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Bajo crecimiento de EEUU

Pesimismo para 2019 y 2020: se prevé que su economía crezca en 2,3% y 1,9%, respectivamente.

La Razón (Edición Impresa) / Omar Velasco Portillo es economista

00:00 / 17 de abril de 2019

La economía mundial muestra nuevos y claros signos de desaceleración. Luego de alcanzar un crecimiento de 4% en 2017, su máximo de cuatro años, en 2018 y 2019 las cosas parecen ponerse marcha atrás. En abril de 2018, el organismo que dirige Christine Lagarde había anticipado una desaceleración del crecimiento mundial para 2018 y 2019 ante los peligros que podría causar la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

A eso hay que sumar el endurecimiento de las condiciones financieras producidas por el incremento de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED); la mayor incertidumbre sobre las políticas económicas también de Estados Unidos, la excesiva volatilidad de los mercados y la pérdida de confianza de los inversionistas, que castigaron duramente las Bolsas de Valores, fueron algunos de los rasgos característicos de 2018 y en 2019 parecen acentuarse.

En 2018, la única economía avanzada de gran tamaño que había mostrado un mejor performance en el crecimiento económico fue la de Estados Unidos. Por su parte, Europa y Japón también registraron menores crecimientos y China continuó su senda de desaceleración observada en años pasados. Pero lo que bien parecía una recuperación sostenida en el crecimiento estadounidense, con una tasa anualizada de 4,2% al segundo trimestre (el mayor incremento trimestral del PIB desde 2014), terminó decepcionando a los mercados.

Una política monetaria contractiva del tamaño de la FED derivó en un inevitable fortalecimiento del dólar, en aumentos del rendimiento de los bonos norteamericanos y salidas de capitales de países emergentes. Mientras el financiamiento en el mundo comenzaba a escasear y el débil crecimiento se hacía más notorio afectando a las economías emergentes, como fue el caso particular de Argentina y Turquía, en Estados Unidos se vivía una ola de sobre optimismo. Era el retorno del sueño americano, el cumplimiento de la promesa de campaña, el “american first”.

Pero lo que el buen vivir norteamericano no estaba considerando era que el endurecimiento de la política monetaria estadounidense y el retorno hacia el proteccionismo estaban profundizando aún más la desaceleración económica mundial, aumentando la incertidumbre en los inversionistas internacionales y exacerbando la volatilidad de los mercados financieros.

Afortunadamente para el mundo, esta burbuja se desinfló luego de conocerse los datos de crecimiento acumulado del cuarto trimestre: 2,9%.

El inusual crecimiento de Estados Unidos en los dos primeros trimestres estuvo explicado por un adelantamiento en las exportaciones de soja ante la inminente guerra comercial (con China) y la concentración del presupuesto de gasto público en Defensa. La pronta recuperación había caldeado los ánimos del mercado con subidas en los índices bursátiles y haciendo que la FED sobre reaccione (overshooting) con incrementos de tasas de política durante cuatro oportunidades en 2018 y siete en 2017. Pero la tan ansiada recuperación norteamericana no llegó a concretarse.

Es más, las perspectivas de crecimiento para 2019 y 2020 siguen una tendencia pesimista y se espera que lleguen a 2,3% y 1,9% respectivamente. La inflación terminó cediendo más rápido de lo esperado (a febrero se situaba en 1,5% interanual, muy por debajo de su meta de 2%). Este menor crecimiento estadounidense provocó un cambio de timón más conservador en la estrategia de incremento de tasas. Hacia finales del año pasado se anunció solo dos incrementos más en 2019 y recientemente la FED desestimó nuevos incrementos. A ello hay que sumar el posible acuerdo comercial con China en el mes de abril.

En el corto plazo se observa un retroceso en la orientación de la política económica norteamericana. El haber sobreestimado la recuperación de su crecimiento, la aceleración en la normalización gradual de tasas de interés por razones financieras y políticas y que no respondían a fundamentos económicos, el no considerar el efecto interdependiente de sus políticas en otros mercados vecinos o el hecho de prevalecer un dólar que privilegió las ganancias financieras en desmedro de las exportaciones privadas, pudieron ser algunos errores de política que el Gobierno actual trata de enmendar.

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