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El código de trabajo y la prensa de 1939

80 años del inmortal Código Busch. ¿Persiste el debate mediático?

La Razón (Edición Impresa) / Grecia Gonzales Oruiño es comunicadora social

00:00 / 05 de junio de 2019

El 24 de mayo de 1939 no fue un día más para los trabajadores bolivianos. En esa histórica fecha, el presidente Germán Busch promulgó el Decreto-Ley General del Trabajo, más conocido en ese entonces como Código Busch. No tuvo un “espíritu socialista”. Fue nacionalista. “Armonizó las relaciones entre el capital y el trabajo”.

Ocho décadas después, pese a que varios regímenes dictatoriales y democráticos intentaron “cambiarlo”, sigue vigente.

Luego de una centuria de avances en materia laboral, el país dio un salto con la creación del Ministerio de Trabajo (1936) y la promulgación de la Constitución Social (1938). Ambos hechos, que fueron el resultado de la lucha obrera, permitieron la dictación del longevo Código. Ese decreto, bajo la presidencia de Enrique Peñaranda, fue elevado a rango de ley, el 8 de diciembre de 1942.

Necesidad. La explosiva coyuntura de la posguerra del Chaco, la victoriosa rebelión popular de mayo de 1936 y las medidas progresistas de los regímenes nacionalistas militares (1936-1939) fueron vitales para la promulgación del Código.

Esa norma no surgió de la nada. Fue parte de una necesidad histórica, cristalizada en medidas laborales dictadas desde el siglo XIX. En 1942, Remberto Capriles y Gustavo Arduz hicieron un recuento de esas “codificaciones”: la austriaca (1859), la alemana (1869), la suiza (1877), la inglesa (1878), la de los Países Bajos (1922), la yugoslava (1922), la española (1926), la rusa (1928) y la turca (1936).

América Latina no estuvo al margen de esa realidad. Robert Alexander, en su texto El movimiento obrero en América Latina, puntualizó que México fue el primer país en aprobar su código laboral (1929). A esa tendencia se sumaron Chile (1931), Venezuela (1936), Bolivia (1939), Costa Rica (1940), Argentina (1945) y Honduras (1959).

Conquistas. Frente a las luchas obreras por mejores condiciones de vida, los gobiernos liberales aprobaron disposiciones laborales aisladas, como el “descanso dominical” (1915), la regulación de “paros y huelgas” (1920), la Ley sobre “accidentes de trabajo” (1924), la Ley de ahorro obrero (1925), la Ley de organización del departamento nacional del trabajo (1926), la creación de cuatro jefaturas laborales (1927), la Ley sobre “enfermedades profesionales” (1928).

Esas conquistas, más tarde, fueron canalizadas en el “Pacto de Partidos Coaligados” firmado por el Partido Republicano Socialista y el Partido Socialista (PS), en febrero de 1936, que en su artículo 38 planteó la “complementación” de las leyes sociales “hasta formar un Código del Trabajo”. Ese acuerdo, luego, se cristalizó en el Programa de Acción Socialista, que motorizó la rebelión de mayo del 36.

Redacción. La elaboración del Código Busch comenzó en la gestión del ministro de Trabajo, Javier Paz Campero, militante del PS.

La Primera Convención de Jefes de Trabajo se realizó entre el 15 de diciembre de 1936 y el 21 de enero de 1937. Contó con la presencia de Guillermo Peláez Delgado, de La Paz; Humberto Méndez, de Potosí; Ricardo Perales, de Oruro, y Ricardo Sejas, de Uncía, apoyados por expertos en el área,  informó La Razón el 15 de diciembre de 1936.

De acuerdo con el Boletín del Ministerio de Trabajo (1937), el análisis del mundo laboral y la legislación internacional fueron las bases del proyecto del Código Busch. Para su construcción se revisó al menos 17 proyectos, planes y leyes sobre pensiones, jubilaciones, montepíos, primas, desahucios, indemnizaciones, ahorro obligatorio, higiene y seguridad industrial, regulación de horarios, leyes a favor de las mujeres, trabajo en las minas y otros.

Reacción. El documento final de la Convención generó resistencia en los sectores liberales.

“La reacción rosquera, mediante sus órganos de prensa, ha expresado insistentemente que en las reparticiones vinculadas con la codificación del trabajo había un afán desmedido de ir hacia innovaciones de proyección extremistas, exóticas e inaplicables”, reveló La Calle el 21 de enero de 1937.

El Diario, el 16 de enero de 1939, afirmó que esa Convención no cumplió con las expectativas de todos los sectores. Por ello, las cámaras de Comercio y de Fomento Industrial presionaron para que los empresarios intervengan en la elaboración del Código.

Esos cuestionamientos postergaron la aprobación del Código por más de dos años.

Frustración. En 1939, bajo la dirección del ministro de Trabajo, Alberto Zelada, se realizó la Segunda Convención del Trabajo, del 2 al 13 de febrero. Formaron parte de las sesiones, según La Razón del 2 de febrero, el presidente, los ministros, catedráticos de derecho, periodistas, industriales mineros, miembros de la Sociedad Rural Boliviana, delegados de la Confederación Nacional de Trabajadores, representantes de las cámaras de Comercio y de Fomento Industrial y otras instituciones.

De acuerdo con la Crítica del Proyecto del Código del Trabajo, escrita por Humberto Méndez y Ricardo Sejas, cuando se debía promulgar el decreto se suscitó la muerte del ministro Zelada, “que frustró la posibilidad tan ansiada de dotar al país de un buen Código del Trabajo”.

Luego, el nuevo ministro de Trabajo, Roberto Jordán Cuéllar, delegó la redacción del Código al Oficial Mayor del Trabajo, Remberto Capriles Rico, en medio de cuestionamientos.

Victoria. Después de las dos convenciones y los virulentos debates mediáticos, el 24 de mayo de 1939, se aprobó el Decreto-Ley General del Trabajo, que hasta hoy se inmortalizó con sus 12 títulos y 122 capítulos.

El sector obrero vio ese acto como una victoria. “Los trabajadores estiman que con el nuevo Código se armoniza las relaciones del capital y el trabajo y que, por tanto, los problemas sociales tienden a una solución favorable”, informó

El Diario el 2 de junio. Ese mismo día, La Calle relató que los trabajadores respaldaron entusiastamente el Decreto-Ley.

Así, el Código Busch no fue una concesión. Fue el directo resultado de un largo periodo de lucha obrera que cerró un ciclo con el triunfo de mayo del 36.

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