Animal Político

Un nuevo rumbo para la industrialización

Con una estrategia de corto y mediano plazo se pretende alcanzar gradualmente el uso de hoja de coca para industrializar hasta un volumen de 2.800 toneladas en un plazo de cuatro a cinco años, empezando en esta gestión.

La Razón (Edición Impresa) / Didi Mercado Bejarano es ingeniero industrial, Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras.

00:00 / 19 de marzo de 2017

La Ley 1008 del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas tenía como horizonte estratégico la erradicación de la hoja de coca en Bolivia.

Un efecto colateral de la ley, pero no menos importante, fue que su aplicación afectaba letalmente la investigación científica de la coca para fines benéficos, ya que los procedimientos de vigilancia a la coca y los precursores asumían excesivos controles sobre el miligramo de uso de los mismos, a tal punto que, por temor a la mencionada ley, al presente no se encuentran estudios científicos sobre la coca en nivel universitario e institutos de investigación científica en forma coherente y completos. Existen únicamente escasos estudios a nivel de tesis y proyectos de grado sobre algunos casos de aprovechamiento en productos analgésicos, por sus principios activos anestésicos y otras posibilidades de uso en la medicina.

Asimismo, se encuentran reportes de investigaciones sobre la coca en el exterior que concluyen en sus cualidades benéficas.

A pesar de ello, Bolivia ha desarrollado la base suficiente para dar un salto histórico en la industrialización, desde su uso en mates comunes hasta la medicina nuclear.

Veamos:

Desde 2015 se viene planteando una nueva visión estratégica en el uso derivado de la coca e insistiendo con una política agresiva de industrialización. Esta política consiste en: 

a) promover el manejo adecuado de los cultivos de coca en las zonas de producción; 

b) promover el manejo higiénico de la coca en las operaciones de cosecha y poscosecha; 

c) estimular la investigación científica sobre la coca y sus potencialidades benéficas en los rubros de alimentos complementarios, fitofármacos, cosmetología y otras aplicaciones industriales. Este triángulo constituye el soporte para el diseño de programas de mercadeo convincentes para su posicionamiento y generación de demanda de derivados de la coca en los mercados de índole nacional e internacional.

La estrategia de industrialización en el corto y mediano plazo, por lo tanto, se plantea implementar políticas de aplicación industrial disponible a la transformación básica de la coca en una relación de uno a uno, es decir que de una tonelada de hoja de coca seca, se obtenga una tonelada de producto utilizable como ser las líneas de mates de coca triturada para consumo en infusiones, que es una forma simple de producto de amplia cobertura en el mercado mundial.

Bajo este modelo de negocio se tiene la apertura de mercado a la república del Ecuador, establecida a través de un tratado bilateral (21 de noviembre de 2016), para la exportación de derivados de coca.

Por otro lado, se propone un acuerdo de alcance parcial agropecuario para promover el comercio de la hoja de coca y sus derivados ante los países de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), mediante la embajada boliviana (septiembre 2015, Uruguay), cuando nueve de los trece países miembros manifestaron interés en la propuesta, con buenas posibilidades de concretar nuevos tratados comerciales con Bolivia.

Asimismo, se vienen haciendo propuestas de aplicaciones industriales para el corto y mediano plazo en dos líneas de intervención:

a) líquidos: bebidas refrescantes con sabores combinados, licores, jarabes, a base de extractos de coca; 

b) sólidos: harina micropulverizada, barras de cereales con extracto de coca, barras de chocolate con el mismo extracto.

Con la estrategia de corto y mediano plazo se pretende alcanzar gradualmente el uso de hoja de coca para industrializar hasta un volumen de 2.800 toneladas en un plazo de cuatro a cinco años, empezando esta gestión.

La estrategia de industrialización para el largo plazo estará basada en resultados de investigaciones científicas sobre la coca y sus potencialidades benéficas, con productos en la línea de fitofármacos, cosmetología y otras aplicaciones industriales. 

Adicionalmente, se espera el crecimiento de mercados generados en el corto y mediano plazo que, sumados a la demanda de proyectos de largo aliento, posibiliten lograr gradualmente el uso de hoja de coca hasta un volumen de 5.000 a 5.300 toneladas en un periodo de 10 a 12 años, siendo el objetivo utilizar hasta 6.000 toneladas de hoja de coca.

Para lograr las alternativas estratégicas de industrialización de la coca, será importante una política agresiva de diversificación de derivados de la coca y penetración de mercados nuevos, cumpliendo la normativa internacional sobre derivados de la coca y una política de fomento sostenible a la industrialización de la hoja producida en Bolivia.   

Como se sabe, el Estado viene trabajando con el proyecto de energía nuclear y su funcionamiento esperado para 2020. Aquí tenemos proyectado que se garanticen la línea de productos liofilizados nutracéuticos (mix alimento medicinal soluble de alta calidad) a base de coca, productos atomizados de coca y especias exóticas, posibles inmunomoduladores (para prevención de enfermedades).

En el curso de 10 años se espera que la demanda de derivados de coca sea interesante, imprimiendo presupuestos e inversiones sostenibles en los eslabones de producción primaria, investigaciones científicas, tecnología de industrialización, mercadeo nacional e internacional y servicios técnicos financieros.

Como se puede ver, el futuro está en la industrialización de la hoja de coca, Bolivia ha pasado de la “coca cero” a la coca industrializada para beneficio de la humanidad.

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