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Es un duro golpe a la democracia

Para Zegada, el nuevo presidente Vizcarra tiene el reto de reconducir el proceso de institucionalidad.

Es un duro golpe a la democracia

Es un duro golpe a la democracia

La Razón (Edición Impresa) / María Teresa Zegada

00:53 / 04 de abril de 2018

En las últimas décadas, Perú ha tenido serios problemas por la inestabilidad política y la crisis de la institucionalidad democrática. Recordemos la gestión del presidente Alberto Fujimori (1990-2000) que tuvo que renunciar a su cargo tras los escándalos de corrupción, a través de los conocidos vladivideos, una colección de videos caseros elaborados por su asesor Vladimiro Montesinos, que hicieron caer a Fujimori tras una década en el poder.

A partir del 2000, después de Fujimori se intentó recuperar las instituciones en Perú y ése fue el mandato con el que los siguientes presidentes asumieron esa responsabilidad.

No obstante, este objetivo no se ha logrado y la renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, consolidada el 21 de marzo, muestra la crisis a la que ha llegado el vecino país en el ámbito político. Cabe resaltar, que esta situación parece contradictoria con la economía peruana, ya que ésta presenta una relativa estabilidad en las últimas dos décadas.

Esta realidad muestra una de las características que ha marcado la política peruana como el fuerte personalismo —tendencia a subordinar el bien común a intereses personales— que pasa más por los liderazgos que por las instituciones partidarias. En Perú hay una gran crisis de frentes políticos. En tanto, también hay un gran pragmatismo porque aquellos que accedieron al poder han tenido un comportamiento más ligado a los beneficios inmediatos y no tanto a la construcción institucional de ese país. Otro problema es que el sistema partidario en general muestra un vaciamiento ideológico, como el partido Peruanos Por el Kambio de Kuczynski, debido a las contradicciones entre el discurso y los hechos. Y, finalmente, se debe resaltar que ha sido una élite la que ha manejado Perú con esa arbitrariedad y discrecionalidad en estas últimas décadas.

Lo que ha ocurrido con Kuczynski, no es un evento aislado, en realidad es un reflejo de estos problemas graves estructurales como: la corrupción y la falta de institucionalidad que aquejan a Perú.

Estas tensiones políticas no solo  han contaminado al Presidente y al Ejecutivo, sino también al Congreso a través de la presencia del fujimorismo y la tensión entre los hermanos Keiko y Kenji Fujimori, que tienen representación política en Perú y que se ha visto también vulnerada por los últimos acontecimientos.

Las denuncias contra la empresa brasileña Odebrecht son investigadas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos desde 2016, la cual habría realizado coimas de dinero y sobornos a funcionarios de gobierno de 12 países para obtener beneficios en contrataciones públicas. La presencia de esta compañía ha causado crisis política en varios países de América Latina y ha tocado a varios presidentes de la región. Éste no es un dato aislado de la realidad latinoamericana.

En ese contexto, se ha dado la renuncia del presidente peruano luego de que la oposición fujimorista publicara los videos y audios en el que se ofrecen prebendas a cambio de votar contra la destitución del Kuczynski, que además profundizaron la guerra política entre Keiko, líder del partido opositor Fuerza Popular, y Kenji, disidente de ese frente y aliado del mandatario. Junto con él cayó todo el Ejecutivo y la tecnocracia peruana.

No ha sido solo un golpe contra el Presidente y el sistema político, sino ha constituido un duro golpe a la democracia peruana. También se debe remarcar el descontento generalizado de la ciudadanía, que hace unos días salió a protestar para demandar la salida de todos los corruptos.

La salida de Kuczynski, que de hecho ha generado una situación de incertidumbre, es solo un alivio temporal a la crisis, la que como podemos constatar tiene raíces históricas y estructurales más profundas.

Ahora, la apuesta es ver esta crisis como una oportunidad y eso dependerá de las acciones que consolide el nuevo presidente Martín Vizcarra porque si él continúa sumergido en esas prácticas perniciosas, la crisis solo se ahondará. La expectativa que se tiene en este momento es que la nueva autoridad pueda reconducir el proceso de institucionalidad en Perú. Para ello, Vizcarra tiene la oportunidad de hacer acuerdos políticos, en particular con la sociedad civil y sus actores que pueden comprometerse para recuperar la democracia y la institucionalidad en ese país. El mandatario tiene por delante más de tres años de gestión, y podría marcar la diferencia con los regímenes anteriores; está en sus manos esta posibilidad si tiene la voluntad política y las condiciones para enfrentar la corrupción y la arbitrariedad que han signado la política de ese país desde hace varias décadas.nes ideológicas y de clase que aún genera el fujimorismo en grandes segmentos sociales. La estabilización no será fácil.

  • María Teresa Zegada es socióloga

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