Animal Político

El presente de la globalización

En esta reflexión, el autor percibe un proceso de anulación de los límites ideológicos.

El presente de la globalización.

El presente de la globalización.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar

00:00 / 27 de diciembre de 2017

En la década del noventa, el debate sobre la globalización oscilaba entre quienes desde la derecha la propugnaban como la gran oportunidad mundial hacia una integración plena y aquellos que desde la izquierda la impugnaban por asimétrica e injusta. Hoy el debate es distinto, se centra en aspectos que antes no eran parte de la discusión.

El ascenso de las derechas populistas en países que defendieron a capa y espada el proceso globalizador, las críticas al sistema del comercio mundial, la revitalización de las formas identitarias nacionales, un sistema financiero que es culpable del abismo en la brecha de la desigualdad en favor del 1% más rico y el cambio climático son los temas que se debaten ahora alrededor de la globalización.

Éstos son justamente los tópicos que el número 171 de Nueva Sociedad (Nuso), presentado a fines de noviembre por la Friedrich Ebert Stiftung (FES), aborda bajo el título: Las nuevas tramas de la globalización.

El viraje en el debate se da en el momento de la aparición de las derechas populistas en los mismos países que en los noventas se pusieron la camiseta de la globalización. Acá la discusión deja de tener la nitidez que enfrentaba a una izquierda antimundialización y una derecha globalizadora. Aparecen ambigüedades en cada uno de los temas enumerados arriba.

Por ejemplo, si en el espíritu quizá más positivo de la globalización se había logrado unanimidad en que un problema mundial como el cambio climático debe ser resuelto precisamente con una solución a escala global, Estados Unidos —que asumió el liderazgo en este reto— después de la transmisión de mando a Donald Trump, retrocedió saliéndose del Acuerdo de París. No obstante, para Marina Aizen, autora de uno de los artículos sobre este tema en el número de Nuso, el pacto de París marcó, de cualquier forma, un horizonte a seguir.

Varios son los hechos que se relacionan con el viraje en el debate, muy vinculados a las derechas populistas: el triunfo en las urnas del Brexit, cuya aplicación queda tan incierta como difuso el futuro del modelo de ilimitación de la Unión Europea; la victoria de Trump, que quiere un Estados Unidos cerrado sobre sí mismo; las diferencias entre países de Europa sobre dar o no acogida a los sirios que escapaban (escapan) de la guerra; el portazo de los Estados Unidos a los megatratados de libre comercio; haber logrado la ultraderecha alemana antimigrante el tercer puesto en las últimas elecciones; entre otros sucesos como el retroceso de la antes bien posicionada social-democracia europea, defensora del cosmopolitismo globalizador (tema sobre el cual Ernst Hillebrant reflexiona en el número sobre “Las nuevas tramas de la globalización”).

Las fronteras ideológicas se difuminan: la derecha impugna aspectos de la globalización en base a argumentos nacionalistas que lindan con el racismo, mientras el ecologismo de izquierda defiende mecanismos nacidos de la mundialización para cumplir con los acuerdos climáticos.

En el fondo, el debate nunca dejó de ser civilizatorio. La derecha que defendió la globalización en los noventas y la derecha que hoy la cuestiona responden a dos tendencias fundacionales de la cultura occidental como supuesto centro de la civilización. Estas tendencias remiten a sus mismos cimientos y hablan del giro que ha dado el debate hoy, con todos sus temas en apariencia concretos y puntuales que en el fondo hablan de la vieja dicotomía que separa el mundo occidental del resto del mundo.

Occidente se cimienta en anular la diferencia de maneras más o menos radicales. Si la integración de la globalización en última instancia pretendía una sociedad mundial occidentalizada, ésta puede tener un aire de familia con la romanización durante el Imperio Latino, cuando se secuestraba a los hijos de nobles de las civilizaciones no romanas conquistadas para que sean educados y piensen como latinos y luego gobiernen para el imperio.

En contraposición, el rechazo actual de las derechas populistas —como la de Alemania (que de modo racista quiere a los refugiados sirios fuera de su país), como la de Marine Lepen en Francia, o como la de Trump con su discurso antimigrante— corresponde a la otra manera constitutiva con que Occidente anuló la diferencia en base al entendimiento griego de que lo bárbaro siempre será una amenaza. Ya lo dijo uno de los escritores que más representa el pensamiento occidental en términos civilizatorios, Herodoto: “Más allá están los antropófagos, un pueblo aparte, y después viene un desierto total”. Es como si para un defensor del Brexit, un Trump, un militante de la ultra derecha alemana el confín de la civilización estuviese habitado por aquellos a quienes es mejor anular antes que siquiera tratar de entender: los refugiados, los migrantes, los pobres…, “pueblos aparte”.

  • Ricardo Aguilar es periodista, colabora con el Centro de Investigaciones Sociales (CIS).

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