Animal Político

El pacto que preparan los coreanos

Se prevé que en junio se realice la cumbre Kim-Trump que podría generar las condiciones de un gran acuerdo.

La Razón (Edición Impresa) / David E. Sanger

00:00 / 09 de mayo de 2018

En la capital de Corea del Sur, la hora pico pareciera estar al borde de una frenética sobredosis de cafeína, así que fue extraordinario presenciar cómo la gente que iba a trabajar el viernes 27 de abril por la mañana se paralizó y se concentró en las pantallas gigantes de televisión Samsung que mostraron la escena que se desarrollaba en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, allí donde el tiempo se detuvo en 1953.

Ataviado con un traje Mao de color negro, Kim Jong-un cruzó una pequeña barrera de concreto hacia el territorio surcoreano, la primera vez que lo hace un líder norcoreano desde la catastrófica e inconclusa guerra que ocurrió hace siete décadas. Kim se acercó al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y lo llevó al territorio de Corea del Norte. Fue un recordatorio, en caso de que alguien necesitara uno, de que Kim, de 34 años, ha representado al gran coreógrafo de este paso de baile que se lleva a cabo a lo largo de un precipicio nuclear.

Kim calló las bocas de quienes lo consideraron demasiado joven para gobernar tras haber ejecutado a su tío, envenenado fatalmente a un medio hermano, instalado a sus propios generales y haber acelerado los programas nuclear y de misiles de su país.

Y después de que en 2017 se dedicó a demostrar que su nación subdesarrollada podía lanzar misiles al otro lado del Pacífico, y podía probar un arma varias veces más poderosa que la bomba atómica de Hiroshima, Kim aprovechó una invitación de Corea del Sur para ser parte de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 y de pronto actuar como un estadista. El viernes, Kim dio a entender que su arsenal podría ponerse a discusión, si se llegaba a un pacto apropiado.

El presidente Donald Trump insiste en que sus acciones fueron las responsables, que sus amenazas de “fuego y furia” y, aún más importante, sus sanciones intensificadas, obligaron a Kim a llegar a este momento. En parte tiene razón: Trump ha demostrado una energía que nunca tuvo el presidente Barack Obama para confrontar a Corea del Norte.

Pero, los expertos en desarme coinciden que Kim había tenido el control de los sucesos. Lo más seguro es que Kim haya aprendido el arte de la sorpresa de su abuelo, Kim Il Sung, fundador de Corea del Norte. El viejo Kim tomó desprevenido al mundo cuando invadió Corea del Sur en junio de 1950.

El encuentro del viernes fue perfecto para montar el escenario de la próxima cumbre de mandatarios: entre Kim y Trump. Según los surcoreanos, ese será el momento para que se cierre cualquier acuerdo nuclear, un logro que solo podrá ocurrir cuando un presidente estadounidense esté presente.

La pregunta es si Kim en verdad está listo para cerrar ese trato, o si está apostando, como lo consideran la mayoría de los expertos, a lograr ayuda para normalizar la economía de su nación mientras se queda al menos con parte de un arsenal aterrador que es la razón que los ha mantenido a él y a su familia en el poder.

El viernes por la tarde, mientras los líderes coreanos se dirigían a una cena en la que abundaron los simbolismos de las tradiciones que tienen en común el norte y el sur, se publicó un acuerdo, en el cual prácticamente no se tocó el tema nuclear. El documento establece una fecha límite para terminar con algún tipo de acuerdo de paz —no necesariamente un tratado— para finales de este año. Sin embargo, no determina un calendario para la desnuclearización. Este es un punto crucial, porque hasta ahora Trump consideró que Corea del Norte primero debe deponer sus armas.

Los asesores de Moon insistieron en que la vaguedad del acuerdo era una virtud, no un defecto, y que los detalles quedarían en manos de otras personas. No obstante, también mencionaron en repetidas ocasiones que el “presidente Kim”, como llaman al joven líder, tiene motivaciones diferentes que su padre y su abuelo. “Quiere una Torre Trump y un McDonald’s”, comentó Moon Chung-in, un asesor especial del presidente surcoreano, en una entrevista con CNN.

Entre los escépticos de un acuerdo se encuentra el nuevo secretario de Estado del gobierno de Trump, Mike Pompeo, quien realizó una visita secreta a Pionyang para hacer una evaluación de la sinceridad de Kim. El verano pasado, mientras seguía en el cargo de director de la CIA, el mismo Pompeo fue quien mencionó que la única forma de enfrentar a Corea del Norte era separar a Kim de sus armas.

El viernes, en la OTAN, Pompeo sugirió por primera vez que el líder norcoreano estaba listo para llegar a un acuerdo. “Me dio la impresión de que hablaba en serio”, señaló a los reporteros. No obstante, hablar es distinto a desnuclearizar. Y hablar sobre desnuclearización no es nada nuevo. En un acuerdo de 1992, Corea del Norte prometió lo mismo, y muchos en Seúl, la capital de Corea del Sur, se preguntaron si la pesadilla de vivir bajo la amenaza constante de una lluvia de artillería estaba por terminar. De hecho, el acuerdo al que se llegó el viernes recoge el lenguaje del de 1992, y tiene cláusulas similares sobre reunir a las familias que se separaron durante la Guerra de Corea y los acuerdos de no agresión. En realidad, se logró muy poco.

En el gobierno de George W. Bush hubo dos acuerdos, cada uno se describió como un logro en ese momento. Desde entonces, Corea del Norte acumuló de 20 a 60 armas nucleares, y no tenía ninguna cuando se realizaron esos compromisos.

Nadie conoce esas cifras mejor que Pompeo, quien pasó mucho tiempo con la unidad Misión Corea de la CIA, para evaluar el alcance y la inminencia de sus capacidades nucleares. “Hay mucha historia ahí, donde se han hecho promesas, se ha generado esperanza y después se han desechado”, comentó el nuevo secretario a los reporteros.

Todo esto sugiere que el desafío que enfrentará Trump cuando se reúna con Kim, probablemente a inicios de junio, está creciendo. Trump debe establecer el proceso del verdadero desmantelamiento de armas, la eliminación del combustible para bombas de las reservas de uranio y plutonio, y un programa de verificación que será uno de los más complejos de la historia, por la vastedad de las montañas norcoreanas.

En resumen, Trump debe realizar un mejor papel que Barack Obama en el acuerdo con Irán, el cual Donald Trump cree que tiene tantas fallas y  que se debería desechar.

  • David E. Sanger es periodista del New York Times en Corea

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