Animal Político

El proceso de cambio, redes y antipolítica

La realidad virtual que se construye en las redes sociales es cuestionada por el autor que advierte allí un ejercicio alejado de la política.

El proceso de cambio, redes y antipolítica.

El proceso de cambio, redes y antipolítica.

La Razón (Edición Impresa) / Jhonny Peralta

00:00 / 13 de agosto de 2017

Después del referéndum de 2016 se han hecho esfuerzos para conocer a los hijos de la revolución tecnológica, los millennials, quienes fluctúan entre los 18 y 35 años de edad. Todo porque en su momento se habló de que las redes influyeron en ese resultado.

Una vez que me incorporé a las redes llegué a algunas conclusiones: la gente comparte sus publicaciones, casi sin comentarios y los que ven raramente comentan, mayormente clikean “me gusta” o lo replican; hay gente que sube cualquier información buscando el sensacionalismo; otro porcentaje cuelga periódicamente sus perfiles reflejando un excesivo amor a sí mismo; hay otro grupo que genera una guerra cruzada de insultos sobre la coyuntura política, y está el grupo que por afinidades intercambian sus análisis u noticias con una enorme necesidad de reconocimiento de su “yo”, y aunque parecen “debatir”, desean que el otro reconozca sus ideas y eso no es debate, porque todo “yo” se debe a una narración que nos lleva al autoconocimiento, el mismo que permite transformar nuestro orden existente.

Si la política es relación de poder, concluimos que las redes no producen debate político, se constituyen en una técnica de dominación que produce votantes en su calidad de consumidores, porque estos hijos de la revolución tecnológica no se interesan en construir activamente un proyecto de convivencia compartido, se someten al neoliberalismo que les convierte en consumidores pasivos ante la política: protestan, insultan, se lamentan igual que el consumidor cuando compra mercancías.

Así, la única devoción que profesan es a su smartphone, pero ignoran su pasado y ésta es una falencia crucial porque mediante el conocimiento del pasado podemos resignificar nuestro presente (“proceso de cambio”) y desde ahí comparar el pasado con el presente, que es el medio imprescindible para poder construir un proyecto de país con sentido. Entonces, si los hijos de la revolución tecnológica desconocen la historia, no tendrán la capacidad de sacrificarse e involucrarse en las tareas del país y, como viven en su realidad virtual, será improbable que puedan aportar ya que solo les mueve el número de likes y seguidores.

Aquí hay un grave problema para el futuro, porque la gente metida en las redes formará parte de esa nueva generación que asumirá la responsabilidad de construir sociedad, pero como ellos no tienen proyecto definido, son indiferentes a la participación activa, no quieren nada del mundo real, no están dispuestos a confrontarse ni clausurar su autismo narcisista, entonces el futuro del “proceso de cambio” está en medio de la nada. Por este dilema es que la política, su lucha y su desenlace deben darse en las calles, en las comunidades, con las herramientas del debate de ideas.

En Estados Unidos se ha denominado a los hijos de la revolución tecnológica como “copitos de nieve”, por su fragilidad y evanescencia, que estéticamente caen bien, pero que políticamente no influyen de manera consciente, debido a que las técnicas de dominación que es el big data, encandila a la persona porque le convoca a compartir, participar, si es posible con opiniones, mostrando deseos y preferencias,  pero en un nivel prerreflexivo. [Psicopolítica, Byung  Chul Han, Editorial Herder, Barcelona, 2014, p.17].

Hoy se registra todo lo que hacemos en Facebook y Twitter. Estos hábitos digitales fueron usados “en las elecciones estadounidenses, el big data y el data mining (el inconsciente digital) ofertaron una visión de los electores de 360 grados, generaron perfiles muy exactos. Se adquiere una visión sobre la vida privada, incluso sobre la psique de los electores. Se introduce el microtargeting para dirigirse a los electores con mensajes personalizados y para influenciarlos”. [Psicopolítica, Byung  Chul Han, Editorial Herder, Barcelona, 2014, p.49-50].     

Frente a esta realidad digital, la interpelación es a los “estrategas” de la guerra de cuarta generación que fundamentaron, en gran parte, la derrota del referéndum de 2016 a lo que pasó en las redes; por tanto, si deciden seguir haciendo política en las redes, deben responder cómo lograrán el apoyo comprometido de los “copitos de nieve” al “proceso de cambio”. Cómo transformarán la fragilidad ideológica de esos devotos del smartphone, en autonomía con autoridad experiencial, en sujeto colectivo, en intersubjetividad cultural. Cómo construir y compartir un discurso para los hijos de la revolución tecnológica que no tienen el hábito de escuchar y que han reducido al mínimo el uso de la palabra.

  • Jhonny Peralta fue militante de las Fuerzas Armadas

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