Animal Político

La crisis ¿oportunidad, o teatro?

Bolivia carece de líderes capaces de administrar la crisis social, política, medioambiental y económica.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Heredia Vargas es socióloogo, docente de la UMSA

00:00 / 22 de enero de 2020

En octubre de 2003, con referencia a la caída de Goni, escribí: “La historia del país va cambiando, habrá otros octubres, muchos, también para quienes dirigen otras instancias o instituciones. Habrá un octubre hasta para purgar al Movimiento Al Socialismo (MAS). Esta no es una premonición, pero todo cambia, incluso el cambio. Un diminuto cambio traerá otros, y luego otros mucho más grandes. Y la sucesión de acontecimientos liberará todo el potencial oculto en nuestro interior”. (Artículo Más teatro en el poder)

La crisis vivida recientemente en nuestro país, especialmente en el último semestre, fue resultado de una expresión acumulada de multifactores en conflicto, entre los cuales tomaron protagonismo de manera preponderante los factores político, medioambiental, económico, y electoral, con la activa presencia y participación de la población boliviana.

El año pasado fuimos testigos del empoderamiento de la ciudadanía, sobre todo de los jóvenes, que de manera paulatina y poco observada empezaron a construir una identidad cívica-apartidista y de patriotismo genuino, como no se vio desde hace décadas. Fueron sin duda los jóvenes y los líderes emergentes los actores fundamentales de los resultados que se dieron en nuestro país.

La insatisfacción e inatención de ciertas demandas primordiales de la población fueron el punto de partida, sumándose sistemáticamente el creciente grado de desconfianza por parte de la ciudadanía en contra de las instituciones del Estado, producto de la mala gestión pública y la intromisión hegemónica del aparato gubernamental, que concentró peligrosamente todos los poderes.

La ciudadanía comenzó a interpelar al poder, no solo discursivamente, sino con acciones concretas en base al activismo político y la estrategia de movilizaciones pacíficas que concluyeron y optaron por ir enlazando “pititas”, mucho antes que apelar a la confrontación. Es así que decidieron mirar de frente a los ojos del sistema político, que era el mismo que administraba el sistema de gobierno, sistema de partidos y sistema electoral vigente durante los últimos años.

Diversos fueron los factores y momentos que podrían ser considerados “la gota que derramó el vaso”, con resultados por demás conocidos.

Indudablemente fue la tozudez y empecinamiento del gobierno del MAS a la hora de responder oportunamente a uno de los mayores desastres ecológicos de nuestra historia, que terminó consumiendo más de cinco millones de hectáreas de bosques amazónicos, el factor que impulsó de forma acelerada el curso de los acontecimientos.

Otro factor. Las cifras de la gestión del MAS dan cuenta que se realizó más gasto corriente que de inversión en el sector productivo, un exiguo presupuesto destinado a trabajar en innovaciones tecnológicas, que tuvo de contrapartida el gasto millonario de recursos para campañas mediáticas consignadas en las diferentes carteras gubernamentales y la desa-prensiva conducta de priorizar las políticas económicas extractivistas, que no pudieron reforzar el discurso al que nos tenían acostumbrados de respeto a la Madre Tierra. No podemos olvidar la corrupción y la ineficiencia en el uso de los recursos.

En otro momento, se identifica como factor importante el mal uso de la justicia, con fines políticos, por cierto, como antiguamente lo hacían, pero como nadie lo había hecho. “Se torció la ley para detener a ciertas personas injustamente (no solo a personajes destacados, sino a ciudadanos particulares)”.

Y como factor detonador de la crisis social y política tenemos el fraude electoral que en palabras de Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) “…el fraude electoral buscaba tener como resultado el triunfo de Morales. El objetivo era perpetuarlo en el poder, quedarse en el poder robándolo en una de las peores formas, robándoselo a ese pueblo, que no merecía ser engañado”.

Frente a los diferentes factores y momentos de crisis por los que atravesó Bolivia durante la gestión pasada, quedó evidenciado una vez más que el país carece de liderazgos capaces de constituirse en interlocutores válidos ante las demandas de los sectores organizados y del pueblo en su conjunto; líderes en quiénes se pueda depositar la confianza necesaria para la administración del Estado y, lo que es más importante, líderes que tengan la suficiente capacidad de administrar la crisis social, política, medioambiental y económica.

Estamos hablando de nuevos líderes, hombres y mujeres, sobre todo jóvenes con nuevas ideas que realmente constituyan una alternativa para la población boliviana.

En este contexto, la crisis se presenta como una oportunidad estupenda para modificar ciertos patrones de conducta que permitan a la población y sus dirigentes políticos, proponer alternativas de solución diferentes. No debemos perder de vista que la crisis tiende a mantener sus olas a lo largo de los meses y tocará hacerle frente durante este nuevo año. Escuchar, mirar y analizar las propuestas para gestionar la crisis a partir de la atención indefectible de cuatro variables: inclusión social (discriminación/racismo), distribución de la riqueza (pobreza), cambio climático (defensa del medioambiente) y nuevas inversiones (economía productiva).

Sin embargo, aún si así fuera, es bueno a los políticos advertir que no se atrevan a usar la manipulación, la fuerza y el autoritarismo como armas de convencimiento; que no utilicen las buenas causas a través de cálculos políticos mal intencionados; que no sigan utilizando a las instituciones para beneficio individual o de grupo; que no mal utilicen los mecanismos democráticos para obtener resultados que contradigan la decisión del soberano.

Nosotros, no queremos desilusiones. La lucha continúa. ¡Sigamos luchando! Contra el silencio impuesto, velado y cómodo. ¡Sigamos luchando contra el dominio a partir del miedo! Sigamos luchando contra la demagogia y el sofisma.

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