Animal Político

Sin debate no hay paraíso

El debate es una herramienta que propicia el conocimiento, quizá por ello, el Presidente se rehúsa a hacerlo, postula el autor.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Dulon F. es administrador público y cientista político

12:39 / 28 de agosto de 2019

Hace más de cuarenta días, el candidato por la Alianza Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa, invitó a debatir al candidato ilegal del MAS, Evo Morales. La respuesta no se dejó esperar, el propio candidato-presidente y sus voceros dijeron públicamente que Evo estaba acostumbrado a debatir directamente con el pueblo. Dicha respuesta, además de considerarse una salida política, deja mucho que pensar. ¿Qué significa exactamente debatir con el pueblo? ¿Por qué es importante que los candidatos debatan? ¿Qué aspectos positivos se pueden obtener en un debate? ¿A mayor democracia mayor debate? Analicemos.

Debatir con el pueblo no significa prácticamente nada. Es imposible pensar que un solo candidato pueda debatir con el conjunto de personas que viven en Bolivia. El problema, al parecer, es que el presidente Morales está acostumbrado a escucharse a sí mismo y para él debatir con el pueblo es realizar un monólogo en una plaza pública y ser aplaudido y vitoreado con vehemencia. Evo habla únicamente con sus militantes, elude hacerlo con la enorme ciudadanía que se le opone. Es el mal del poder casi absoluto, sentir que él lo sabe todo y creer que las mayorías le dan siempre la razón.

Lo que debe entender el Presidente es que, en pleno siglo XXI, el debate se ha convertido en una herramienta fundamental de la comunicación política y de la democracia. Gracias a ésta, los ciudadanos pueden conocer de una manera diferente y digerible las distintas opiniones y propuestas sobre temas estructurales para el país y que, en el caso de estas elecciones presidenciales, se enmarcan en los programas de gobierno. La virtud de un debate tiene que ver justamente con eso, darle opciones a la ciudadanía, mostrar capacidades, líneas de pensamiento, proyectos, programas, y dejar que los que contrasten y tengan la posibilidad de elegir en virtud a esas opciones sean los propios votantes. El debate, en ese sentido, se convierte incluso en un instrumento pedagógico con el que el ciudadano puede aprender sobre distintas temáticas que se abordan a través de él.

Lamentablemente, en nuestro país al parecer no estamos acostumbrados a debatir, menos a dialogar y por lo tanto su nivel es mínimo. Lo hemos podido ver en este último tiempo con algunos candidatos a diputados y senadores que no se preparan o están nerviosos y no ofrecen estos insumos valiosos de información que son fundamentales para la ciudadanía. Lo mismo sucede con algunos periodistas que pareciera que no preparan las preguntas y la forma del debate e improvisan todo el tiempo, lo cual provoca nuevamente que los temas se repitan y que no se le dé información valiosa al futuro votante. La calidad del debate ha ido decayendo poco a poco. Quizás esto se deba a que hace más de trece años no existen espacios de debate plural. Desde que al Presidente se le ocurrió no debatir con nadie, la gran mayoría de los bolivianos se han relajado y han caído en la misma lógica de no exigir debates. Esto, entonces, se convierte en un círculo vicioso. Si los candidatos rehúyen al debate, la ciudadanía no tiene espacios amigables para recibir información y por lo tanto acude a las urnas a sufragar sin conocer la esencia de las propuestas. Por lo tanto corre el riesgo de votar por un candidato irresponsable, corrupto, prorroguista, etc. Es decir, la votación se convierte en una ruleta rusa en donde el ciudadano elige según su “tinkazo”.

Por el contrario, si los debates fueran una realidad en nuestro país, como en casi todos los países democráticos del mundo en donde se fomenta el debate plural, argumentado y multipartidario, los ciudadanos podrían efectuar un adecuado control ciudadano al cumplimiento de los programas de gobierno cuando el candidato ganador asuma su cargo, en una lógica de corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad. Además, el debate podría conducir a que se generen acuerdos mínimos entre distintas opciones. Es decir, si en el debate se identifican coincidencias entre candidatos, a la hora del ejercicio del poder, la ciudadanía podría exigir que esas coincidencias se plasmen en una realidad.

En fin, como podemos advertir, los debates son muy importantes para forjar una opinión ciudadana responsable, para generar participación ciudadana, para desarrollar co-responsabilidad entre el Estado y la sociedad y para educar a los ciudadanos. Sin embargo, si en nuestro país no fomentamos el debate al más alto nivel sufrimos las consecuencias negativas del caso; es decir, se reduce la posibilidad de participación, nuestro nivel de conocimiento y opinión es mínimo en cuanto a las propuestas, proyectos, programas y por lo tanto de manera casi inconsciente fomentamos el autoritarismo y la ignorancia en nuestra sociedad.

Quizás esa sea la explicación de fondo por la cual Evo Morales rehúsa hasta el día de hoy el debate, evitar que los bolivianos consigamos el paraíso del conocimiento.

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