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El SUS y la promoción de la salud

¿Que la salud está en hospitales, centros y postas de salud y en los consultorios? ¡Nada más falso!

La Razón (Edición Impresa) / Luis Fernando Camacho R. es sicólogo, magíster en Salud Pública

15:00 / 07 de marzo de 2019

Probablemente el argumento más difundido en contra de la instauración de un sistema único de salud es el que predice el colapso del sistema como consecuencia de la sobresaturación de los servicios que actualmente no llegan a cubrir satisfactoriamente la demanda. Tal argumento no tiene una lógica de sustentación sólida, puesto que el incremento en el número de personas cubiertas por un seguro o sistema de salud no tiene por qué incrementar el número de personas enfermas. Es más lógico pensar que el número de pacientes se mantenga, en el peor de los casos, pero que se distribuya mejor según el área de residencia de cada uno de ellos y no se concentre en los servicios de menor costo o en los gratuitos.

Ahora bien, el argumento descrito tiene su origen en la errónea idea de que la salud está en los hospitales, en las policlínicas, en los centros y postas de salud y en los consultorios médicos. ¡Nada más falso! Una simpática anécdota a propósito: Dicen que cierto exministro de Salud recordaba con nostalgia su gestión: “Ah, en mis tiempos era tal el prestigio y la importancia de este ministerio, que teníamos los hospitales repletos de pacientes”.

A quienes venden salud les encanta ver los hospitales, las farmacias y, sobre todo, sus consultorios privados, atestados de clientes impacientes. A propósito, pero esta vez un cuentito: Dice que en un país lejano, hace muchos, muchos años, la medicina se practicaba de una manera muy especial. Cada médico tenía a su cuidado a las personas que vivían en un área determinada y le pagaban mensualmente una suma por los días que durante el mes hubieren gozado de plena salud, y le descontaban por los días que hubieren pasado enfermos. En consecuencia, el médico pasaba diariamente por todos y cada uno de los hogares asignados y velaba por que se cumplieran todas las normas de higiene y salubridad, para cerciorarse de que sus pacientes gozaran de plena salud, de tal manera de cobrar las cuotas personales enteras, sin descuentos. En pocas palabras, se ocupaba de mantener a los beneficiarios de sus servicios en estado de plena salud, y los beneficiarios, gente honesta, celebraban, día a día y mes a mes, la plenitud de su vida y le pagaban con agrado. ¡Quién pudiera vivir en una sociedad tal! Difícil, pero no imposible.

Cabe mencionar que, gracias a descubrimientos en la química y la biología y a la acelerada urbanización, el perfil epidemiológico de la humanidad ha cambiado radicalmente en los últimos 50 años. Las enfermedades infectocontagiosas han cedido su primer lugar, en prevalencias, a las enfermedades crónicas no transmisibles, entre las cuales cabe mencionar a todas las formas de cáncer, a las cardiovasculares y respiratorias, a las renales, a los trastornos mentales y del comportamiento, a las adicciones y a las violencias.

Entre otros aspectos, estas patologías tienen en común que su control, tratamiento y cura depende fundamentalmente de cambios en los hábitos y conducta de las personas, y no así de terapias hospitalarias o del control de vectores biológicos. Es posible decir que los vectores ahora son psicológicos y sociales.

En consecuencia, la labor del personal de salud, consciente y orgulloso de ser parte de quienes trabajan más cerca que nadie de la vida y de la muerte, será salir a las calles a construir con los hombres y las mujeres los cimientos de la salud pública. Más allá de reducir los factores de riesgo, con estrategias de prevención de la enfermedad, harán crecer los factores de protección, con masivas estrategias de promoción de la salud, con el ejemplo y fomentando los hábitos de vida saludable. Al poco tiempo y como por arte de magia, los servicios públicos y sobre todo los privados, que se ocupaban de estudiar la enfermedad y de vender la salud, se comenzarán a vaciar. ¿Será el fracaso de los servicios de salud? No, si es que se acomodan a la nueva realidad. Ahora y en el futuro tendrán que olvidarse de su jerga incomprensible, de sus ínfulas de sabios, tendrán que aterrizar como todos los mortales y orientar a los usuarios hacia los campos deportivos, hacia la alimentación sana y equilibrada, lejos de los excesos, lejos de las drogas legales e ilegales, hacia la organización social, comunitaria y vecinal en función de la demanda organizada de los servicios públicos de agua, alcantarillado, energía, medio ambiente.

La población tendrá que comprender que no se trata solo de exigir, sino de sugerir y apoyar. De apoderarse de su salud, de cuidarse y amarse a sí mismos como a su prójimo. Solo entonces se podrá hablar de un sistema que se alimenta y crece gracias a la salud y no gracias a la enfermedad.

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