Animal Político

Un mayo de primavera

Este mes se cumplen 50 años del ‘Mayo francés’ de 1968, la protesta universitaria y obrera en París.

La propuesta busca anular a las minorías.

Un mayo de primavera.

La Razón (Edición Impresa) / Rodrigo Arias sociólogo

00:00 / 16 de mayo de 2018

Dieciocho universidades públicas de distintas ciudades del territorio francés han sido bloqueadas por estudiantes de diferentes facultades, bajo una protesta común y general. Con una consigna unificadora de oposición a la Ley ORE (de Orientación y Éxito Estudiantil) una gran parte de los estudiantes ha tomado las universidades, reclamando y defendiendo el derecho de ingreso a la universidad pública.

Dirigida por la ministra de Educación Superior, Frédérique Vidal, y promulgada el 8 de marzo de 2018 por Emmanuel Macron, la Ley ORE plantea, entre otros aspectos, una nueva reforma de admisión a la universidad. Los estudiantes declaran que esta reforma es en realidad una admisión por selección: cada postulante a la universidad será estudiado y escogido según dossier antes de ingresar a dicha institución. No más concursos de admisión o listas de espera, ya que cada estudiante deberá haber escogido su futuro profesional a los 15 años. Así, en los últimos años de colegio, el estudiante prepara un mejor currículo de vida, para competir por una plaza en la facultad de su elección. El Gobierno y muchos medios de comunicación han amparado esta ley. Frédérique Vidal, en una entrevista de la televisión francesa, declara que las diferentes reformas van a permitir guiar y facilitar la orientación profesional del estudiante en función de sus aspiraciones y su perfil personal.

Con esta ley, afirman los universitarios, se establecerán nuevos criterios de diferenciación, ya que estos “criterios de selección o prerrequisitos” son verdaderos criterios de selección social. Un sistema de competencia individual dará lugar a un nuevo país de una mayor desigualdad social. La Ley ORE va a amplificar las desigualdades que existen en la sociedad, y la Quinta República dará fin al legado legítimo de la democratización de los estudios superiores, por la que se combatió en los años 60 en Francia.

El Gobierno declara y difunde en los medios de comunicación que la Ley ORE es un adelanto de la educación superior. Las manifestaciones, a su vez, son abordadas en la esfera mediática con poco interés y con mucho desdén. Así, una forma de ética de autoridad paternal juzga y condena el alboroto de aquellos que protestan contra una ley que, en realidad, es un primer paso hacia la privatización de la universidad.

Los estudiantes movilizados defienden la legitimidad de sus reclamos frente a un gobierno que niega y acusa a esta “huelga” como un hecho aberrante al orden social. Según Macron, en declaración al periódico semanal Le Point, en el otoño pasado, “la gente deberá entender de una vez por todas que los estudios no están hechos para todo el mundo”.

El presidente Emanuel Macron ha sido, desde el principio de su candidatura, el representante más neoliberal. En un partido político nuevo, el exministro de Economía de François Hollande plantea el camino del progreso. La población francesa fue en parte seducida por ese nuevo candidato a la presidencia que prometió a la Quinta República un mejor mañana. Los medios de comunicación jugaron un rol de manipulación mediática muy importante en las últimas elecciones presidenciales. Y son los mismos medios de comunicación que hoy menosprecian las protestas sociales y los movimientos estudiantiles.

Incluso, si muchos estudiantes en movilización explican que este movimiento va más allá de una simple reivindicación, varias personas prefieren evitar el tema, para abordar otras discusiones menos polémicas en sociedad. Un país descontento, menospreciado e infantilizado va a ver nacer un nuevo modo de producción ultraliberal. Así, en Francia la gente comienza a entender que el problema va más allá de una simple reforma.

En el último año, las políticas de gobierno de Macron han despertado un descontento que estaba dormido desde hace tiempo en muchos movimientos sociales. Cada huelga y manifestación exigía distintas reivindicaciones y era difícil, entonces, poder encontrar un vínculo común entre los diferentes sectores. Hace unos días, la frase “convergencia de luchas” ha sido pronunciada. Una llamada abierta a todos para combatir contra el Gobierno y la lógica de la optimización del capital.

Con la experiencia de mayo de 1968, el Gobierno ha decidido frenar y remediar el problema antes de encarar una huelga general. A pesar de que la Facultad de Tolbiac en París fue desocupada por la fuerza del orden, el viernes pasado muchas universidades aún quedaban bloqueadas.

Incluso si la opresión contra los estudiantes ha sido grande, la ocupación de 26 días de Tolbiac dejó un ejemplo de autoorganización y de lucha estudiantil. Con el objetivo de pensar y crear un mañana distinto, los estudiantes de algunas universidades crean en las facultades ocupadas una formación alternativa. Talleres, cursos, seminarios, coloquios, mesas redondas y todo aquello que les ayude a plantear un mejor progreso social es bienvenido.

La revuelta de mayo de 1968 comenzó con apenas 150 estudiantes que bloquearon el 22 de marzo la Facultad de Nanterre en París. Hoy, con la gran huelga de ferroviarios en contra de la ley de privatización, la huelga del sistema de salud pública, la gran represión policial contra los Zadistas en Notre-Dame des Landes, las protestas estudiantiles y los bloqueos de universidades, las manifestaciones de jubilados y de correos contra la ley de trabajo, podemos afirmar que el viento de la primavera occidental nos ha otorgado un nuevo “alineamiento de planetas”, que tal vez anuncia una gran conmemoración de los 50 años de mayo del 68.

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