La promoción del Sikuri por medio de los festivales, emisiones radiales y la producción discográfica posibilitó esta masificación y eso fue posible gracias a la intervención de estos operadores políticos del Nacionalismo Revolucionario, como aporte a la preservación de las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas. En el artículo “Sikuris, una revolución cultural” (Animal Político) se menciona a dichos operadores sin conocimiento preciso del aporte de estos ciudadanos al proceso de la Revolución Nacional; se genera un falso debate sin considerar el sincretismo cultural que se dio en el proceso histórico de esta región.

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