Animal Político

La huelga que recuperó la democracia

A las 20.00 del 17 de enero de 1978, Banzer se vio obligado a decretar la ‘amnistía irrestricta y general’

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Pinto Parabá es periodista

00:00 / 22 de enero de 2020

En plena dictadura, el 17 de enero de 1978, Hugo Banzer fue derrotado por una huelga de hambre protagonizada por mujeres mineras, niños, obreros y religiosos.

El ayuno voluntario se atrincheró en el periódico católico Presencia. Luego, como un reguero de pólvora, se irradió por varias iglesias. Su fuerza moral generó un terremoto político. Seis meses después, el régimen cayó y la democracia renació.

El 21 de agosto de 1971, Banzer asaltó el poder mediante un golpe de Estado, apoyado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz Estenssoro y la Falange Socialista Boliviana de Mario Gutiérrez.

El cuartelazo concluyó con cerca de 200 muertos a bala, 65 desaparecidos y más de 1.000 heridos, según la Asamblea de Derechos Humanos. En sus siete años de gobierno armó “bandas paramilitares”; fusiló estudiantes; detuvo y desterró a decenas de periodistas; cerró medios; masacró campesinos; “torturó, exiló e hizo desaparecer” a sus opositores; clausuró universidades; eliminó los sindicatos, y fue parte del “Plan Cóndor”.

Exigencias. El ayuno comenzó el 28 de diciembre de 1977. En una pequeña nota, Presencia reveló que la medida “se inició a las 18 horas en la sede del Arzobispado (...) se trata de 10 esposas y madres (...) además de una docena de niños, de 4 a 12 años, hijos de encarcelados, exiliados y perseguidos”.

Las huelguistas exigieron amnistía general e irrestricta; libertad de encarcelados; retorno de exiliados; cese de torturas y persecuciones; restitución de sindicalistas a sus fuentes laborales, y desmilitarización de los centros mineros.

En medio de una crisis general, la medida cayó como una bomba sobre el régimen. El ministro del Interior, Guillermo Jiménez, cuestionó la participación de niños en la protesta. Fernando Kieffer, en “De cara a la revolución del 21 de agosto de 1971”, afirmó que la huelga fue una “pantomima” y “maniobra” de varios sectores sediciosos.

Masificación. El 30, Derechos Humanos informó que 25 activistas y parientes de detenidos se sumaron al ayuno. El 31, otro grupo se parapetó en Presencia y el conflicto cobró gran impacto.

El 3 de enero, en Siglo XX, 41 personas se incorporaron a la medida. Al día siguiente, pese a ser asediados por “grupos paramilitares”, 13 personas se adhirieron a la huelga en la Universidad de La Paz. En Cochabamba, un sexto piquete de 10 personas se sumó a la medida en la iglesia de San Francisco. En una semana, el miedo a la represión se había transformado en coraje.

El arzobispo de La Paz, Jorge Manrique, el 4 de enero, inició una mediación. El ministro del Interior, tras descartar “debilidad” del gobierno, acusó que la huelga tiene sediciosos interesados en “desvirtuar la democratización”.

Solidaridad. El 6 de enero, los periodistas se solidarizaron con las mujeres mineras. El matutino Hoy informó que se había firmado un “Acuerdo Prensa-Radio”, donde se planteó que la solución “estaba en restablecer el Estado de Derecho, ampliando la amnistía, poniendo en vigencia la Constitución y suprimiendo la Ley de Seguridad del Estado”.

Ese acto fortaleció la posición de los sublevados. El 7, Presencia y Hoy informaron la adhesión de nuevos huelguistas en La Paz, Cochabamba, Potosí y Oruro. En el panóptico de San Pedro, 19 presos políticos se incorporaron también a la extrema medida.

La respuesta del banzerismo no se dejó esperar. Luego de amenazar con clausurar la Universidad, el Ministro del Interior denunció que comunistas preparaban una subversión “bien planificada”.

Reacción. Con el fin de “pacificar el país”, el 11 de enero, Banzer firmó un convenio con la Iglesia comprometiéndose a otorgar “mayores” libertades democráticas. Sin embargo, los huelguistas rechazaron el acuerdo.

En 17 días, según Amnistía Internacional, 1.200 bolivianos estaban en huelga de hambre. La presión internacional era abrumadora. Presencia, con un espectacular titular en primera plana, informó “Preocupa al Papa la falta de respeto a los derechos humanos en Latinoamérica”.

Frente a eso, el gobierno respondió que “el problema sería manejado de otra manera”. El 14, sindicatos dirigidos por “coordinadores laborales” decretaron un “paro general escalonado” en repudio a las “maniobras del extremismo ultraizquierdista” y en “respaldo a Banzer”.

Represión. El 16, en Santa Cruz, la huelga de la iglesia San José Obrero fue “violentamente desalojada” por paramilitares que “portaban metralletas y revólveres”.

“Entraron rompiendo las ventanas y puertas. Atropellaron a la gente y la obligaron a salir a golpes. Había gran confusión y un despliegue increíble”, relató el obispo auxiliar Carlos Brown.

En La Paz, la madrugada del 17 de enero, la intervención en Presencia fue atroz: “Medio centenar de policías y civiles armados allanaron el periódico y desalojaron a ocho huelguistas, que fueron transportados en ambulancias hasta la Clínica Copacabana” (…) El grupo  irrumpió con armas en la mano, advirtiendo que cumplían ‘órdenes superiores’”.

Luego, dos operaciones similares se desarrollaron en la Universidad y el Sindicato de la Prensa de La Paz. El allanamiento finalizó con más de 80 detenidos. Al día siguiente, fueron también asaltados los piquetes de Oruro, Cochabamba, Sucre y Potosí. Esos hechos crearon indignación en la población, informó Hoy. Frente a eso, los periodistas decretaron y acataron un paro de 24 horas.

Victoria. El autoritarismo del gobierno quedó al descubierto a escala internacional.

Banzer, a las 20 horas del 17 de enero, se vio obligado a decretar la “amnistía irrestricta y general”, que favorecía a presos, exiliados, residenciados y prófugos por causas políticas y sindicales. El anuncio fue seguido por una convocatoria para suscribir “un acuerdo de pacificación nacional”.

A las 22 horas, la huelga fue levantada en medio de un júbilo democrático.

Como presidente constitucional, Banzer murió de cáncer, el 5 de mayo de 2002. Jorge Tuto Quiroga, su vicepresidente, lo sustituyó en el cargo.

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